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	<title>Liderazgo y Visión</title>
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	<description>ONG de formación ciudadana en Venezuela</description>
	<pubDate>Thu, 18 Feb 2010 21:03:58 +0000</pubDate>
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		<title>Libertad económica en tiempos de incertidumbre</title>
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		<pubDate>Thu, 18 Feb 2010 20:59:48 +0000</pubDate>
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		<title>La doble moral de un eslogan no creíble</title>
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		<pubDate>Thu, 04 Feb 2010 16:51:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
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Hay golpes buenos y golpes malos. Hay muertos necesarios y muertos cotidianos, la verdad es que, para la desatención rotunda que sufrimos con el tema de la violencia, todos nuestros muertos parecen ineludibles, por lo tanto debe ser que son necesarios.
Según el decreto N° 6244, Internet es un gasto suntuario, pero en el mismo hay [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="aligncenter" src="http://farm5.static.flickr.com/4072/4330605706_9c128f431d_m.jpg" alt="" width="380" height="114" /></p>
<p>Hay golpes buenos y golpes malos. <strong>Hay muertos necesarios y muertos cotidianos</strong>, la verdad es que, para la desatención rotunda que sufrimos con el tema de la violencia, todos nuestros muertos parecen ineludibles, por lo tanto debe ser que son necesarios.</p>
<p>Según el decreto <a href="http://periodistasandinos.blogspot.com/2009/04/decreto-6244-ahora-en-el-mppti.html">N° 6244</a>, Internet es un gasto suntuario, pero en el mismo hay un aparte al tema de los ramos de flores, avisos de prensa y afiches, que ha sido vulnerado muchas veces, pero hoy ¡se lucieron! Lo más curioso es que los avisos de prensa –obviamente publicados sólo en Últimas Noticias-, resaltan la cara del <em>líder</em>, solo él, <strong>vestido de militar, con su triste boina roja a un lado, puño al aire</strong>, sobre un montón de gentecitas sin rostro, mínimas frente a la clara asociación de este señor y las siglas 4F en grande.</p>
<p>Me molesta sobremanera y lo digo arrancando el programa de radio, sabía el efecto que podía causar y mi propio compañero hace el amague de fastidiarse también, pero su contrapeso reside en la liberación de García Velutini <strong><em>“porque aquí también pasan cosas buenas”</em></strong>; es cierto, respondo, pero fíjate que esta es una más en la que el gobierno nada tuvo que ver, recordando así que la única forma de que Tareck El Aissami declare es tras alguna incautación de drogas, su entrenador de vocería probablemente le enseñó la extraordinaria fórmula de ser asociado con “logros”, con cosas buenas, pero es que las que pasan, una vez más: poco o nada tienen que ver con él y ellos.<span id="more-773"></span></p>
<p><strong>Es digno que hayan muerto 39 personas hace 18 años</strong> en medio día de acción, total, ese un saldo bastante cercano a lo que “producimos” en un fin de semana cualquiera, tan sólo en Caracas. <strong>Es digno haber roto el hilo constitucional</strong> del segundo mandato de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Carlos_Andr%C3%A9s_P%C3%A9rez">Carlos Andrés Pérez</a>, aunque haya sido electo mediante votos, aunque para ese momento él también fuese la representación que el pueblo eligió. Es digna la memoria del <strong>por ahora</strong><em>, la misma frase que serviría como amenaza sustancial tras haber perdido la elección del 2007. Es digno que el sector público no trabaje hoy porque sus empleados –lo quieran o no- tienen que marchar, quizás ha sido insuficiente la pérdida de productividad por el nuevo horario laboral producto de su contribución –intelectualmente avalada- al racionamiento eléctrico que ese perverso fenómeno llamado “El Niño” nos ha legado. </em></p>
<p><em>Es merecedor el cinismo de hablar de dignidad y decencia, al mencionar el suceso que marcaría el estreno de esta combinación desordenada que ha cambiado de tendencia y nombre mientras el propio presidente, <strong>como un perfecto PopStar gobierna desde “la tele”, decide frente a una cámara, ejecuta la pausa para sus apetecidos aplausos, pues sin ellos es incapaz de seguir conferenciando</strong>. Todo con luces, con muchas cámaras, porque la acción la acometen los delincuentes, si no, preguntémosle a Lina Ron qué se siente su nuevo corte de cabello en libertad, a los milicianos tener armas para el gran día en el que tengan que defender esta causa, aunque pierda con votos, porque cualquier otra opción será indigna, o podrá sufrir el mismo efecto de aquel 4 de febrero. Los únicos con criterio para decidir lo digno, son ellos: todos los demás a obedecer. </em></p>
<p><em>Por algo aparecen repetidas en prensa esas declaraciones de que ya no quedarán traidores en la fuerza armada; no está muy claro si es una esperanza o una demanda al futuro, pero cuánta congruencia en llamar traidores a aquellos indispuestos ante la dinámica de la patria, el socialismo y la muerte, pero jamás descalificarse hace 18 años por sus propios desacuerdos. Nuestro luto activo debería ser diario. No hay dolor más importante que o</em>tro tras la perdida de un ser querido. Nadie pidió luto tras los 10 muertos de La Planta, y sin embargo, como con nosotros, el Estado debiera garantizar que ellos sobrevivan a su estancia en un centro penitenciario, que mejoren para reintegrarse, no que se perviertan en ese espacio denigrante desde toda perspectiva, si te denigran el alma qué puede inspirarte. Nuestro luto tiene niños, muchos adolescentes y jóvenes. Nuestro duelo tiene que armonizarse con la construcción personal y colectiva que hacemos de la esperanza, amén de tanto rojo impositivo y ensangrentado, porque la ilusión sí nos dignifica, nos conecta con mejores emociones, y en el mejor de los casos, con los logros que somos capaces de construir.</p>
<p>La dignidad no se impone en un eslogan, PopStar, se construye y tus capacidades son mucho mejores para expropiar, incluso el derecho a calificar tus propios errores.</p>
<p>Naibet Soto Parra</p>
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		<title>¡Liberado García Velutini!</title>
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		<pubDate>Wed, 03 Feb 2010 19:53:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Germán García Velutini fue liberado hoy, a las 2:10p.m. en Plaza Venezuela. El 25 de febrero de 2009, fue secuestrado por un grupo comando armado que le interceptó a su salida del Banco Venezolano de Crédito, mientras se dirigía a la Av. Boyacá.
García Velutini es presidente de la casa de bolsa Vencred e integrante de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="aligncenter" src="http://farm5.static.flickr.com/4054/4328658706_a7b9cf99cf_m.jpg" alt="" width="357" height="136" />Germán García Velutini fue liberado hoy, a las 2:10p.m. en Plaza Venezuela. El 25 de febrero de 2009, fue secuestrado por un grupo comando armado que le interceptó a su salida del Banco Venezolano de Crédito, mientras se dirigía a la Av. Boyacá.</p>
<p>García Velutini es presidente de la casa de bolsa Vencred e integrante de la junta directiva del Banco Venezolano de Crédito, pero también es un fervoroso colaborador de Fe y Alegría, institución de la que es pilar fundamental en la tarea educativa que lleva a cabo y un defensor de la democracia, la libertad y la defensa de la propiedad privada.</p>
<p>Su aparición, es un estímulo a los venezolanos con familiares plagiados, que soportan la incertidumbre, que desconocen el paradero de sus seres queridos y creen en la posibilidad de disfrutar su aparición, algún día. A ellos, nuestras palabras de solidaridad, a <strong>García Velutini: nuestra bienvenida a la vida.<br />
</strong></p>
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		<title>Once años, son nada</title>
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		<pubDate>Wed, 03 Feb 2010 17:11:35 +0000</pubDate>
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He dedicado un par de horas a prestar atención al discurso presidencial sobre los 11 años de la llamada revolución bolivariana. Se que duró algo más que eso, pero tengo la certeza que no perdí mayor cosa. De hecho, como aún tengo la potestad de dormitar mientras el jefe habla – supongo que eso será [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="aligncenter" src="http://farm5.static.flickr.com/4028/4328213058_8051c669fe_m.jpg" alt="" width="345" height="198" /><br />
He dedicado un par de horas a prestar atención al discurso presidencial sobre los <strong>11 años de la llamada revolución bolivariana</strong>. Se que duró algo más que eso, pero tengo la certeza que no perdí mayor cosa. De hecho, como aún tengo la potestad de dormitar mientras el jefe habla – supongo que eso será así hasta que el Directv de Carreño conjure esta válvula – cuando volvía en mí, notaba que no había perdido el hilo de su peculiar narración. Es como los culebrones de la televisión, puedes dejar de verla un par de semanas que cuando regreses la “agarras” en tan sólo diez minutos.</p>
<p>Pues bien, no escuché nada nuevo. Hace mucho tiempo que en un acto protocolar ello no sucede. En eso tiene razón el nuevo eslogan gubernamental en eso de que <strong>“lo extraordinario se hace cotidiano”</strong>. Sin embargo, no hay que ser mezquinos, entre situación y cuestión hubo al menos un par de cosas que llamaron la atención de este soñoliento observador.</p>
<p>La primera tiene que ver con las caras, y mucho más importante la “atmósfera” que embargaba la situación. No voy a decir que los rostros se veían aburridos, porque eso no era lo que trasmitían. Las caras no se veían cansadas, mas lo que parece estar cansando es esa sempiterna imagen de acto político que alberga siempre los mismos rostros. <strong>Nadie nuevo, nada nuevo</strong>. <span id="more-762"></span>El mismo discurso, los mismos culpables, la oligarquía y el imperio; nuevamente Bolívar y con él la oligarquía y el imperio; otra vez Zamora con algo de Guzmán y Falcón, y como siempre, la malvada oligarquía; Cipriano Castro, el inefable imperio; Betancourt-Petróleo-Punto Fijo, adivinen quién. ¿Saben quien parece que faltó? El niño. Si es tan importante debió haber estado presente. Quizá dormité en el momento que lo nombró, pero si fue así no insistió más. Es decir, no está en su mente o el guión, es igual.</p>
<p>Así como no había señales de aburrimiento en los asistentes, pareciera que el hastío o al menos la impaciencia comienza a tomar cuerpo del otro lado de las cámaras. Sin embargo, <strong>el estado de atención que mostraba la galería no era de quien exuda optimismo y alegría</strong>. Para lograr un flash de esto último hubo que deslizar la musicalidad de Alí Primera y alentar la “participación protagónica” de quienes siguen destinados nada más que a oír. Pero el optimismo es más complejo y no llega sólo coreando versos o consignas. El optimismo perdido que inundaba el “Teresa”, parecía una muestra de la situación actual. Reclama nuevos hechos, nuevos argumentos que cuando tropiezan con la apátrida realidad, no parecen ir más allá de ínfulas.</p>
<p>Ha cogido mucha fuerza lo del ponche, la revuelta, la agitación, la vaina mala, pues. Y esto es así, porque los hechos son tercos y tienen la mala costumbre de hablar por sí mismos. Si le hubiesen dicho “`tas ponchao” en octubre pasado, cuando arrancó el béisbol, la frase no coge calle. Más bien recordemos que por esa fecha, el trío económico (Giordani-Rodríguez-Merentes) por segunda vez en menos de un año, salía en cadena para decirnos a mandíbula batiente que los analistas económicos de oposición se habían quedado con los “crespos hechos” esperando el anuncio de unas medidas de carácter neoliberal que nunca llegarían. Ya sabemos lo que pasó con sus medidas y lo que ha pasado con las que recientemente han tomado. Allí la raíz del otrora optimismo trastocado hoy en ensordecedora cautela, el anuncio sobre <strong>la llegada del legendario Ramiro Valdés no es signo de otra cosa que angustia</strong> y necesidad de control.</p>
<p>¿Pero entonces, se preguntarán, cómo se trató el tema? He aquí la segunda cuestión de mi interés: <strong>La renovación del optimismo se intentó recobrar nada más y nada menos que con pasado</strong>. Sí señor, un repaso al listado de los “logros” de la revolución fue el sustento de lo que en teoría debería haber sido el inicio de la “década de oro” del país, según lo dicho diez años atrás por el propio presidente. Con sólo nombrarlos se piensa que ya se superaron los déficit de Barrio Adentro, la escasez de Mercal, la invisibilidad práctica del satélite Bolívar o los problemas de la nueva y endeudada PDVSA. Algo así como decir que en Venezuela está resuelto el problema de atención de los viejitos porque existe el INAGER.</p>
<p>Y pensar que las cifras de los fulanos logros que se atribuyen a los organismos internacionales son los que reporta el propio gobierno, quien a su vez <strong>mantiene como política informativa la no información </strong>sobre los detalles físicos y presupuestarios de su ejecución. En fin, palabrillas de aliento suficientes como para que la multitud se levante y aplauda antes de abordar el metro y comprobar que el umpire - pueblo elector - sigue en la misma postura que cuando ingresaron a la cápsula antigravedad en la que vive la nueva élite política: Cantando el tercero.</p>
<p>Felipe Benites Campos</p>
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		<title>Ley Hidra</title>
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		<pubDate>Tue, 02 Feb 2010 22:29:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
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1.	La Ley Orgánica de Participación y Poder Popular (LOPPP) es expresión del experimento social con el que se pretende forzar a la nación venezolana. Nada más su redacción rompe con el habla coloquial y el lenguaje técnico jurídico empleado comúnmente en nuestro país, lo cual se evidencia en el artículo 5to, donde se definen y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="aligncenter" src="http://farm3.static.flickr.com/2784/4326459868_14ee692213_m.jpg" alt="" width="330" height="212" /><br />
1.	<strong>La Ley Orgánica de Participación y Poder Popular</strong> (LOPPP) <strong>es</strong> <strong>expresión del experimento social con el que se pretende forzar a la nación venezolana</strong>. Nada más su redacción rompe con el habla coloquial y el lenguaje técnico jurídico empleado comúnmente en nuestro país, lo cual se evidencia en el artículo 5to, donde se definen y redefinen 25 términos (es, por cierto, el artículo más largo de la ley).</p>
<p>2.	En su exposición de motivos, la LOPPP introduce el término &#8220;momento constituyente&#8221;, un concepto impreciso, que sirve de patente de corso para justificar las violaciones flagrantes a la Constitución del 99. El sólo hecho de mencionarlo en la exposición de motivos es revelador, porque implica la idea de que<strong> la constitución vigente está siendo de hecho reformada</strong>.</p>
<p>3.	La LOPPP consagra un concepto restrictivo de participación, atándolo a la gestión social (excluyendo, por ejemplo, la faceta política y ciudadana), <strong>subordinándola a la construcción del socialismo</strong> (artículos 1, 4, 5, 54 y 67) y en suma desconociendo aquella que no esté en línea con el gobierno. Esto de por sí no da pie a reputarla como disrupción o insubordinación, pero sí anticipa la legalización de una perversa y clientelar estructura de incentivos. <span id="more-758"></span></p>
<p>4.	En línea con lo anterior, la LOPPP asocia la participación con la disciplina, erigiéndola como uno de sus principios rectores (artículo 2). La disciplina está asociada a la observancia de reglas por parte de los miembros de cuerpos colectivos jerárquicos (iglesias, ejércitos, partidos) y puede ser incluso una virtud personal pero está reñida con el carácter plural y libre propio de la participación. Hablar de la disciplina como valor de la participación <strong>remite a la imagen de un gran campamento militar</strong> donde los soldados (ciudadanos) obedecen al comandante (Presidente)</p>
<p>5.	El concepto de Poder Popular, en particular, es sumamente confuso: se define como &#8220;confluencia y consenso para la acción de todos los movimientos sociales y políticos&#8221;, luego como &#8220;poder del pueblo organizado, en las más diversas formas y decisiones en todos sus ámbitos (político, económico, social, ambiental, organizativo, internacional y otros) para el ejercicio pleno de su soberanía&#8221;. Más allá de las reminiscencias fascistoides, tal manera de concebir al Poder Popular es expresión de <strong>un intento por estatizar lo comunitario</strong>.</p>
<p>6.	El ámbito de aplicación de la Ley es ilimitado, con lo cual, la Ley no tiene ámbito de aplicación. Textualmente dice: &#8220;Las disposiciones de la presente ley son aplicables a todas las manifestaciones del poder popular&#8221;. Como vimos en el punto anterior, el poder popular es una especie de hidra que termina absorbiendo prácticamente cualquier ámbito de la vida humana (&#8221;político, económico, social, ambiental, organizativo, internacional y otros,&#8221; reza el artículo 5); ergo, la LOPPP abarca todos los ámbitos imaginables. No tiene ámbito o área de aplicación porque no hay nada que quede por fuera. Ésto, que podría parecer una pesadilla borgeana, puede <strong>convertirse en una pesadilla real para los venezolanos</strong>.</p>
<p>7.	La LOPPP prefigura el remplazo de la organización político territorial venezolana por otra de base presuntamente popular, participativa y protagónica. Así, las comunidades, integradas por familias y ciudadanos &#8220;que habitan en un área geográfica determinada&#8221; y &#8220;comparten una historia e intereses comunes&#8221; seríán un equivalente (más concentrado) de las parroquias; las comunas, entidades locales conformadas &#8220;por el conjunto de comunidades, que poseen un ámbito geográfico, una memoria histórica compartida, gentilicio, usos, costumbres, rasgos culturales que los identifica e intereses comunes que se reconocen en el territorio que ocupan y sobre el cual ejercen principios de soberanía y participación protagónica&#8221;, serían un equivalente del municipio; el estado comunal (conjunto de comunas que bajo su organización política y de gobierno, mediante el ejercicio directo del poder por parte del pueblo, permite la construcción de la sociedad socialista) un equivalente del estado y la unión de comunidades un equivalente de las mancomunidades. Esta duplicidad anticipa l<strong>a muerte de la descentralización y la democracia</strong>; no es una alucinación sino el resultado de un análisis prudente.</p>
<p>8.	En un ejercicio de honestidad que hemos de agradecer, la LOPPP, si bien regula la participación, instituye y define a la propiedad social como derecho del estado de conservar medios y factores de producción. Baste decir aquí que los Estados, de cara a los ciudadanos, no tienen derechos sino competencias, atribuciones o facultades; y que entendida así la propiedad social, se nos revela en su verdadero alcance, como un instrumento al servicio del Estado para <strong>limitar el derecho de propiedad</strong> constitucionalmente establecido.</p>
<p>9.	La disposición final tercera establece la derogatoria de cualquier ley que contradiga la LOPPP y no exclusivamente aquellas que por razón de la materia (la participación) puedan contradecirla: vemos aquí el extraño caso de una ley especial que deroga cualquier ley. Esto refuerza la tesis de que <strong>la LOPPP es una Ley Hidra</strong>, que todo se lo traga tras el ropaje inocente de la defensa de una aspiración legítima como lo es la participación. La derogatoria puede incluir entonces desde el Código Civil hasta la normativa de ordenación del territorio, pasando por el Código de Comercio y la normativa electoral. Cualquier ley, pues.</p>
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		<title>23 de enero de 2010: ¡&#8217;Tas ponchao!</title>
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		<pubDate>Sun, 24 Jan 2010 23:59:27 +0000</pubDate>
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El 23 de enero de 1958, marcó la historia política de Venezuela y la caída de uno de los regimenes dictatoriales más absolutistas que haya tenido el país. Fue el día en el que Marcos Pérez Jiménez, fue sacado del poder por rebelión y participación popular. Fue el responsable de numerosos  abusos y atropellos, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="aligncenter" src="http://farm5.static.flickr.com/4063/4312759542_0d9d39b05a_m.jpg" alt="" width="350" height="262" /><br />
El 23 de enero de 1958, marcó la historia política de Venezuela y la caída de uno de los regimenes dictatoriales más absolutistas que haya tenido el país. Fue el día en el que Marcos Pérez Jiménez, fue sacado del poder por rebelión y participación popular. Fue el responsable de numerosos  abusos y atropellos, contra la sociedad civil e incluso las Fuerzas Armadas, y la mañana del 23 de enero de 1958 éstas últimas, decidieron salir a las calles para acabar con la dictadura del entonces presidente de la República de Venezuela.</p>
<p><img class="aligncenter" src="http://farm5.static.flickr.com/4047/4312027317_98a5fc79d9_m.jpg" alt="" width="350" height="262" /></p>
<p>El 27 de mayo de 2007, tras 50 años de historia, a la planta televisiva Radio Caracas Televisión le es negada la renovación de su concesión para transmitir en señal abierta a todo el territorio nacional. Esta decisión de gobierno, trajo consigo importantes manifestaciones populares que signaron un marcado rechazo, y abrieron el compás para la discusión sobre la libertad de expresión en Venezuela, sus condiciones, destino y desarrollo.<span id="more-754"></span></p>
<p><img class="aligncenter" src="http://farm5.static.flickr.com/4015/4312771882_752a79a756_m.jpg" alt="" width="349" height="261" /></p>
<p>Es ahora, en enero de 2010, cuando una nueva e injusta providencia de la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel) vuelve a sacar la señal de RCTV del aire, transfiriendo la responsabilidad inmediata a las empresas operadoras de servicios de cable, artilugio que, no ha sido aceptado por la comunidad democrática venezolana. Es así que se convoca una nueva marcha, en la que se entremezclan las insatisfacciones y desmejoras en servicios básicos como la electricidad y el agua; en la que cientos de hogares resienten el avance de la violencia social, la inseguridad como norma, sumado a una inflación notoria y la devaluación de nuestra moneda.</p>
<p><img class="aligncenter" src="http://farm5.static.flickr.com/4040/4312767192_7752788489_m.jpg" alt="" width="350" height="264" /></p>
<p>Sobran pues las razones para marchar, protestar, alzar la voz y sumar esfuerzos en la demanda de cambios significativos en nuestra calidad de vida, para dejar de sobrevivir y construir un país que progrese, sólo así, podrá nuestro mandatario dejar de recibir la significativa frase de esta temporada: ¡’tas ponchao!*</p>
<address>*Frase coloquial: es el resultado de acumular tres strikes en béisbol, el máximo permitido a un bateador en turno. El que no logra atinar un solo lanzamiento del pitcher, está ponchado.</address>
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		<title>23 de enero de 1958: “El clero en la lucha”</title>
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		<pubDate>Sat, 23 Jan 2010 12:46:38 +0000</pubDate>
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Gabriel García Márquez
BOHEMIA
Marzo de 1958
El 1° de mayo del año pasado -fiesta del trabajo- los curas párrocos de Venezuela leyeron en los púlpitos una carta pastoral del arzobispo de Caracas, Monseñor Rafael Arias. En ella se analizaba la situación obrera del país, se planteaban francamente los problemas de la clase trabajadora y se evocaba en [...]]]></description>
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<strong>Gabriel García Márquez<br />
BOHEMIA<br />
Marzo de 1958</strong></p>
<p>El 1° de mayo del año pasado -fiesta del trabajo- los curas párrocos de Venezuela leyeron en los púlpitos una carta pastoral del arzobispo de Caracas, Monseñor Rafael Arias. En ella se analizaba la situación obrera del país, se planteaban francamente los problemas de la clase trabajadora y se evocaba en sus términos esenciales la doctrina social de la Iglesia. Desde Caracas hasta Puerto Páez, en el Apure; desde las solemnes naves de la catedral metropolitana hasta la destartalada iglesita de Mauroa, en el territorio federal amazónico, la voz de la Iglesia -una voz que tiene 20 siglos- sacudió la conciencia nacional y encendió la primera chispa de la subversión.</p>
<p>Monseñor Rafael Arias, un hombre macizo y apacible que habla con la misma sencillez y la misma cadencia criolla de cualquier venezolano corriente, había meditado mucho antes de escribir la primera línea de aquella pastoral. La idea nació del conocimiento general que tenía el arzobispo de la realidad del país, por apreciación directa y por las conversaciones con sus párrocos. En un estudio económico de las Naciones Unidas, que recibió por correo, se enteró de que la producción per cápita de Venezuela había subido al índice de 500 dólares, pero que esa riqueza no se distribuía de manera que llegara a todos los venezolanos. “Una inmensa masa de nuestro pueblo -observó en una de sus primeras notas- está viviendo en condiciones que no se pueden calificar de humanas”. Poco antes, el cardenal Caggiano, legado pontificio al II Congreso Eucarístico Bolivariano, había planteado ese problema en la sesión extraordinaria que celebró en su honor el Concejo del Distrito Federal. “Venezuela -dijo en esa ocasión Caggiano- tiene tanta riqueza que podría enriquecer a todos, sin que haya miseria y pobreza, porque hay dinero para que no haya miseria”.<span id="more-749"></span></p>
<p>No había una fecha prevista para la publicación de la pastoral. Monseñor Arias se había hecho el propósito de que fuera un documento breve, claro, directo e invulnerable. Al principio del año pasado ordenó a la Juventud Obrera Católica adelantar una encuesta que le permitiera formarse un juicio sereno de la realidad nacional. El sondeo duró dos meses. Con una completa documentación en el despacho, después de haber conversado no sólo con los párrocos de Caracas sino con los que vinieron expresamente de las más remotas aldeas de provincia, el arzobispo inició la redacción de sus notas, de su puño y letra. En 45 días de trabajo, de consulta con sus asesores, la primera copia definitiva -11 hojas a máquina, a doble espacio- estuvo lista en la primera semana de abril. Entonces pareció muy apropiada para su publicación la fecha del 1° de mayo, día del trabajo, fiesta del patriarca carpintero, San José.</p>
<p>Se precisó de una actividad extraordinaria para que la Pastoral estuviera en todas las parroquias de Venezuela en la fecha convenida. Fue dada, sellada y refrendada en Caracas a las 10:30 am del lunes 29 de abril. Dos días después se leyó en los púlpitos. A fines de la semana le había dado la vuelta al país y trascendido al exterior, donde se consideró como una brecha en el cinturón de acero creado por la censura de prensa. La primera edición -repartida gratuitamente por los párrocos- se agotó en ocho días. Algunos especuladores se hicieron de un considerable número de ejemplares y los vendieron a 10 bolívares.</p>
<p>Una semana antes Pérez Jiménez pronunció un discurso espectacular en el Congreso, en el cual hizo una apoteósica enumeración de la obra material adelantada por su gobierno y se refirió a los elevados salarios del obrero venezolano. Ese día la Pastoral estaba hecha. Pero el ministro del Interior, Laureano Vallenilla Lanz, no entendía esa clase de argumentos. En su opinión, la pastoral del 1° de mayo era una réplica al discurso presidencial del 24 de abril.</p>
<p>El jueves 2 de mayo, a las 11:00 am, citó a su despacho al arzobispo de Caracas, no en una nota especial, sino por teléfono. Monseñor Arias concurrió a la convocatoria esa misma tarde y tuvo que esperar en la desierta antesala del Ministerio del Interior. Vallenilla Lanz solía recordar aquella entrevista con un orgullo evidente. “Me di el gusto -decía- de hacer esperar al arzobispo durante hora y media”. En realidad, monseñor Arias -que es un hombre humilde- no esperó más de media hora. A las 3:30 pm pasó al despacho del ministro del Interior, donde se le comunicó el pensamiento oficial.</p>
<p><strong>Vallenilla no iba a misa pero conocía los sermones</strong></p>
<p>Fue una entrevista breve, en la cual Vallenilla Lanz habló casi todo el tiempo, y casi exclusivamente de la obra material del Gobierno. Cuando monseñor Arias abandonó el despacho se le había hecho saber que el Gobierno haría publicar en los periódicos una respuesta a la pastoral. Pero esa respuesta no apareció jamás. A cambio de ella, el ministro del Trabajo dirigió al arzobispo una carta privada -con fecha 10 de mayo- que era una edición corregida y aumentada del discurso de Pérez Jiménez. El argumento más poderoso contra la carta pastoral, según el ministro del Trabajo, era la construcción de la Casa Sindical y del balneario de Los Caracas. Los párrocos de Venezuela sabían desde ese momento cuál era su deber: predicar la doctrina social de la Iglesia. Cada domingo, en los púlpitos de Caracas, se pronunciaban sermones cuyo rumor inquietaba, el lunes en la mañana, el desayuno de Vallenilla Lanz.</p>
<p>Particularmente uno de los sacerdotes de Caracas -el padre Jesús Hernández Chapellín- asumió una posición combativa. Joven, de una salud a toda prueba y un notable valor personal, el padre Hernández Chapellín, director de La Religión, se sentaba todas las noches frente a su máquina de escribir a ejercer su doble ministerio de sacerdote y periodista. El 13 de agosto, Vallenilla Lanz -bajo el pseudónimo de R. H.- publicó en El Heraldo una interpretación atolondrada y arbitraria de la justicia social. Al día siguiente, el padre Hernández Chapellín publicó una réplica que no mandó a la censura porque sabía que la censura no la habría dejar pasar: “Orientaciones a R. H.”. A las 10:00 am, una llamada telefónica del Ministerio del Interior lo despertó en su residencia particular. El propio Vallenilla Lanz estaba al teléfono. “Padre -dijo el ministro, sin preámbulos- es necesario que usted modifique su actitud”. También sin preámbulos, el director de La Religión respondió: “Mis editoriales los pienso y los medito bien, luego los escribo y los lanzo y me importa poco lo que ustedes piensen de ellos”.</p>
<p>Vallenilla Lanz no respondió nada, sino que citó al padre Hernández Chapellín a su despacho, esa tarde a las 5:00 en punto. El sacerdote llegó con cinco minutos de retraso.</p>
<p><strong>En hora y media, el padre Hernández se hizo conspirador</strong></p>
<p>La entrevista duró un poco más que la de monseñor Arias y esta vez fue el sacerdote quien habló casi todo el tiempo. Vallenilla Lanz, vestido de gris y un poco pálido, no había tenido tiempo de iniciar el diálogo, cuando el director de La Religión tomó la iniciativa. “Voy a hablar -dijo- más que todo como sacerdote que sólo teme a Dios. Con el régimen que ustedes tienen en Venezuela casi todo el pueblo los odia y los detesta”.<br />
Vallenilla Lanz enrojeció:<br />
-¿Por qué?- preguntó tímidamente.<br />
-Porque ustedes tienen un régimen de pánico con la Seguridad Nacional. Es la espada de Damocles sobre la cabeza de cada venezolano. Las lágrimas y la sangre y la cantidad de muertos…<br />
-¿Cuáles muertos?- interrumpió Vallenilla Lanz, con un aire de cándida inocencia.</p>
<p>El padre Hernández Chapellín enumeró, con sus nombres propios, 10 víctimas del régimen. “Y los que no sabemos”, agregó. “¿Y los exilados políticos?”<br />
Vallenilla Lanz empezó a reaccionar.<br />
-Usted llama exilados políticos a bandidos como Rómulo Betancourt, dijo.<br />
-Betancourt y yo -replicó el padre Hernández Chapellín- estamos en trincheras opuestas, como otros muchos exilados. Pero ellos también son venezolanos y aquí deben estar para que les demos la pelea en el terreno ideológico.</p>
<p>Los dos hombres estaban solos en el despacho. El sacerdote, con ese entusiasmo un poco estudiantil con que habla con sus amigos en la redacción de su periódico, siguió enumerando las razones por las cuales el régimen de Pérez Jiménez era una maquinaria de terror. Dijo: “Si cuando el general se tomó el poder hubiera hecho elecciones libres en vez de proseguir y de trancarle la voz a la prensa, se hubiera inmortalizado. Pero la realidad es otra. Se quedó en el poder por un golpe de estado al derecho de sufragio”.</p>
<p>El padre Hernández Chapellín abandonó el despacho a las 6:30 pm, cuando ya habían salido los empleados del ministerio. Con un cinismo inconmovible, Vallenilla Lanz lo acompañó hasta la puerta, lo despidió con un abrazo y le dijo: “Las puertas de mi despacho estarán siempre abiertas para usted”. Pero el padre Hernández no volvió a franquearlas. Siguió librando la batalla desde su modesta oficina de periodista. Pocas semanas más tarde, su robusto y combativo colega, Fabricio Ojeda, se presentó en la redacción de La Religión.</p>
<p>-Padre -dijo Fabricio Ojeda- vengo a decirle una cosa como si fuera una confesión: yo soy el presidente de la Junta Patriótica.<br />
A partir de ese día, el padre Hernández Chapellín no fue solamente un sacerdote dispuesto a sacar adelante la doctrina social de la Iglesia ni solamente un periodista de la oposición. Fue también un conspirador.</p>
<p><strong>Lluvia de volantes en la Catedral</strong></p>
<p>Estrada acechaba en su plácido despacho de la catedral metropolitana, de espaldas a un estante atiborrado de libros que cubre toda una pared, el padre José Sarratud recibió el 11 de julio, a las 2:00 pm, una llamada telefónica del Ministerio de Justicia. El padre Sarratud, que es muy joven pero que parece más joven de lo que es, no tenía motivos para conocer la voz del ministro: era la primera vez que la escuchaba. En pocas palabras, el ministro le dijo: “Padre, usted está atacando al Gobierno en sus sermones”. El padre Sarratud, sin levantar la voz, sin el menor indicio de alteración, respondió: “No hago otra cosa que predicar la doctrina social de la Iglesia”.</p>
<p>Durante un mes entero, no modificó el tono de sus sermones. En septiembre volvió a llamarlo el ministro de Justicia, y el padre Sarratud volvió a responder: “Señor ministro, no hago otra cosa que predicar la doctrina social de la Iglesia”. Poco tiempo después, un incidente habría de llevar el nombre del padre José Sarratud hasta el sombrío despacho de Pedro Estrada. Ocurrió el 12 de diciembre: durante una manifestación de mujeres, a un costado de la Catedral, un hombre gritó: “Abajo Pérez Jiménez”. Tratando de alcanzarlo, un policía se abrió paso entre las mujeres y agredió a una de ellas, encinta. Seis hombres atacaron al agente. De pronto, sin que nadie hubiera sabido en qué momento, millares de volantes contra el Gobierno cayeron sobre la multitud. Habían sido lanzados desde la torre de la Catedral.</p>
<p>Pedro Estrada hizo averiguaciones y descubrió que aquellos volantes habían sido impresos en el multígrafo de la Catedral, puesto al cuidado del padre Sarratud. El director de la Seguridad Nacional esperó un momento propicio para actuar.</p>
<p>Ese momento propicio se presentó el 1° de enero, a raíz del levantamiento de Maracay. Desde cuando volaron los primeros aviones sobre Caracas, Estrada se asiló en la Embajada de Santo Domingo. Pero al día siguiente, cuando supo que el golpe había fracasado, se instaló en su despacho de la avenida México, a dirigir personalmente las represalias. El 3 de enero, el arzobispo le dijo por teléfono al padre Sarratud que Pedro Estrada lo estaba buscando desde hacía tres días. El sacerdote, que no se había escondido, se echó al bolsillo el breviario y se dirigió en automóvil a la SN. Lo recibió Miguel Sanz, quien sin formular juicio lo mandó a la celda. En el cuarto piso de la Seguridad Nacional se llevó una sorpresa: allí había, detenidos, cuatro sacerdotes más. Se les acusaba de que sus sermones eran la causa moral del levantamiento militar.</p>
<p><strong>Cinco sacerdotes presos: El Gobierno se cae a pedazos</strong></p>
<p>Al padre Alfredo Osiglia lo fueron a buscar cuatro detectives armados, en la mañana del 2 de enero, hasta la iglesia de la Candelaria, donde acababa de decir la misa. A las 3:00 pm, monseñor Delfín Moncada, después de almorzar en su casa de Los Chaguaramos, llegó en su modesto automóvil negro al despacho parroquial de Chacao, y allí lo esperaba un hombre de apariencia humilde. Era un enviado de Pedro Estrada. Monseñor Moncada se comunicó con el arzobispo por teléfono y se dirigió, solo, a la Seguridad Nacional. Lo condujeron al despacho de Sanz. Sentado en un rústico banco de madera, ese sacerdote sólido y sanguíneo, pero de edad avanzada, esperó al segundo de Pedro Estrada durante siete horas, minuto a minuto. Había ido con el propósito de dejar una constancia, pero dos guardias armados de ametralladoras le comunicaron que estaba detenido. Al atardecer, monseñor Moncada pidió permiso para ir al baño. Los guardias lo acompañaron, encañonándolo, y no le permitieron cerrar la puerta.</p>
<p>A las 11:00 pm, rodeado de sus guardaespaldas, entró Miguel Sanz. “Usted -dijo, dirigiéndose a Monseñor Moncada- encabeza la lista de cinco sacerdotes que son los autores morales del cuartelazo de Maracay”. Luego, sin solución de continuidad, agregó:<br />
-Además, usted se ha mostrado desatento con el Presidente.<br />
-En los afectos no se mete ni Dios, respondió Monseñor Moncada.<br />
-Vaya a predicar eso allá arriba, replicó el negro Sanz.</p>
<p>Allá arriba, en el cuarto piso, estaba desde el mediodía el padre Jesús Hernández Chapellín, el único de los cinco sacerdotes que fue sentenciado personalmente por Pedro Estrada. Para el director de La Religión, la Seguridad Nacional destacó ocho detectives: cuatro en su oficina y cuatro en su casa. El padre Hernández Chapellín, que no quiso presentarse a la seguridad antes de hablar con el Arzobispo, eludió los sitios habituales y almorzó en casa de unos parientes suyos, en el Cementerio. De allí se comunicó por teléfono con monseñor Arias, quien envió a un sacerdote para que lo acompañara hasta la avenida México. A las 2:00 pm, impecablemente vestido de azul claro y con corbata blanca, Pedro Estrada lo hizo pasar a su despacho:<br />
-Padre -le dijo- usted está complicado en el golpe militar de ayer. Ese es el resultado de sus editoriales que son incendiarios, revolucionarios, y que no parecen de un ministro de Dios.<br />
Pedro Estrada no levantó los ojos en ningún momento de la entrevista. Hablaba con la cabeza inclinada, eludiendo sistemáticamente la mirada segura del padre Hernández Chapellín.<br />
-No refuto lo de Maracay -respondió el director de La Religión- porque me parece infantil. En cuanto a mis editoriales, le diré que me tiene sin cuidado lo que ustedes piensen y no es mi culpa si ustedes se ven retratados en ellos.<br />
-¿Usted no está de acuerdo con el régimen?- preguntó Pedro Estrada.<br />
-No. Estoy en completo desacuerdo.</p>
<p>Estrada no se atrevió a hacerse responsable de su detención. Dijo que tenía órdenes superiores. El padre Hernández Chapellín fue conducido al pabellón destinado a los cinco sacerdotes. Sólo uno de ellos salía todas las noches a dormir a su casa, el padre Pablo Barnola, de la Universidad Católica. Querían que se asilara para que abandonara al país. Pero el padre Barnola no lo hizo. Sus compañeros de prisión le llamaban “el semi interno”. La única visita que se les permitió fue la del doctor Guillermo Altuve Carrillo, enviado personal de Pérez Jiménez, el domingo 5 de enero. Trató de convencerlos de que modificaran su actitud en relación con el Gobierno. Pero ellos se mostraron inflexibles. El doctor Altuve Carrillo, furibundo, les lanzó una amenaza:<br />
-Sepan que no tumbarán al Gobierno.</p>
<p>Aquella amenaza no duró mucho tiempo. El 13 de enero, el Gobierno empezó a caerse a pedazos. Pedro Estrada abandonó el país. El coronel Teófilo Velasco, quien lo reemplazó, puso en libertad a los cinco sacerdotes.</p>
<p><strong>El padre Álvarez, de La Pastora, un conspirador de rueda libre</strong></p>
<p>La ciudad que ellos encontraron al salir de la cárcel había sufrido una transformación sensacional. Todo el mundo, desde el industrial en su gerencia hasta el vendedor ambulante en la calle, estaba conspirando. En la humilde parroquia de La Pastora, el padre Rafael María Álvarez Flegel -156 centímetros cargados de un dinamismo incontenible- estaba comprometido hasta los huesos en la conspiración. En los primeros días de enero, un sobrino suyo, Ramón Antonio Álvarez Cabrera, estudiante del colegio Carabobo, le informó confidencialmente que estaba actuando en contacto con la Junta Patriótica. Necesitaban un multígrafo. El padre Álvarez no se conformó con compartir el secreto y prestar el multígrafo de la parroquia para reproducir los volantes clandestinos, sino que hizo las copias en su máquina y trabajó personalmente en la impresión. Usaba guantes para evitar las huellas digitales. Durante los primeros 15 días del año, sin ningún contacto directo con la Junta Patriótica, el padre Álvarez ocupó la jornada entera en su ejemplar trabajo de conspirador espontáneo. Los muchachos llevaban el papel en la mañana y volvían en la noche por las copias. En varias parroquias se adelantaba una actividad semejante. Apenas salido de la cárcel, el padre Sarratud entró en contacto con otros grupos estudiantiles que celebraban reuniones en una dependencia de la Catedral e imprimían allí volantes clandestinos.</p>
<p>A medida que se acercaba el martes 21, el padre Álvarez sentía que los días le quedaban cortos. La huelga general estaba preparada, pero el efervescente párroco de La Pastora en su solitario y escueto despacho, sin otro contacto con el gigantesco mecanismo de la conspiración que su grupo de estudiantes, sentía que algo faltaba: un ultimátum a Pérez Jiménez, con condiciones concretas. En la noche del 19 redactó él mismo, por su cuenta y riesgo, el último volante, y se tomó la libertad de firmarlo: “La Junta Patriótica”. No se conformó con imprimirlo, sino que puso al correo urbano en sobres cerrados una copia para Pérez Jiménez y cada uno de sus ministros. En su cuarto, debajo de la estrecha cama de hierro pintada de azul, quedaron 500 ejemplares que los muchachos irían a buscar esa noche. Los esperó hasta las 11:00 pm. Antes de acostarse dio orden al sacristán de no quitar las cuerdas de las campanas para que los huelguistas pudieran tocarlas al día siguiente, a las 12:00 en punto. Se durmió a la media noche después de escuchar los últimos boletines en la radio. A la 1:30 am varios golpes a la puerta lo despertaron sobresaltado. Una voz masculina gritó: “Padre, acompáñenos, para que bautice un niño que se está muriendo”. El padre Álvarez abrió la puerta y vio al resplandor de las bombillas del patio cuatro hombres oscuros, con las manos en los bolsillos. Eran agentes de la Seguridad Nacional.</p>
<p>Las campanas de la mayoría de las iglesias de Caracas anunciaron a las 12:00 el principio de la huelga general. La policía había destacado agentes para evitarlo, pero los sacristanes tenían órdenes terminantes de facilitar la entrada de los huelguistas. A monseñor Moncada lo visitó el prefecto de Chacao, a las 11:00 am, para advertirle que sería sancionado si tocaba las campanas. El sacerdote respondió que la policía no podía prohibir la costumbre secular de dar las 12 seguidas por un breve repique. Protegido por el pueblo, el sacristán repicó tres minutos por cuenta del párroco y tres minutos más por su propia cuenta.</p>
<p>En la Candelaria, la policía estuvo a punto de enloquecer con unas campanas que sonaban sin campanero. El párroco había instalado a los altoparlantes una cinta magnética, que giró -repicando- durante varias horas. El párroco contempló el espectáculo desde el abasto de enfrente, vestido de civil.</p>
<p>Al padre Alvarez le habría gustado tocar las campañas con sus propias manos. Pero a esa hora estaba detenido en el convento de los Padres Benedictinos de San José del Ávila. Los agentes de la SN habían pasado la madrugada en su dormitorio, esperando instrucciones. Uno de los estudiantes llamó por teléfono y fue un detective quien respondió: “¿A qué hora es la misa?”, preguntó el estudiante. “No hay misa”, respondió el detective, sin saber que aquello era una clave. Por esa respuesta supieron los muchachos que el padre Álvarez estaba en poder de la Seguridad Nacional. Acompañado por el arzobispo, el coronel Velasco se dirigió a La Pastora a las 6:00 am y se opuso a que el párroco fuera conducido a la seguridad. Desde su celda conventual, el padre Álvarez oyó las campanas, las cornetas y los pitos de las fábricas, y supo entonces que su labor no había sido inútil y que antes de 48 horas estaría de nuevo en su púlpito.</p>
<p><strong>En la Iglesia profanada, el párroco herido esperaba…</strong></p>
<p>El arzobispo se encontraba en una situación difícil: no podía intervenir directamente en política, pero tampoco podía -ni como miembro ilustre de la Iglesia ni como venezolano- impedir el trabajo subversivo de sus párrocos. Las relaciones entre Venezuela y el Vaticano habían llegado a un peligroso grado de tirantez. El nuncio apostólico había protegido en la Nunciatura al político Rafael Caldera y a un oficial del levantamiento de Maracay. Monseñor Jesús María Pellín -cuyo despacho es una biblioteca blindada de 14.000 volúmenes- había pronunciado un sermón sobre el prevaricato y se había visto precisado a abandonar discretamente el país. Como miembro, varias veces reelecto, del comité de Libertad de Prensa de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) había firmado una declaración en la cual se condenaba el régimen de Pérez Jiménez por haber amordazado a la prensa.</p>
<p>En todos los frentes la Iglesia participaba en la resistencia. Los colegios dirigidos por religiosos estuvieron entre los primeros que echaron sus alumnos a la calle para que manifestaran contra el régimen. El régimen lo sabía, pero ya en enero habría podido encarcelar a todos los sacerdotes de Venezuela sin ningún resultado. La fuerza democrática se había desencadenado. Monseñor Hortensio Carrillo, párroco de Santa Teresa, tenía informes de que la policía y la seguridad, a espaldas del coronel Velasco, tenía preparado un asalto a su templo. Sólo se esperaba una oportunidad.</p>
<p>Monseñor Carrillo no podía renunciar a su deber. El martes 21, un poco antes del mediodía, estaba diciendo su misa ordinaria cuando una manifestación de médicos perseguida por la policía se refugió en la iglesia. En la confusión, la misa fue interrumpida, y agentes uniformados y civiles irrumpieron en el recinto, armados de fusiles y ametralladoras. En un instante la iglesia de Santa Teresa se impregnó de gases lacrimógenos, pero los policías impidieron la salida de las 500 personas -hombres, mujeres y niños- que se asfixiaban en el interior. Una bomba estalló a pocos metros de monseñor Carrillo. Los fragmentos se le incrustaron en las piernas y el párroco, con la sotana en llamas, se arrastró hasta el altar mayor. A pesar de la confusión, un grupo de mujeres mojaron sus pañuelos en el agua bendita de la sacristía y apagaron la sotana del párroco.</p>
<p>Cuando la iglesia fue evacuada, la policía se opuso incluso a que las ambulancias se llevaran oportunamente a los heridos. El arzobispo llamó por teléfono al comandante de la policía, Nieto Bastos, cuando todavía la iglesia estaba sitiada. Nieto Bastos respondió: Son ellos quienes están acribillando a la policía.</p>
<p>Monseñor Carrillo no pudo ser conducido al hospital. Con las piernas inutilizadas por los fragmentos de la bomba fue llevado al despacho parroquial, hasta donde logró penetrar, al atardecer, un médico que le prestó los primeros auxilios. El sacerdote fue sentado en un escritorio frente a una puerta que da directamente sobre la calle. Una patrulla de policía hizo tres descargas contra la puerta: un tiro de fusil, otro de revólver y una ráfaga de ametralladora. La bala de fusil perforó la puerta, atravesó el despacho y se incrustó en la pared del fondo, a 20 centímetros sobre la cabeza de monseñor Carrillo.</p>
<p>Durante toda la noche, mientras el párroco sufría en su dormitorio del primer piso, presa de terribles dolores, la policía disparó contra la iglesia para dar la impresión de que allí había grupos atrincherados. Energúmenos, subrayaban las descargas con toda clase de expresiones obscenas. Pero monseñor Carrillo, a pesar de su estado, sabía que aquel asedio no podía durar mucho tiempo. Así fue. El heroico pueblo de Caracas, con piedras y botellas, descongestionó el sector a la mañana siguiente. Horas después, el párroco experimentó una inmensa sensación de alivio. La misma sensación de alivio que experimentó Venezuela. Era la madrugada del 23 de enero. El régimen había sido derrocado.</p>
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		<title>¿Cuándo somos propietarios?</title>
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Roberto Casanova, Director Académico de Liderazgo y Visión, desarrolla el concepto de propiedad desde las tres acciones que definen a un propietario con respecto a su activo. ¿Tenemos esa opción con la llamada propiedad social?
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<p>Roberto Casanova, Director Académico de Liderazgo y Visión, desarrolla el concepto de propiedad desde las tres acciones que definen a un propietario con respecto a su activo. ¿Tenemos esa opción con la llamada propiedad social?</p>
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		<title>Cedice siempre ha dicho la verdad</title>
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		<pubDate>Fri, 18 Dec 2009 19:24:45 +0000</pubDate>
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		<pubDate>Sat, 12 Dec 2009 18:33:52 +0000</pubDate>
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El reto de la propiedad privada frente a la propiedad social de los medios de producción: ¿quiénes son los verdaderos propietarios?, Felipe Benites, coordinador de Liderazgo y Visión, comparte sus impresiones.
He aquí el vídeo: Verdaderos propietarios
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			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="aligncenter" src="http://farm3.static.flickr.com/2461/3551864976_5d56f169a8_o.jpg" alt="" width="270" height="83" /></p>
<p>El reto de la propiedad privada frente a la propiedad social de los medios de producción: ¿quiénes son los verdaderos propietarios?, Felipe Benites, coordinador de Liderazgo y Visión, comparte sus impresiones.</p>
<p>He aquí el vídeo: <a href="http://www.youtube.com/watch?v=HPIBPJiefE0">Verdaderos propietarios</a></p>
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