Hay golpes buenos y golpes malos. Hay muertos necesarios y muertos cotidianos, la verdad es que, para la desatención rotunda que sufrimos con el tema de la violencia, todos nuestros muertos parecen ineludibles, por lo tanto debe ser que son necesarios.
Según el decreto N° 6244, Internet es un gasto suntuario, pero en el mismo hay un aparte al tema de los ramos de flores, avisos de prensa y afiches, que ha sido vulnerado muchas veces, pero hoy ¡se lucieron! Lo más curioso es que los avisos de prensa –obviamente publicados sólo en Últimas Noticias-, resaltan la cara del líder, solo él, vestido de militar, con su triste boina roja a un lado, puño al aire, sobre un montón de gentecitas sin rostro, mínimas frente a la clara asociación de este señor y las siglas 4F en grande.
Me molesta sobremanera y lo digo arrancando el programa de radio, sabía el efecto que podía causar y mi propio compañero hace el amague de fastidiarse también, pero su contrapeso reside en la liberación de García Velutini “porque aquí también pasan cosas buenas”; es cierto, respondo, pero fíjate que esta es una más en la que el gobierno nada tuvo que ver, recordando así que la única forma de que Tareck El Aissami declare es tras alguna incautación de drogas, su entrenador de vocería probablemente le enseñó la extraordinaria fórmula de ser asociado con “logros”, con cosas buenas, pero es que las que pasan, una vez más: poco o nada tienen que ver con él y ellos.

Es digno que hayan muerto 39 personas hace 18 años en medio día de acción, total, ese un saldo bastante cercano a lo que “producimos” en un fin de semana cualquiera, tan sólo en Caracas. Es digno haber roto el hilo constitucional del segundo mandato de Carlos Andrés Pérez, aunque haya sido electo mediante votos, aunque para ese momento él también fuese la representación que el pueblo eligió. Es digna la memoria del por ahora, la misma frase que serviría como amenaza sustancial tras haber perdido la elección del 2007. Es digno que el sector público no trabaje hoy porque sus empleados –lo quieran o no- tienen que marchar, quizás ha sido insuficiente la pérdida de productividad por el nuevo horario laboral producto de su contribución –intelectualmente avalada- al racionamiento eléctrico que ese perverso fenómeno llamado “El Niño” nos ha legado.
Es merecedor el cinismo de hablar de dignidad y decencia, al mencionar el suceso que marcaría el estreno de esta combinación desordenada que ha cambiado de tendencia y nombre mientras el propio presidente, como un perfecto PopStar gobierna desde “la tele”, decide frente a una cámara, ejecuta la pausa para sus apetecidos aplausos, pues sin ellos es incapaz de seguir conferenciando. Todo con luces, con muchas cámaras, porque la acción la acometen los delincuentes, si no, preguntémosle a Lina Ron qué se siente su nuevo corte de cabello en libertad, a los milicianos tener armas para el gran día en el que tengan que defender esta causa, aunque pierda con votos, porque cualquier otra opción será indigna, o podrá sufrir el mismo efecto de aquel 4 de febrero. Los únicos con criterio para decidir lo digno, son ellos: todos los demás a obedecer.
Por algo aparecen repetidas en prensa esas declaraciones de que ya no quedarán traidores en la fuerza armada; no está muy claro si es una esperanza o una demanda al futuro, pero cuánta congruencia en llamar traidores a aquellos indispuestos ante la dinámica de la patria, el socialismo y la muerte, pero jamás descalificarse hace 18 años por sus propios desacuerdos. Nuestro luto activo debería ser diario. No hay dolor más importante que otro tras la perdida de un ser querido. Nadie pidió luto tras los 10 muertos de La Planta, y sin embargo, como con nosotros, el Estado debiera garantizar que ellos sobrevivan a su estancia en un centro penitenciario, que mejoren para reintegrarse, no que se perviertan en ese espacio denigrante desde toda perspectiva, si te denigran el alma qué puede inspirarte. Nuestro luto tiene niños, muchos adolescentes y jóvenes. Nuestro duelo tiene que armonizarse con la construcción personal y colectiva que hacemos de la esperanza, amén de tanto rojo impositivo y ensangrentado, porque la ilusión sí nos dignifica, nos conecta con mejores emociones, y en el mejor de los casos, con los logros que somos capaces de construir.
La dignidad no se impone en un eslogan, PopStar, se construye y tus capacidades son mucho mejores para expropiar, incluso el derecho a calificar tus propios errores.
Naibet Soto Parra
Tags: 1992, 4 de febrero, 4F, Eslogan, Golpe de Estado, Muerte, Muertos, Venezuela
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el Jueves, Febrero 4th, 2010 a las 12:21 y esta archivada en la categoría Opinión, Venezuela.
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Febrero 17th, 2010 at 7:57
Uy, respeto tu opinión pero no la comparto. Relacionas cosas incompatibles por ignorancia. Saludos.