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Monitor Legislativo condena la violencia en la Asamblea Nacional

William Dávila agresiónLas organizaciones que forman parte de Monitor Legislativo quieren expresar su más enérgica condena a dos hechos ocurridos, este martes 16 de abril de 2013, en la sesión de la Asamblea Nacional de la República Bolivariana de Venezuela (AN).

En primer lugar, exigimos se investigue y se establezcan responsabilidades en el hecho de violencia física en el cual resultó herido el diputado por el estado Mérida, William Dávila. Este legislador recibió el impacto de un micrófono inalámbrico lanzado desde el propio hemiciclo de sesiones. Atendido en un centro de salud de Caracas recibió 14 puntos de sutura. El Parlamento es el espacio para el diálogo plural de los representantes de la voluntad popular, tal como lo establece la Constitución Nacional. Las agresiones físicas o verbales no tienen cabida en la institución parlamentaria, y la presidencia de la AN está en la obligación de garantizar el libre desempeño de todos los parlamentarios sin ningún tipo de condicionamiento, censura o amenazas a su integridad física.

Exhortamos a la directiva de la Asamblea Nacional a que en primer lugar condene categóricamente este hecho de violencia, en segundo término a que lleve adelante una investigación para establecer responsabilidades, y finalmente a que tome las previsiones necesarias para que una situación como ésta no vuelva a repetirse, en las instalaciones de nuestro parlamento nacional. Cabe destacar que hay antecedentes de situaciones similares ocurridas bajo la presidencia del diputado Diosdado Cabelllo.

Del mismo modo, las organizaciones que formamos parte de Monitor Legislativo observamos con suma preocupación la actitud asumida por el presidente de la Asamblea Nacional, diputado Diosdado Cabello, quien estableció un mecanismo violatorio de la libertad de expresión de las diputadas y los diputados del parlamento venezolano al sostener que mientras él esté al frente de la Asamblea Nacional va a impedir a los diputados opositores hacer uso de su derecho de palabra, a menos de que estos públicamente manifiesten su reconocimiento hacia Nicolás Maduro como jefe de Estado. Esta pretensión de censura es claramente violatoria de los derechos constitucionales de los parlamentarios de acuerdo a lo establecido en la Constitución y el Reglamento Interior y de Debates (Reglamento) y sienta un grave precedente para el ejercicio libre de la función parlamentaria. Las diputados y los diputados, cualquiera sea su posición política, han sido electos por el voto popular, sin cuestionamiento electoral o judicial alguno, y constituye abuso de poder el que otro legislador pretenda establecer condiciones que menoscaben sus derechos constitucionales y legales para cumplir a cabalidad con las tareas que le confió la ciudadanía.

Concretamente, tal proceder es contrario al derecho de palabra que reconoce el Reglamento respectivo (numeral 2, artículo 17). Asimismo, conforme a los artículos 70 y 71 del Reglamento, solo es posible perder el derecho de palabra en dos oportunidades: (i) se perderá cuando el diputado o diputada estuviese ausente de la sesión al ser llamado a usarlo y, (ii) cuando el diputado de manera ostensible y reiterada se salga del tema o materia de discusión. Ninguno de esos dos supuestos de hecho se verificó el día de ayer. Por tanto, la decisión adoptada es contraria al Reglamento Interior, más aún si se recuerda que su artículo 74 establece que la Presidencia tiene la obligación de garantizar el ejercicio del derecho de palabra de los diputados y diputadas.

Los dos hechos ocurridos en la sesión de este 16 de abril de 2013, reflejan ante los ojos de Venezuela y el mundo el deterioro del clima democrático, una de cuyas señales es la existencia de un debate parlamentario inequívocamente libre y plural. Por ello, exigimos el inmediato cese de este mecanismo discriminatorio e inconstitucional.

De igual manera, manifestamos nuestro rechazo a la medida de remoción de todos los parlamentarios opositores de las presidencias de comisiones en la AN. Este hecho reviste una clara retaliación política intolerable en una institución democrática, por lo que debilita aún más la ya frágil institucionalidad de Venezuela.

Por todo lo anterior, reiteramos nuestras solicitudes en los siguientes términos:

• Con relación a la agresión física sufrida por el dip. William Dávila, exigimos el inmediato establecimiento de responsabilidades y las correspondientes sanciones a los culpables, incluyendo a las autoridades y funcionarios que tienen el deber de velar por la seguridad e integridad física de los miembros de la AN

• Con relación al impedimento de ejercer sus funciones parlamentarias y de intervenir en el plenario de la AN a los diputados opositores, exigimos el inmediato cese a tal hostigamiento, así como de la exigencia de que condicionen su ejercicio parlamentario a la aceptación de las posturas políticas del presidente de la AN. Esto constituye un apartheid politico inadmisible

• Con relación a la medida de retaliación vía remoción de los parlamentarios opositores de las presidencias de comisión que ejercen en la AN, exigimos su inmediata reincorporación a las mismas.

Ello así, porque el motivo que llevó al Presidente de la Asamblea Nacional, según su propio decir, a ejercer la competencia que le atribuye el numeral 11, del artículo 27, del Reglamento Interior y de Debates, y “destituir” a algunos Presidentes de Comisiones Permanentes de la Asamblea (en realidad, sólo los puede sustituir por acto motivado), que son diputados de partidos de oposición al Gobierno, y que apoyan el reclamo de revisión de los resultados de la elección del 14 de abril de 2103 (castigar el apoyo a ese reclamo y por no reconocer de inmediato al candidato proclamado ganador como Presidente de la República), evidencia un supuesto de desviación de poder (uso de la competencia con un fin distinto para el cual ella se atribuyó) que es contrario a la Constitución, al Reglamento y al pluralismo político que debe garantizarse en un Parlamento democrático.

Monitor Legislativo es un grupo de organizaciones de la sociedad civil, profesores universitarios y comunicadores sociales que en reconocimiento de la importancia del Poder Legislativo, nos hemos dado a la tarea de organizarnos en miras a dar seguimiento a la actividad y funcionamiento de la Asamblea Nacional. Nuestra misión es monitorear e informar a los ciudadanos el desempeño de los representantes electos a la Asamblea Nacional, en el marco de la participación ciudadana y la transparencia, con apego al texto constitucional.

El socialismo del siglo XXI nunca tuvo teoría y ahora se quedó sin líder

gerver-torresHugo Chavez murió sin llegar a ver nunca los planos de lo que supuestamente estaba construyendo. Los arquitectos del Socialismo del Siglo XXI, los teóricos de la revolución bolivariana, no hicieron nunca su tarea. Nunca presentaron ni siquiera unos bocetos de la sociedad y de la economía a la cual nos quería llevar el comandante. Interminables preguntas y dilemas quedaron y siguen sin respuesta.  ¿Cómo es que se construye el socialismo en una economía petrolera? ¿Cómo es que estamos construyendo una economía socialista si nos estamos haciendo cada vez más dependiente del petróleo? ¿Cuáles son finalmente las nuevas formas de organizar la producción? ¿Dónde están las empresas de producción social? ¿Cuál es el papel del sector privado en la economía? ¿Cómo es que una economía crecientemente socialista se integra a zonas de libre comercio capitalista como Mercosur? ¿Qué papel se le permite jugar a la oposición política en un régimen socialista? Para ser justos, si hubieran intentado darle respuesta a esas preguntas tampoco lo hubiesen logrado.  El socialismo es un modelo inviable de sociedad si se pretende que la gente tenga bienestar y libertad. Desde los tiempos de Carlos Marx, ni siquiera en el papel se pudieron resolver las enormes contradicciones del modelo.

Claro está que muy probablemente la razón fundamental por la que Chavez abrazó la causa del socialismo en medio de su periplo por el gobierno fue porque esa causa le era perfectamente funcional a su deseo de mantenerse indefinidamente en el poder. Dado que construir el socialismo es una tarea de décadas, entonces, a quien emprenda esa tarea se le debe permitir mantenerse en el poder para siempre. Sin embargo, a partir de un momento la realidad comienza a pasar facturas y el líder entonces espera que el modelo de alguna manera funcione. El ingeniero audaz e impaciente arranca la construcción si los arquitectos no se presentan nunca con los planos; pero llega un momento de la ejecución de la obra en la que ésta se paraliza o colapsa en virtud de su insostenibilidad.

Hugo Chavez se las ingenió para funcionar gracias a su extraordinario carisma y a los enormes recursos con los cuales contó y a los colchones que tenía la economía  venezolana y que se fue progresivamente comiendo. Construyó un costosísimo adefesio, inviable e inservible. Se fue justo cuando todo aquello comenzaba a colapsar. Cualquiera pudiera decir que tuvo muchísima suerte con el momento en que le correspondió morir. Casi que justo a tiempo.

Ahora, no solo no hay teoría. Tampoco hay líder. No están los arquitectos. Tampoco el ingeniero. Además, desapareció la abundancia de recursos que hubo en los comienzos de esta aventura. Allí queda Nicolás Maduro, quien como él mismo lo ha dicho, no estaba preparado ni deseando lo que venía. Allí está, solo, al frente de la gran estafa, sin la magia ni los recursos que tenía su antiguo jefe y sin ninguna teoría que lo oriente.

gerver@liderazgoyvision.org

Twitter@gervertorres

Las tesis de abril y más allá

Roberto Casanova 1Los dos posibles resultados de las próximas elecciones nos conducen hacia dos futuros muy distintos entre sí. Continuamos pues en un punto de bifurcación. En tal circunstancia debemos evitar que el agudo stress al que estamos sometidos determine nuestras acciones. Las siguientes líneas sólo pretenden ser una contribución a la necesaria reflexión. Se organizan alrededor de seis ideas. Las tres primeras se refieren, fundamentalmente, a la presente coyuntura electoral: 1) Chávez falleció y Maduro no es Chávez; 2) Participar no implica legitimar; 3) El cáncer no se inocula ni contagia pero el pesimismo sí. Las tres siguientes intentan elevar la mirada hacia el mediano plazo: 4) Aunque el chavismo resultase victorioso, el modelo socialista podría haber entrado ya en su fase de decadencia; 5) Una estrategia de desarrollo basada en el emprendimiento y la inclusión social podría generar un “milagro” venezolano; 6) La gobernabilidad en nuestro país sólo es posible si reconstruimos nuestra comunidad política.

1. Chávez falleció y Maduro no es Chávez.

En medio del espectáculo mortuorio de los últimos días pareciera olvidarse lo obvio: Chávez se fue. Y aunque su imagen, su voz, su nombre, serán políticamente instrumentalizados hasta la saciedad y se intentará crear una suerte de religión chavista, lo único cierto es que Chávez ya no está. Su carisma indudable, su estilo zamarro, su capacidad de narrador y cuenta cuentos, su energía y convicción, entre otros atributos, no son transferibles. Tampoco lo es, por tanto, su indiscutible liderazgo. Maduro es una pobre versión del líder revolucionario. No sólo carece de aquellas cualidades sino que se caracteriza por un pensamiento que oscila entre manual marxista y frases de Sai Baba, por un estilo entre aburrido y grosero, por no poseer una épica personal. Su mal desempeño en las semanas recientes, salpicado de graves mentiras, ha erosionado además su credibilidad. Le falta pues lo necesario y le sobra lo inconveniente. Por eso su situación es difícil y su liderazgo, precario. Él lo sabe y el temor que le embarga se exterioriza en ciertos gestos y actitudes.

De nada le servirá la creación de una supuesta dirección colectiva ya que es inherente a los procesos revolucionarios la existencia de un liderazgo personal e incuestionable. Dentro del chavismo existen líneas de fractura que únicamente Chávez, con esfuerzo, supo mantener controladas.

Todo ello no significa, por cierto, que Maduro no pueda ganar las próximas elecciones. Lo que implica, fundamentalmente, es que si resulta triunfador no será por sus condiciones personales sino por el efecto funerario que se hallaría aún en su apogeo. Y eso no es poca cosa.

2. Participar no implica legitimar.

Una de las creencias que aún subsiste en la mente de unos cuantos opositores es que participar en las elecciones, en la manera tan desfavorable e injusta como lo hemos hecho y como lo tendríamos que hacer de nuevo, le otorga necesariamente legitimidad al régimen. Esto es discutible, al menos por dos razones.

La primera razón es que una campaña presidencial es una ventana desde la cual el mundo se asoma a nuestra realidad. En ese sentido, participar en esa contienda política puede ser la mejor y tal vez única oportunidad para denunciar eficazmente, nacional e internacionalmente, lo que aquí sucede. Quizás ello no conduzca al triunfo pero puede dejar, definitivamente, una mancha persistente de dudas sobre el nuevo gobierno y generar dinámicas en este momento impredecibles. Esto, de hecho, es lo que la historia sugiere. Muchas coyunturas electorales marcadas por el abuso de poder, en otras sociedades y en la nuestra, han desencadenado crisis políticas que han conducido a desenlaces inesperados.

La segunda razón que cuestiona la idea de la no participación es que ésta se convierte en un gesto vano si no forma parte de una auténtica estrategia de rebeldía democrática. Si no se participa porque el proceso no es legítimo, el Presidente electo tampoco será legítimo y, por tanto, no deberá ser reconocido. ¿Qué se deriva de tales definiciones políticas? Pues, dicho en breve, que la oposición deberá asumir, de manera sostenida, gestos significativos de desafío ante el poder. ¿Es realista una estrategia así? Honestamente, no lo creo. Y aunque lo fuese durante algún tiempo, ¿cuándo cesaría? ¿Cuando el gobierno cayese? La verdad es que éste pareciera ser un camino sin un destino claro.

Así pues, luce mucho más eficaz, a los efectos de lograr mostrar la ilegitimidad del régimen, participar en las elecciones, desarrollando una inteligente estrategia político– comunicacional para denunciar ante el mundo la violación de nuestros derechos políticos.

3. El cáncer no se inocula ni contagia pero el pesimismo sí.

Uno de los procesos sociales más paradójicos es el que algunos autores han llamado “profecías autocumplidas”. Su lógica es sencilla y hasta obvia, una vez que se piensa en ella. Aún así sus efectos pueden ser muy importantes. Si un grupo de personas se convence a sí misma de que cierto evento ocurrirá, es posible que se conduzca de tal forma que, sin proponérselo, contribuya a que ese evento efectivamente suceda. Cuando eso acontezca, el grupo verá reafirmada su expectativa inicial, sin percatarse de que fue él quien, con su comportamiento, hizo que el futuro esperado se hiciese realidad.

Si unos cuantos opositores, debido a la apabullante estrategia mediática del régimen, a la historia de derrotas recientes, a las condiciones desfavorables o a la razón que sea, nos convencemos de la inutilidad de participar en las próximas elecciones, seguramente no nos movilizaremos. El asunto es que, además, iremos contagiando nuestro pesimismo a otros, como agentes transmisores de la desmovilización. Si ese es el caso, ocurrirá que efectivamente la oposición sufrirá una nueva y significativa derrota. Ante esa eventualidad, muchos dirán que eso era predecible y que, efectivamente, no había nada que hacer. Estaríamos así ante un clásico ejemplo de la profecía autocumplida a la que nos referimos.

La verdad es, sin embargo, que hay razones para pensar que una victoria opositora es posible en las próximas elecciones del 14 de abril. No debemos olvidar que en las elecciones del 7 de octubre pasado los opositores sumamos más de 6 millones y medio de personas y que a pesar del enorme y grotesco abuso de poder, Chávez pudo superar a Capriles en sólo unos 10 puntos porcentuales. ¿Por qué es impensable que los opositores logremos nuevamente aquella cifra? ¿Por qué no tomarla como nuestro “piso” en cuanto a caudal electoral? ¿No podría ocurrir, por otra parte, que un porcentaje de los chavistas no radicales se desmovilice? Maduro no es Chávez, insistimos.

Se trata, por supuesto, de suposiciones. Pero de suposiciones razonables. Y aunque no podamos sustentarlas en datos cuantitativos sí podemos asegurar que un shock de optimismo opositor es factible. El sombrío panorama que algunos perciben hoy podría mejorar radicalmente. Al fin y al cabo una profecía autocumplida también puede hacer realidad futuros deseables.

4. Aunque el chavismo resultase victorioso, el modelo socialista podría haber entrado ya a su fase de decadencia.

El socialismo chavista se encuentra en un momento muy difícil. Puede hallarse, de hecho, al comienzo de su declive. Han coincidido la desaparición de su líder fundamental y la aparición de algunos de sus límites.

Durante varios años el régimen ha intentado dar forma a una sociedad socialista mediante la promoción del conflicto clasista, la creación progresiva de un Estado comunal, la unificación de poderes y su centralización, el control económico y las expropiaciones, la hegemonía comunicacional, la persecución política, la militarización del Estado y la sociedad, la manipulación de la memoria histórica, el culto a la personalidad. Ello ha hecho del modelo chavista algo muy similar a las experiencias comunistas del siglo XX, algunas de las cuales aún persisten.

Por otra parte, sin embargo, una abundante renta petrolera y el uso irrestricto de la deuda pública, le han permitido al régimen sostener un enorme gasto público y un inmenso volumen de importaciones. Lo que se ha creado ha sido entonces una extraña mezcla de comunismo y clientelismo, un modelo con dos caras que confunde a quienes intentan comprenderlo. Si a tal caracterización se le agrega el surgimiento de auténticas mafias, civiles y militares, dentro y alrededor del Estado, el asunto resulta más complejo aún.

Pero todo tiene límites. Ya los ingresos fiscales son insuficientes para seguir financiando el desatinado experimento. Escasez, inflación, desempleo, inseguridad, entre otros graves problemas, aparecen ya como rasgos inseparables del socialismo del siglo XXI. La reciente devaluación es apenas, desgraciadamente, el primer aldabonazo de lo que podría venir. El futuro alcanzó pues al modelo chavista.

De ganar en las próximas elecciones presidenciales, es muy probable que la manera en que el régimen pueda, durante algún tiempo, continuar tercamente imponiendo ese modelo sea mediante dosis crecientes de conflicto clasista, represión política, control económico. Eso, lejos de solucionar los problemas, los agravaría. No es descartable, desde luego, que ante tales tendencias el régimen intente, como lo ha hecho siempre, responsabilizar a otros de las dificultades. Pero la realidad sería finalmente inocultable y sólo un sector fanatizado podría creer indefinidamente en la verdad oficial.

El régimen se halla, en síntesis, en una situación trágica. Si desistiese en la implantación de su modelo, perdería aliados radicales que le resultan imprescindibles. Si persistiese en impulsarlo, se haría crecientemente ilegítimo nacional e internacionalmente. Es difícil imaginar a Maduro al frente de un proceso tan complejo, proceso que el propio Chávez no debió enfrentar.

No es exagerado afirmar que Maduro no sólo ha sido el enterrador de Chávez. De ganar las elecciones, sería también el enterrador de su modelo. La culpa no habrá sido suya, sin embargo, sino de un modelo que, simplemente, no era viable y que, tarde o temprano, habría de frustrar al pueblo. Algo que quizás Chávez íntimamente comprendió.

5. Una estrategia de desarrollo basada en el emprendimiento y la inclusión social podría generar un “milagro” venezolano.

En el escenario de una victoria de los sectores democráticos, Venezuela podría vivir, durante los próximos años, un “milagro” económico y social. No es una exageración. Tampoco es una predicción. Se trata tan sólo de una posibilidad basada en ciertas oportunidades cuyo inteligente aprovechamiento depende únicamente de nosotros.

De actuar con el tino necesario, nuestro país podría enrumbarse hacia un destino de prosperidad y justicia. Nada de lo que hemos vivido hasta el presente tendría comparación con lo que podríamos lograr, un verdadero salto cualitativo y cuantitativo en nuestro desarrollo. En cierta forma, los venezolanos podríamos darnos una segunda oportunidad y, esta vez sí, hacer bien las cosas.

Podríamos desatar potenciales creativos, hoy inhibidos y reprimidos, mediante una estrategia de desarrollo que asuma el emprendimiento como la fuente de la riqueza. Entendiendo que el emprendimiento sólo puede florecer en una economía libre y competitiva, con un Estado centrado en la garantía de los derechos ciudadanos y en la provisión de bienes públicos. En dicha estrategia jugaría un papel esencial, desde luego, la expansión acelerada de nuestra producción energética. Pero en un contexto de estabilidad y orden, muchas otras áreas de nuestra economía podrían recibir también importantes inversiones con su consecuente creación de empleos productivos y bien remunerados. En ese proceso participarían, sin duda, muchos naciones “amigas” del actual régimen.

Si ello se articula con una eficaz estrategia de inclusión social, lograríamos que el mayor crecimiento económico se tradujese en mayor bienestar para la mayoría. Al respecto, los años de revolución bolivariana nos dejan dos lecciones. La primera es el grave error moral y práctico que significó, para la democracia tradicional, no ocuparse de manera efectiva del problema de la pobreza. La segunda es el riesgo de que el apoyo a los sectores pobres conduzca a prácticas clientelares que subordinen a muchos de ellos, como nuevos súbditos, a la élite que ejerza el poder del Estado.

La superación de la pobreza pasa, en realidad, por promover el desarrollo de capacidades de las personas y la creación de oportunidades para que las ejerciten libremente. Los pobres no son pobres porque estén explotados sino porque están excluidos. Así pues, emprendimiento e inclusión sería la clave para avanzar hacia la prosperidad y la justicia. Todo ello dependería, sin embargo, de forma crítica, de la estabilidad política que lográsemos alcanzar.

6. La gobernabilidad en nuestro país sólo es posible si se reconstruimos nuestra comunidad política.

Cuando Bolívar, al final de sus días, pedía la unidad no se refería a la unidad de unos venezolanos para enfrentar a otros venezolanos. Aludía, por el contrario, al cese del espíritu partidista. Cosa que para una época en la cual no existían las organizaciones partidistas, significaba espíritu de facción. Es sorprendente entonces que el régimen chavista haya podido apropiarse discursivamente de esa consigna bolivariana cuando él representa exactamente lo opuesto a lo que el Libertador solicitaba a sus compatriotas.

De cualquier modo, un reto fundamental que los venezolanos tenemos por delante es la reconstrucción de nuestra comunidad política. No es posible que una sociedad prospere, en paz y con justicia, si no existe esa comunidad entre connacionales. Ella es incompatible con el radicalismo de cualquier signo. Y también con el militarismo, desde luego. Por ello, el modelo chavista, en la medida en que, hasta ahora, ha descalificado a sus adversarios, concibiéndolos como enemigos de clase y apátridas que deben ser derrotados y echados para siempre del poder, es incompatible con una democracia genuina.

¿Hasta qué punto ese discurso disolvente de la convivencia ha penetrado el imaginario social? Es difícil saberlo. Pero, ciertamente, la identidad colectiva que el régimen chavista ha promovido entre una parte de los sectores populares es hoy una realidad y podría constituirse, de no ser debidamente considerada en el proceso político, en una amenaza a la integración social.

¿Qué plantea todo esto para nuestra sociedad? Al menos, dos cosas. Primero, que la tensión entre sectores sociales debe ser procesada, si se quiere evitar una indeseable escalada de violencia, por todos quienes ejerzan funciones de liderazgo político, social y económico. Segundo, que la reconstrucción de la comunidad política, independientemente de quién resulte próximamente electo, pasa por el surgimiento de una corriente moderada dentro del chavismo; una corriente que, manteniendo sus ideales, reconozca como interlocutores a los sectores opositores.

Nos atrevemos a afirmar, en tal sentido, que el futuro de la gobernabilidad democrática se definirá, en buena parte, al interior del chavismo. El problema es que los incentivos para que esa corriente moderada emerja son hoy débiles. El miedo a ser tildados de traidores y de convertirse en víctimas de una persecución política implacable, resultan poderosos factores disuasivos para que grupos chavistas se acerquen a grupos opositores.

A pesar de ello, no es descartable que ante el previsible agravamiento de la situación económica y social, las cosas cambien. Nos corresponde entonces a los opositores, en nuestra incansable lucha por nuestros ideales, no perder de vista la tarea de reconstrucción de la comunidad política. Para ello debemos convocar, una y otra vez, al diálogo y al entendimiento. En cualquier espacio a nuestro alcance. Tal vez, en algún momento, ocurra lo que tanto requerimos y algún sector chavista se muestre receptivo. En ese momento, estoy seguro, nuestra democracia comenzará su renacimiento.

Roberto Casanova

@roca023

La gran estafa

“No hay nada mas práctico que una buena teoría”, reza una sabia expresión.  Efectivamente, cuando se tiene una buena teoría es como cuando se cuenta con un buen manual para comenzar a operar un nuevo aparato. Se va lento, pero seguro. Se sabe qué terreno se está pisando. Por oposición a eso, cuando se experimenta en cualquier terreno sin contar con ninguna teoría, los riesgos de fracaso, de derivar en los resultados menos esperados, son todos. Eso pasa con el llamado Socialismo del Siglo XXI que, en tono de fuga,  quiere ahora devenir en  Estado Comunal. A los dirigentes y formuladores de política del régimen, a sus contados intelectuales, se les debería preguntar una y otra vez por la teoría que los guía. ¿Dónde está? ¿Cómo se aplica en Venezuela? ¿Cuál es su modelo económico? ¿Cómo es que se superan, en esta supuesta nueva versión tropical,  los vicios y errores de las experiencias socialistas que la humanidad ha conocido,  todas ellas fracasadas? Esa teoría, que no sean las mismas elaboraciones de siglos pasados,  no existe por ninguna parte.  Ni balbuceos, ni intentos de elaboración. Lo que constatamos es que el país ha sido lanzado a una gigantesca, costosísima e irresponsable experimentación, que combina la mayoría de las veces viejas prácticas y políticas de estatismo, centralismo, autoritarismo, en fin, los peores “ismos”, con propuestas y modelos que no se han visto funcionar en ninguna parte como las del Estado Comunal, e iniciativas que corresponden totalmente a otros patrones de desarrollo, como las de la integración del país a Mercosur, que demandan una economía eficiente, competitiva, conceptos éstos muy alejados de los parámetros socialistas. No son pues accidentes los nudos y cuellos de botella que van ahogando progresivamente al régimen. Demasiadas contradicciones e inconsistencias; más de las que puede aguantar el país. Todas ellas eran, sin embargo, previsibles.

Si la infraestructura del país está colapsada, es porque ya antes estaba colapsado el modelo bajo el cual se desarrollaría. Si el aparato productivo no arranca, es porque nunca fue creíble ni consistente la teoría bajo la cual supuestamente prosperaría. Si la democracia se apaga, si las libertades se restringen es porque nunca fueron piezas integrales de la conceptualización socialista. Como bien lo sabe cualquier ingeniero, lo que no está bien resuelto en el plano, no estará bien resuelto en la obra. Los arquitectos, los teóricos del socialismo del siglo XXI, del Estado comunal, de las empresas de producción social, de las zonas de desarrollo comunal, de los fondos zamoranos, nunca hicieron su trabajo, más bien nunca lo intentaron. En verdad, nunca lo hubieran podido hacer bien tampoco. Esos modelos son totalmente incongruentes ya en el diseño. Pero al menos, uno hubiera querido ver el esfuerzo intelectual. Si lo hubieran intentado, tal vez hubieran descubierto ya en el papel algunas graves inconsistencias e imposibilidades y le hubieran ahorrado al país tantos y tan costosos extravíos.

El resultado de toda esta experimentación ha sido la pérdida de más de una década para el país. Una década en la que han ocurrido dos cosas muy importantes que agigantan esa pérdida. Una, que la región de la que formamos parte ha hecho progresos muy notables, al punto de que vamos a contar pronto con el primer país desarrollado en nuestra región, Chile y; dos, que hemos disfrutado de unos ingresos en divisas excepcionalmente  altos que nos hubiesen permitido avances notables en muchos campos. Definitivamente, el socialismo del siglo XXI nunca tuvo teoría y sus resultados prácticos han sido y continúan siendo desastrosos. La visión de país y de sociedad que lo sustentaban era y sigue siendo una gran estafa intelectual.

gerver@liderazgoyvision.org

Taxistas protestan inseguridad en la Plaza Venezuela

Una manifestación del gremio de taxistas por los altos niveles de inseguridad que padecen, fue disuelta este lunes por parte de funcionarios de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) en la autopista Francisco Fajardo, a la altura de Plaza Venezuela y Parque Central, en sentido este-oeste.

Más de 300 choferes participaron en esta acción de calle, tras el asesinato a tiros de uno de sus compañeros la madrugada de este sábado en el sector UD-2 de Caricuao, municipio Libertador. La víctima fue identificada como Manuel Omaña de 38 años de edad, a quien le robaron todas sus pertenencias, excepto su vehículo Chevrolet Chevy.

El gremio de transportistas tras colapsar el tránsito en la artería vial, se fue en caravana hasta la funeraria Escorial en la avenida San Martín, donde fue velado el profesional del volante.

Christian Velandria, presidente del bloque Abraham Lincoln, explicó que es el tercer conductor que asesinan en lo que va de año.

“Queremos que el ministro para Interior y Justicia, Néstor Reverol, nos preste atención y nos ayude a solucionar el problema grave de inseguridad que tenemos en el transporte. Le pedimos que se reúnan con nosotros”, indicó Valendria.

Omaña tenía dos años laborando en la línea del Centro Comercial Millenium Mall, en la avenida Rómulo Gallegos.  Dejó a tres hijos huérfanos. Colegas presumen que fue sometido por el pasajero que montó en el vehículo la madrugada del sábado.

El bloque Abraham Lincoln lo integran cinco líneas de taxis de diferentes centros comerciales de la capital, los cuales apoyaron la manifestación.

Fotos cortesía de usuarios de Twitter y News Report

96% de dependencia petrolera

En 1998, al momento de arribar Hugo Chávez al poder, el petróleo representaba el 77% del total de las exportaciones del país. El otro 23% se componía de otros productos y servicios, siendo alrededor de la mitad de éstos, bienes producidos por el sector privado. Trece años después, en 2011, el peso del petróleo en las exportaciones alcanzó el 96%. Es decir, las exportaciones no petroleras, ya antes pequeñas, han terminado de diluirse. Dado que el petróleo está en manos del Estado, se puede afirmar también que las exportaciones del sector privado se han extinguido. Es decir, no solo se han hecho totalmente irrelevantes las exportaciones no petroleras. También ha terminado de hacerse irrelevante el sector privado.

La razón por la cual el petróleo ha aumentado su peso en nuestro comercio internacional no es que hoy estemos produciendo y exportando más de ese producto. En realidad, hoy producimos y exportamos mucho menos petróleo que en 1998. En aquel año, producíamos alrededor de tres millones quinientos mil barriles diarios, de los cuales exportábamos unos tres millones. Al final del 2011 producíamos unos dos millones cuatrocientos mil barriles y exportábamos en las vecindades de un millón seiscientos mil barriles diarios. Lo que ha hecho la diferencia es que mientras el precio del barril en 1998 fue de catorce dólares promedio para la cesta venezolana, el de 2011 fue de ciento dos dólares. Aunque ahora producimos y exportamos menos, los ingresos totales son mucho más altos. Lo que esto nos dice es que todo el aumento de ingresos en divisas que el país ha experimentado en estos años y el impacto que ello ha tenido en la economía, ha sido un efecto del alza de los precios internacionales del petróleo, dictado por el comportamiento de la economía mundial. Nada tiene eso que ver con el desempeño de la economía doméstica, mucho menos la del sector petrolero que más bien se ha deteriorado notablemente. El ingreso petrolero se ha incrementado, a pesar del pobre desempeño petrolero del gobierno. Un pobre desempeño que, por cierto, no le impide al Presidente seguir ofreciendo metas irrealizables. Así, hace poco tiempo afirmó que para finales de este año estaríamos produciendo tres millones quinientos mil barriles diarios; lo que ya producíamos en 1998.

La teoría de la dependencia tan en boga en los sesenta decía que el capitalismo acentúa la dependencia que los llamados países periféricos, tienen de la producción y exportación de sus materias primas, convirtiéndolos en mono exportadores y mono dependientes. Es eso precisamente lo que ha venido haciendo de Venezuela el socialismo del siglo XXI; convertir al país cada vez más en mono productor, mono exportador y mono dependiente. Paradójico eso; un tipo de socialismo que acentúa lo que sus propias teorías llaman un capitalismo subordinado y dependiente.

Expropia, que nada queda

Las expropiaciones vuelven a estar de moda en América Latina. El presidente Chávez las llegó a convertir en un frecuente espectáculo televisivo. “Exprópiese”, decía ante cualquier compañía que le parecía conveniente pasar al sector público, apuntando con el índice como si fuera un Harry Potter socialista con una varita mágica, mientras sus acólitos aplaudían con entusiasmo.

Hace pocas fechas la furia expropiatoria le llegó a la presidente Cristina Fernández. La víctima fue la multinacional española Repsol. Tras un simple trámite perdió su filial YPF y ahora discuten el monto de la indemnización. Probablemente será muy bajo. En esas transacciones, especialmente después de cierto tiempo, el monto que se alcanza suele ser un tercio de lo que originalmente se solicita.

A los gobiernos que se apoderan de lo ajeno les resulta muy fácil hacer las cuentas del Gran Capitán, entre otras razones, porque en los países neopopulistas cualquier relación entre la ley y la justicia es pura coincidencia, y el Código Civil algo así como las tiras cómicas dominicales. En esos ambientes, apelar a los tribunales suele ser una manera heroica de practicar la coprofagia.

El último gobernante en incurrir en ese disparate ha sido Evo Morales. El primero de mayo tuvo la cortesía de regalarles a los obreros de Bolivia una empresa, también española, que distribuía energía eléctrica. Ignoro por qué no les regaló a los hijos de los obreros unos cuantos McDonalds o una cadena de pizzerías.

A los muchachos les encanta la comida chatarra y Evo hubiera podido acompañar los platos con infusiones de esa coca maravillosamente nutritiva que sirve para no quedarse calvo o para mantener vigoroso y peleón el extremo de la uretra, dos de las preocupaciones recurrentes del pintoresco personaje.

Expropiar, no obstante lo popular que resulta, es un camino generalmente corto hacia el desastre económico. El capital se esconde, huye o se inhibe de llegar a los sitios donde corre peligro. Por otra parte, la empresa expropiada no tarda en convertirse en un saco sin fondo, ineficiente y tecnológicamente atrasada, permanentemente necesitada de inyecciones de capital para que no se hunda bajo el peso de la corrupción y elclientelismo.

¿Por qué el Estado es un empresario tan rematadamente malo? Sencillo: porque al Estado lo dirigen los políticos. Los fines que éstos persiguen son diferentes y opuestos a los de los propietarios de los negocios cuando operan en un mercado regido por la competencia.

A los políticos, salvo a los más responsables y mejor formados, no les interesa la competitividad empresarial, la rentabilidad de la inversión y obtener utilidades para invertir y continuar creciendo, sino controlar los presupuestos para beneficiarse y beneficiar a sus partidarios.

Tampoco les conviene adversar a los sindicatos, pidan lo que pidan o trabajen lo que trabajen. Es mejor complacerlos. Total: el dinero con que se remunera a los empleados públicos no proviene del bolsillo propio sino del nebuloso producto de los impuestos. Es lo que los españoles llaman “disparar con pólvora del rey”. Le cuesta a otro.

El negocio de los políticos es ganar elecciones. Es una especie voraz que se alimenta de votos, de aplausos y, cuando son deshonestos (algo que, afortunadamente, no ocurre siempre), del dinero ajeno. Por eso es un error poner a un gobierno a operar una fábrica de pan. Al cabo de cierto tiempo el pan no alcanzará, resultará carísimo y, encima, saldrá duro como una piedra.

Donde las sociedades son sensatas y las gentes quieren progresar y prosperar, en lugar de expropiar negocios y constituir ruinosos Estados-empresarios, lo que hacen los políticos más sagaces, impulsados por sus electores, es propiciar la incesante creación de un denso tejido empresarial privado que paga impuestos para beneficio de todos.

En esas naciones desarrolladas del Primer Mundo, las personas entienden que es mucho más inteligente y rentable ser los socios pasivos de miles de empresas que entregan una parte sustancial de sus beneficios sin propiciar la corrupción, sin fomentar el clientelismo, y sin que el conjunto de la sociedad corra riesgos. Los fracasos los pagan los capitalistas. Los beneficios los recibimos todos.

Eso sí: en esas sociedades los políticos tienen mucho menos poder relativo que en el siempre crispado mundillo neopopulista. Por eso les va mucho mejor.

 

Nuestra celebración será el 12 de febrero

Se puede decir que la oposición venezolana al régimen de Hugo Chávez, vive una de sus mejores horas desde que aquel se inició hace 13 años. Sus dirigentes han logrado organizar, casi de manera impecable, la consulta popular que tendremos el próximo 12 de febrero, para elegir diversos candidatos que nos representarán en las elecciones presidenciales y otras instancias de gobierno. La jugada ha logrado incluir a prácticamente todos los actores de la oposición venezolana. Por su parte, la campaña electoral se ha desarrollado admirablemente bien. Los candidatos han tenido oportunidad de recorrer el país y exponer ampliamente sus ideas. Han tenido también la oportunidad de exhibir diferentes estilos de liderazgo y concepciones sobre cómo se debe enfrentar al oficialismo. El tratamiento que se han dado los aspirantes entre si ha sido muy respetuoso, a pesar de la intensa competencia y de lo que está en juego. Ese comportamiento contrasta, por ejemplo, con el de los candidatos de las primarias republicanas en los Estados Unidos, que está teniendo lugar también en estos momentos. Allí, los principales candidatoshan gastado fortunas en una publicidad terriblemente negativa, cada uno contra el otro, que ha dejado en sus seguidores un fuerte sentimiento de frustración. Nada de eso hemos visto en las primarias venezolanas.

Los lideres y dirigentes de la oposición han hecho bastante bien su trabajo, con la organización de esta ejemplar consulta popular, y merecen nuestro reconocimiento. Nos corresponde ahora a los seguidores y militantes, cumplir con nuestra parte, participando y estimulando a otros a participar masivamente de la consulta. Es fundamental que el candidato que resulte electo en esta contienda, tenga el olor y el sabor de los grandes acontecimientos políticos y sociales. Los que deseamos cambiar electoralmente el rumbo del país el próximo 7 de Octubre, tenemos una primera cita el 12 de febrero. Sin duda que, además de las primarias, tenemos otras tareas importantes por delante. Afinar nuestra narrativa, nuestro relato para el electorado es una de ellas. Pero el primer paso que estamos dando, el de elegir un candidato por votación popular, nos pone en buen camino. Vayamos pues a votar, que esta es una oportunidad extraordinaria y una obligación para quienes queremos dejar de celebrar el 4 de febrero y celebrar más bien la institucionalidad y la democracia.

gerver@liderazgoyvision

Las primarias del vecindario

¿Mitt Romney o Newt Gingrich? Mientras los ojos del mundo se fijan en la selección del candidato republicano en Estados Unidos, los colombianos deberíamos interesarnos más en las elecciones primarias de nuestro vecino cercano. En pocos días, el 12 de febrero, la oposición venezolana decidirá en las urnas por el contendor del presidente Chávez en las elecciones de octubre. En esta ocasión tienen opciones de ganar.

Antes de que Chávez llegara al poder, hace trece años, el sistema de partidos políticos de Venezuela había colapsado. Los desastres de la segunda administración de Carlos Andrés Pérez y la disidencia también desastrosa de Rafael Caldera les dieron casi sepultura a los dos partidos que habían construido una de las democracias más exitosas de la región en la segunda mitad del siglo XX, mientras proliferaban las dictaduras militares en Latinoamérica: AD y Copei.

Con el triunfo de Chávez se inició un largo proceso de duro aprendizaje para sus opositores. A su popularidad, Chávez sumó dotes de manipulador electoral. Sin partidos, la oposición quedó desarticulada y se embarcó en carreras de desaciertos. Chávez salió fortalecido del golpe del 2002. Supo manejar el arte de la dilación para desgastar a sus oponentes en el referendo revocatorio del 2004. La política abstencionista decretada por la oposición en el 2005 dejó a Chávez campo libre para concentrar más poder.

La suerte de la oposición comenzó a cambiar en el 2007, cuando fue derrotado el referendo constitucional propuesto por Chávez. Un año después, diversos opositores conquistaron importantes gobernaciones y alcaldías -incluida Caracas-. En el 2010, la oposición obtuvo la mayoría de votos en las legislativas, aunque gracias al sistema electoral los partidos chavistas conservaron la mayoría de curules.

Las perspectivas de la oposición mejoraron tras un proceso de unificación que les permitió presentar candidatos únicos a la Asamblea Nacional, hoy en busca del candidato presidencial de unidad que saldrá de las próximas primarias. El pasado 26 de septiembre, más de una decena de partidos, mandatarios regionales y diputados suscribieron un “compromiso” programático para un eventual “gobierno de unidad nacional”. Fue suscrito por todos los candidatos que se disputan la primaria.

Parece que el ganador será Henrique Capriles, el gobernador de Miranda, joven y carismático, quien se define de “centroizquierda” y ha evitado criticar la “agenda ideológica de Chávez”.

Como advierte Michael Penfold, además de las incertidumbres sobre su salud, Chávez enfrenta una economía en crisis y un desbordado problema de seguridad, con tasas de homicidio entre las más altas de la región (Foreign Affairs, 26-01-12). Conserva popularidad, en buena parte por sus mismas habilidades políticas, que nunca deben subvalorarse, y por los gastos sociales que le permiten las rentas petroleras. Pero sus fortalezas están cada vez más confinadas a los sectores rurales.

Unida alrededor de un candidato con carisma y de un programa incluyente y plural, en contextos adversos a Chávez, la oposición estaría, pues, en condiciones de triunfar. Cuenta a su favor con la perseverancia de una fuerte cultura democrática. En una de sus diez tesis para entender los desarrollos venezolanos, Daniel Levine sostuvo que el antiguo sistema no fue una “democracia irreal”. Los logros de las décadas de 1960 y 1970 fueron importantes. Uno de sus legados se refleja en el apego venezolano a la democracia, entre los más altos en la región, según Latinobarómetro.

Es en esa cultura democrática, y en sus eventuales exigencias por la alternancia, donde la oposición podría encontrar el mejor apoyo para sus aspiraciones electorales y perspectivas de poder.

Eduardo Posada Carbó es abogado de la Universidad Javeriana, máster en Estudios Latinoamericanos y Doctor en Historia Moderna de la Universidad de Oxford. Fue Senior Fellow del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Londres, y ha sido profesor visitante en varias universidades en Colombia, Chile, España, Inglaterra, Portugal y los Estados Unidos, más recientemente Cogut Visiting Profesor del Instituto Watson en la Universidad de Brown. Algunos de sus ensayos han sido publicados en Revista de Occidente, Hispanic American Historical Review, Claves de la Razón Práctica, Journal of Latin American Studies, Caravelle y Boletín Cultural y Bibliográfico. Ha sido editor y autor de varios libros, entre ellos, El Caribe colombiano: una historia regional, 1998, El desafío de las ideas. Ensayos de historia intelectual y política en Colombia, 2003. Fue director de Diario del Caribe en Barranquilla y desde 1992 es columnista de El Tiempo. En 1995 recibió el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar por “el mejor trabajo cultural en prensa”. Escribe reseñas bibliográficas para el suplemento literario español ABCD Las Artes y Las Letras, y artículos para el portal electrónico de la Fundación Ideas para la Paz (www.ideaspaz.org). En la actualidad es Investigador Asociado del Centro de Estudios Latinoamericanos del St Antony’s College en la Universidad de Oxford.

* Publicado el 2 de febrero en El Tiempo de Bogotá. http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/eduardoposadacarb/opcion-de-la-oposicion_11055262-4

A los 20 años del 4-F

Con frecuencia, cuando la gente intenta evaluar los efectos que Hugo Chavez ha tenido sobre la sociedad venezolana, toma como referencia sus trece años de gobierno; pero en verdad, dichos efectos se extienden a un periodo más largo, por lo menos al que comienza con la intentona golpista del 4 de febrero de 1992, es decir, un periodo de 20 años. Dice un famoso tango “que 20 años no es nada” pero, para Venezuela, estos veinte años han sido un largo periodo de intensa declinación política, económica e institucional.

Si consideramos sólo los efectos económicos de la intentona golpista del 92, veremos que ésta interrumpió un proceso de reformas y crecimiento que había arrancado con fuerza en 1990.

Ese año, luego de los ajustes y la severa caída del 89, la economía creció al 6,5%. Al año siguiente, en el 91, el producto se expandió a 9,7%. Fue esa una de las tasas de crecimiento más altas del mundo para ese momento. Todavía en el año 92, a pesar de las dos intentonas golpistas y de toda la inestabilidad política que éstas trajeron consigo, la economía creció a un poco mas del 6%, como resultado del gran empuje que traía.

Por su parte, la inflación, que había superado el 80% en el 89, venia declinando considerablemente, en medio de una política de liberación de precios. En el 90 había caído a 41% y en el 92 se ubicó en 31%. Las reformas y las altas tasas de crecimiento comenzaban a traducirse en aumento del empleo, del ingreso real, de la disminución de la pobreza, como lo muestran las estadísticas.

Una de las consecuencias menos visibles pero más significativas del intento golpista, fue la pérdida de interés en Venezuela, como destino para la inversión privada extranjera. Numerosos proyectos que se cocinaban a inicios de los noventa, algunos de ellos de magnitud considerable, no llegaron nunca a ejecutarse.

Eso significó y ha significado al día de hoy, empleos, ingreso de divisas, diversificación económica, tributos para el gobierno nacional, que jamás se materializaron. De igual manera, se interrumpió un proceso de integración a los mercados mundiales. Hoy después de 2 décadas del alzamiento militar, Venezuela está fuera del pacto andino y lleva años rogando para entrar a Mercosur. Mientras tanto, otros países de la región como Chile, Perú y Colombia avanzan en acuerdos con Estados Unidos, Europa, China y Japón.

Acuerdos que expanden sus mercados y fortalecen sus economías. Por supuesto, éstos son solo algunos de los efectos económicos de la emergencia de Hugo Chavez en el escenario nacional, antes de que asumiera el poder. Desde que se convirtió en gobierno, estos efectos negativos se han multiplicado y no son sólo económicos.

En la lista debe incluirse ahora, la destrucción del aparato productivo nacional, incluyendo la empresa de producción petrolera, el secuestro o liquidación de todas las instituciones y la introducción del odio como herramienta de lucha política, entre otros. Ahora, a propósito de los 20 años del intento golpista de Hugo Chavez, debemos profundizar en este balance. Es una de las condiciones necesarias para superar estas dos décadas de retroceso.

gerver@liderazgoyvision.org