Las ojeras del diálogo

Ojeras del dialogo
La escasez de azúcar, leche y café ha afectado el único cafetín del centro comercial donde trabajo. Un espacio que se sostiene a pesar de la combinación que establecen la sordera del señor José y la lentitud de la cajera de turno, gracias a Henry, el incansable y diligente hombre que cuela café, bate jugos y monta sanduches respetando el orden de llegada, birlando siempre a los coleados. Henry llama a las mujeres María y a los hombres José.

Cinco trabajadores del Seniat esperaban sus cafés y al recibirlos en la escala de con leche a cerrero, se separaron en dos grupos, abriendo el paso a los nuevos solicitantes. Una dupla tomó la papelera a mi espalda. Abrieron unos twinkies para hundirlos en sus vasitos. Yo esperaba que montara mi jugo de lechosa con naranja tras unos sanduches de jamón y queso.

El más alto de los seniateros, habiendo devorado sus ponquecitos, increpó a su compañero sobre la mesa de diálogo de anoche, cuánto había visto, si la vio completa, qué le había parecido la vaina. El señor respondió con franqueza que estaba muy cansado y la introducción de Nicolás lo durmió, para despertarse esta mañana con tanto retraso que salió sin bañarse. El tono del amigo cambió con severidad. Hizo un resumen bastante tosco de las palabras de Nicolás y la carta que leyó el “Anuncio” del Papa, asegurando que la iglesia siempre jode las cosas, y lo inexplicable de su presencia para un socialista verdadero.

Henry montó mi jugo y volvió a la máquina de café. Con el ruido de la licuadora de fondo comenzó el ejercicio de crítica del seniatero alto:
- La superioridad de palabra de los MUDos no me dejó dormir. Quedamos como unos gafos.

El amigo le rebate la sentencia argumentando que seguro los dejaron hablar más porque hacía demasiado tiempo que no los dejaban hablar en televisión. Más vale que no.

- No entendiste. Lo que te estoy diciendo es que los tipos dijeron de todo: los errores, los problemas, dieron cifras, ejemplos, los carajearon, se burlaron, fue un desastre, y los nuestros solo repitieron las mismas vainas: el golpe, el incendio del preescolar, que se quejaran de la violencia y ya, más nada.
- Pero eso tenían que decirlo, ¿no?
- Eso llevan diciéndolo todos los días, nada nuevo, y si lo decía uno, no lo podía decir el otro. Tenían que dejarlos mal parados, decirles asesinos en sus caras, llevárselos presos, demostrarles quién tiene el poder en este país. Uno diciendo todo el tiempo “No volverán” y viene Ramos Allup, que habló como media hora, y los manda a callar a todos, y se dejaron, ¡hasta Diosdado se dejó!
- Pero es que estaban en cadena, tenían que portarse distinto, si no se metían en un lío, tú lo que estás es loco.
- Loco pero no soy idiota, es que hasta el de Copei habló bien, le dio tiempo hasta de rezar, ¿tú puedes creer eso?
El amigo sonríe. El alto se calienta más que el café.

- Te voy a decir una cosa: ayer más de uno dejó de odiar a esos tipos, ¿oíste? Eso jamás lo hubiese permitido el Cdte. Eterno, ¿meter a esos tipos en Miraflores, dejarlos hablar y pasarlos en cadena?
- Era muy tarde, eso no lo vio nadie, quédate quieto.
- Pero si el propio Maduro pidió que se repitiera hoy para que lo viera más gente, como si fuera una película. Óyeme esto: anoche perdimos tronco de elección, sin CNE pero con testigos por todo el país, mira a la gente, ¡tienen ojeras! Eso lo vio hasta mi mamá, que simpáticamente me dijo esta mañana que había que reconocerle al “Flaco” que le dijo sus verdades a todos y que la Blanca parecía una histérica. Y se lo dimos gratis: gra-tis.
- Pero igual no van a volver, Capriles no va a ser candidato más nunca y todos los demás están muy viejos.
- Más viejo estoy yo que Henri Falcón. Ese tipo viene de aquí.

Henry -el del cafetín- no había seguido la conversación, pero la última frase le llamó la atención. Entendiendo que hablaban de un tocayo y no de él, pasó el trapito de limpieza por la superficie del mostrador, sonriendo.

Naibet Soto Parra
@Naky

Categoría: Opinión

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