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De cómo una revolución se gana su nombre

Por Laura Vidal

En las sesiones de trabajo y de diálogo colectiva que hemos presenciado durante CIVICUS, discutir los movimientos que han tenido lugar en los países árabes ha sido un punto necesario. Es evidente que los procesos que saltamos a llamar revolucionarios llevan consigo une euforia que hace difícil en ocasiones ver una imagen real de lo que ha sido y lo que será. Mozn Hassan lo dejó claro cuando compartió su visión sobre la que llamamos Primavera Árabe. Una cosa es la emoción de las posibilidades y otra la realidad. Según Hassan, las revueltas tienen su punto de partida en la explosión de los abusos del sistema capitalista sobre la gente con menos oportunidades, y en los resultados de conflictos no resueltos que se expanden en la región.

También se trata de ver los movimientos ciudadanos como el resultado de un proceso largo cuyos orígenes van mucho más allá de las imágenes que nos han conmovido durante las revueltas en Túnez, Egipto, Libia, Bahréin y Yemen. La historia en la que la dignidad individual de las gentes ha sido maltratada tiene una historia muy larga, y que está, además, lejos de terminar. Nabeel Rajab ha dicho que es importante darse cuenta de que los objetivos de estos movimientos son, por encima de todo, sociales.  Son movimientos ciudadanos por el acceso a la educación, a la salud asistida, a la dignidad y a la justicia social. También se ha discutido en la sesión, la necesidad de ver la lucha de cada país por separado. Los puntos en común están claros, pero un modo reduccionista de comprender lo que ha pasado, y lo que seguirá pasando nos mantendrá fuera de la realidad. Las revoluciones son procesos de gran lentitud, y en el caso de las revueltas protagonizadas por los árabes, queda un largo camino que recorrer.

Las victorias que sí se pueden cantar, sin embargo, son valiosas. Mozn Hassan destacó que una de ellas es el espacio que los activistas por los Derechos Humanos han ganado entre la gente. Ya estas metas no se describen con palabras que foráneas, se han vuelto objetivos necesarios. La primera fuerza será la juventud que aspira a un cambio profundo en la mentalidad de su gente. A diez años de los ataques del 11 de septiembre, una década en la que todos los recursos se consagraron a continuar una guerra muy difícil de entender, la estrategia que va de la mano con los ideales civiles es y debe ser pacífica. La verdadera revolución vendrá cuando cambien las mentalidades, cuando terminen las rivalidades empujadas por intereses individualistas. Las ramificaciones de este conflicto son sumamente largas y el punto de partida se ve brumoso. Sin embargo, en este Choque de Civilizaciones que se empeña en separar a Oriente de Occidente y de hacer del Otro una criatura incomprensible; el sufrimiento, el miedo, la muerte de los seres queridos, así como la esperanza, la toma de conciencia y la voluntad de cambio son y serán, al final, los puntos en común que harán imposible una ruptura definitiva entre las naciones.

Una entrevista a Nabeel Rajab hecha por el equipo de CIVICUS acerca de los movimientos en Bahréin puede verse aquí

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