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La superación de la dictadura económica

Dictadura economica ¿Es o no dictadura? Los venezolanos vamos aprendiendo que una dictadura no es siempre el producto de la toma violenta del poder. Hemos visto cómo un gobierno electo se puede hacer progresivamente dictatorial. Estamos comprendiendo, además, que esta segunda modalidad resulta más perniciosa que la primera pues se presta a dudas diversas. Para muchos es evidente que la represión, la persecución y la prisión por razones políticas, unidas a la ausencia de separación de poderes y a la hegemonía comunicacional, definen al régimen como una dictadura. Otros, sin embargo, continúan hablando de un gobierno con cierto sesgo autoritario, pero legitimado periódicamente mediante elecciones. Mi argumento es que el régimen optó por el camino dictatorial hace varios años, al asumir al socialismo del siglo 21 como su programa político.

El socialismo es intrínsecamente dictatorial. El socialismo del siglo 21 es una nueva forma de comunismo. Lo dijo el propio Fidel hace algunos años. Y cualquiera que lea el “Plan de la Patria” podrá corroborarlo. Este socialismo asume la lucha de clases como premisa para interpretar la dinámica social e impulsar su transformación. Comparte, además, la idea de que la única forma de superar esa lucha es haciendo menguar la propiedad privada. En el “Libro Rojo” del PSUV, por ejemplo, en medio de retórica marxista se dice: “la propiedad privada de los medios de producción determina en cualquier sociedad las relaciones de trabajo, las relaciones humanas y todos los aspectos de la vida, negando los objetivos de una sociedad humanista, solidaria, socialista”. Por ello, el acoso a la supuesta clase propietaria es uno de los aspectos fundamentales del proyecto político revolucionario. También lo es el control integral del proceso económico. Tales pretensiones significan, desde luego, violar las libertades económicas y generar numerosas resistencias entre los afectados por las políticas socialistas. Es por ello que el socialismo tiene que ser una dictadura económica. Esto es algo que fue previsto por el pensamiento marxista, que abogaba por la “dictadura del proletariado” como fórmula para manejar la conflictiva transición hacia el comunismo. De hecho, en el citado Libro Rojo se habla de concentrar el poder “… como forma de superar la concepción liberal burguesa de la separación formal de poderes”.

La debacle del socialismo profundiza la dictadura. El socialismo, entendido como transición hacia el comunismo, destruye los incentivos para la inversión y el emprendimiento. Lo cual se ha traducido invariablemente en pobreza, escasez y racionamiento. El socialismo ha creado también Estados burocráticos, ineficientes y corruptos, cuyo sostenimiento ha resultado finalmente imposible. Varios regímenes socialistas, enfrentados a problemas fiscales insuperables, han acudido incluso al financiamiento mediante la creación de dinero, generando graves episodios inflacionarios. Tal cúmulo de problemas ha provocado el natural descontento social, enfrentado por las dictaduras socialistas mediante variadas estrategias represivas. Y ya no solo contra los supuestos burgueses explotadores del pueblo, sino contra el pueblo mismo.

Un mercado competitivo es democracia económica. Frente al socialismo del siglo 21 no ha cobrado fuerza aún una visión alternativa. Muchos pensamos que, en realidad, solo una economía de mercado es compatible con la libertad de las personas y, por tanto, con el despliegue de su capacidad creadora y su espíritu de emprendimiento. Aclaro, sin embargo, que no toda economía de mercado logra eso. No lo hacen economías de mercado de tipo oligárquico (en las que el poder económico se concentra en pocos grupos sociales) o de tipo monopólico. Sí lo ha hecho la llamada economía social de mercado, caracterizada por la existencia de instituciones que no solo garantizan los derechos económicos y evitan la conducta depredadora, sino que promueven la competencia entre los agentes económicos. En una economía así una empresa solo alcanza el éxito si logra satisfacer las necesidades de los consumidores. La economía social de mercado es, pues, democracia económica. Su fin último es que el crecimiento de la productividad, resultado de una economía competitiva y pujante, nos beneficie a todos como consumidores, elevando nuestra calidad de vida. Y esa es una de las razones, para quien se lo pregunte, del uso del adjetivo “social” junto al término “mercado”.

Roberto Casanova
@roca023

Me incorporé a un partido político

militancia Un creciente número de venezolanos lucha hoy por recuperar las libertades que un gobierno autoritario le viene progresivamente arrebatando y por independizarse de la nefasta influencia de la dictadura cubana. Muchos entendemos que la mayoría de los problemas que nos agobian – escasez, inflación, inseguridad, conflictividad – son la inevitable consecuencia de un modelo de corte comunista que pretende controlar a la sociedad entera y subordinarla a una élite ambiciosa, sectaria y corrupta. Otros más lo irán entendiendo y, pronto, esperemos, una mayoría consistente comprenderá que este régimen es incapaz de conducirnos al progreso, con libertad y justicia.

Los actuales eventos demuestran, sin embargo, que no basta con que hoy algunos sectores desafíen, con coraje cívico, al régimen. Requerimos, además, un trabajo de articulación social y una dirección política. Por una parte, el éxito de nuestra lucha democrática pasa por la convergencia de las diversas demandas sociales en una misma causa transformadora. Por otra parte, la diversidad de opiniones no debe ser obstáculo para lograr la coordinación que necesitamos para enfrentar a un régimen dispuesto a casi todo para mantenerse en el poder. Estas son tareas que, en circunstancias ideales, deberían cumplir, principalmente, los partidos políticos. No es lo que ocurre, como es sabido.

La mayoría de los partidos han centrado sus esfuerzos en la intensa dinámica electoral de los años recientes. Han alcanzado logros tan notables como el de unificar la acción electoral opositora. No es poca cosa. Aún así continúan teniendo bajísima credibilidad entre los ciudadanos, quienes los perciben como herramientas inútiles para otros propósitos colectivos. Muchos líderes sociales, sindicales, gremiales; muchos intelectuales y artistas; muchos ciudadanos, en general, no se plantean, ni por asomo, la posibilidad de sumarse a las filas de algún partido. Y ello da forma a un terrible círculo vicioso. Los partidos no se renuevan porque no incorporan dentro de sí fuerzas de cambio y no logran incorporar esas fuerzas porque no se renuevan.

¿Está pasando acaso el tiempo de los partidos? Definitivamente no. No es concebible una democracia digna de tal nombre que no cuente con un sistema de partidos. Los partidos tienen una razón de ser y es bueno recordarlo. A tales organizaciones les corresponde, para decirlo en una frase, preparar gobiernos alternativos. Esto implica: a) darle forma a visiones del país y popularizarlas de la manera más amplia posible; b) identificar y articular posiciones e intereses; c) ejercer la oposición en situaciones de normalidad democrática o, tal como hoy se plantea, la resistencia ante una dictadura; d) preparar a los eventuales gobernantes y legisladores; e) seleccionar candidatos a cargos de representación pública y participar en elecciones. Otras organizaciones pueden atender algunas de estas tareas pero sólo los partidos pueden y deben ocuparse de todas ellas.

Resultaría un lugar común afirmar que los partidos venezolanos no cumplen con las tareas que he mencionado. Quisiera invitar, más bien, a pensar por un momento sobre la enorme complejidad asociada a la creación y desarrollo de un partido hoy en nuestro país. Para quienes viven en condominio bastará con imaginarse un hipercondominio, integrado por decenas de miles de personas, para aproximarse a las dificultades inherentes al funcionamiento de un partido. El asunto es, sin embargo, mucho más cuesta arriba. Nuestros partidos están sometidos a un proceso de exterminio, lento pero sistemático, por parte de un régimen que aspira al control total. A pesar de todo allí están varios partidos, sostenidos por numerosos venezolanos quienes, con vocación y paciencia, han construido los únicos instrumentos con potencial para enfrentar el desafío de resistir al régimen y prepararnos para una nueva era democrática. Son experiencias que deberían contar con mayor estima social si la antipolítica, que ha rondado desde hace ya demasiado tiempo entre nosotros, no lo dificultase.

¿Acaso debemos esperar a que ocurra el desenlace que muchos deseamos para encontrarnos con que no tenemos partidos a la altura del reto de reconstruir nuestra democracia? Si ese fuese el caso no es impensable una situación en la que la sociedad se fraccione en innumerables grupos de interés. En ausencia de partidos políticos –reinventados, no los actuales– nadie estará cumpliendo la vital función de articular los intereses particulares con base en programas de gobierno. Surgiría entonces, progresivamente, una dinámica de facciones, de grupos enfrentados en la captura del Estado. En un contexto de ingobernabilidad como ese más de uno pensará que la solución deberá ser un régimen de fuerza que imponga el orden o, en otras palabras, una nueva dictadura. Así pues, la democracia de partidos representa el equilibrio entre una sociedad de facciones ingobernables, por una parte, y un régimen dictatorial, por la otra.

Vivimos tiempos intensamente políticos. Cada quien debe encontrar la forma de contribuir al esfuerzo común para superar los oscuros días que hoy vivimos. Yo, por mi parte, me convencí, hace ya varios años, de que la política es, en un sentido profundo, pedagogía social. Creo que todo partido debe prepararse para facultar a la ciudadanía en la comprensión de los grandes temas públicos. Es preocupante que muchos partidos hayan tendido a claudicar ante el desafío de ejercer el liderazgo intelectual de la sociedad y que por oportunismo o por incompetencia hayan optado por plegarse al estado de la cambiante opinión pública. Le corresponde a los partidos estar a la altura de esa responsabilidad y ejercerla con propiedad. Esto implica, desde luego, que la propia dirigencia y militancia de las organizaciones políticas –en especial quienes ocupan cargos públicos o aspiran a hacerlo– se inserten en una dinámica de constante reflexión y formación. Con la intención de ayudar a hacer que la política venezolana sea también pedagogía social varios profesionales nos hemos incorporado a un partido que, generosamente, nos ha recibido.

Sigo creyendo que la política puede – y debe – ser una de las actividades humanas más nobles. A fin de cuentas ¿no es una actividad enaltecedora de lo humano el dedicarse a cuidar y promover el bienestar común? La política sólo será redimida si nos convencemos de que ella es compatible con la sinceridad y la honradez. Decía Ortega y Gasset, hace exactamente un siglo, con respecto a la política en España, lo siguiente:

“La nueva política, todo eso que, en forma de proyecto y de aspiración, late vagamente dentro de todos nosotros, tiene que comenzar por ampliar sumamente los contornos del concepto político. Y es menester que signifique muchas otras actividades sobre la electoral, parlamentaria y gubernativa; es preciso que, trasponiendo el recinto de las relaciones jurídicas, incluya en sí todas las formas, principios e instintos de socialización. La nueva política es menester que comience a diferenciarse de la vieja política en no ser para ella lo más importante, en ser para ella casi lo menos importante la captación del gobierno de España, y ser, en cambio, lo único importante el aumento y fomento de la vitalidad de España.”

Ojalá otros se animen también a militar en alguna de nuestras organizaciones políticas. En la que prefieran, entre las demócratas. Los partidos tienen que ser insuflados con una parte de la energía social que está hoy en la calle. Sería algo de significación histórica que miles y miles de quienes hoy protestamos decidiésemos ayudar a renovar a los partidos y convertirlos en eficaces herramientas al servicio del rescate y avance de nuestra democracia. Del fomento de la vitalidad de Venezuela.

@roca023

Democracia y dictadura incompletas

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Caracas, 12 de agosto, 2013.- El régimen establecido por el chavismo en Venezuela no es una dictadura como muchos lo han catalogado, pero tampoco es una democracia como sus líderes en Caracas quieren hacer ver. Se trata en cambio del más fiel ejemplo que tiene América Latina del “ Autoritarismo Competitivo”, un modelo hibrido con altas dosis de tiranía pero con un rostro electoral.

Y es que la academia tiene una definición para este tipo gobierno. Los profesores estadounidenses Steven Levitsky y Lucan Way en el 2010 publicaron un libro sobre el tema, analizando la aparición de nuevos regimenes que violan los principios democráticos más básicos pero que se legitiman con la realización de elecciones, aunque generalmente en condiciones tan desiguales que es altamente improbable que la oposición pueda ganar.

Es un fenómeno que cobró mucha fuerza en el final de la Guerra Fría, con más de 35 países en los que ha hecho aparición, incluyendo naciones que van desde Azerbaiján hasta Zimbawe, y que en América Latina tiene su mejor representación en Venezuela, dijo Levitsky en una entrevista.

“Yo diría que Venezuela es el caso más ilustrativo de lo que es este tipo de regímenes y que los casos de Bolivia, Ecuador, y Nicaragua también entran en esta clasificación, pero son menos duros, manteniéndose más cerca de la raya de diferenciación”, dijo Levitsky

Pese a que la oposición venezolana cantó fraude en las pasadas elecciones presidenciales de abril, el profesor de Harvard aún no considera que la nación sudamericana terminó de entrar en la casilla destinada para las dictaduras.

“Venezuela sigue siendo un régimen de autoritarismo competitivo. Hubo una elección bien peleada. A la gente se le olvida lo que son las dictaduras. Una dictadura es lo que había en la Unión Soviética bajo Stalin. Una dictadura es lo que se instauró en Cuba, particularmente en los sesenta y los setenta. Una dictadura es Mao en China”, sostuvo.

“Lo que tenemos en Venezuela es un régimen electoral, un régimen donde hay una oposición que todavía está en la calle, y no en la cárcel; donde aún hay medios que critican al gobierno, y que hay sobre todo una oposición que compite, no en condiciones justas, pero que compite por el poder. Yo diría que sigue siendo un ejemplo clarísimo de lo que es el Autoritarismo Competitivo”, explicó.

No obstante, el régimen chavista no puede ser catalogado como democrático.

En el libro, Autoritarismo Competitivo: Regimenes Híbridos Después de la Guerra Fría, Levitsky junto con Way argumentaron que este tipo ordenamiento político no puede ser interpretado como una democracia imperfecta o en transición sino como un régimen no democrático con sus propias características.

En esencia, se tratan de regímenes donde existen instituciones democráticamente formales que permiten elecciones, pero donde los gobiernos electos violan las reglas de juego con tanta frecuencia que incumple con los estándares mínimos convencionales para la democracia.

En América Latina, el surgimiento de estos regímenes ha estado arraigado en el populismo en países con instituciones democráticas débiles, dijo Levitsky.

Es por ello que países como Ecuador y Bolivia son tierra fértil para este tipo de movimiento, como lo era Venezuela a finales de la IV República, cuando los partidos políticos entraron en crisis.

Este fenómeno no es totalmente nuevo en la región, ni está reservado para los países que se han sumado a la corriente del Socialismo del Siglo XXI. Estuvo presente por décadas en México, durante el gobierno del Partido Revolucionario Institucional (PRI), y bajo Alberto Fujimori en los años noventa, comentó el profesor.

Pero ahora reaparece en la región con nueva cara, repotenciado por el auge de las materias primas.

“Los gobiernos tienen mucha más plata. Las condiciones económicas en general están mejores y los gobiernos tienen demasiados recursos”, comentó Levitsky.

“Eso ha estabilizado los regimenes. Que un gobierno pudiera durar diez años en Ecuador era algo impensable hace 20 años”, dijo.

Pero los recursos solo logran mantener a estos regímenes con vida artificialmente. Su incapacidad de resolver los problemas de la sociedad significa que su permanencia en el poder tiene fecha de expiración.

“Estos regímenes en realidad son débiles y se sostienen con los recursos que van directamente al estado, con la exportación de minerales y del petróleo. Eso estabiliza el régimen, le da recursos para cortar medios, para debilitar a la oposición. Pero cuando se le acaban los recursos, es allí que comienzan los problemas”, dijo.

Para evitarlos en el futuro, los países deben fortalecer sus instituciones democráticas y el electorado debe abstenerse de favorecer a los outsiders, candidatos que se presentan con una plataforma antisistema, normalmente sin el respaldo de partidos políticos tradicionales, con la promesa de emprender grandes transformaciones.

Ese camino, advirtió Levitsky, muchas veces conduce al autoritarismo.

Pero la responsabilidad también recae sobre los partidos políticos, los cuales deben entender que la incapacidad de brindar respuesta a los problemas del país con el tiempo se transforman en peligrosos riesgos para todo el sistema.

“Cuando los servicios básicos, empezando con seguridad, no funcionan un gobierno tras otro gobierno, tras otro gobierno, la gente termina convencida que todos los partidos son iguales, que todos los políticos son corruptos y terminan por estar mucho más dispuestos a votar por un outsider”, advirtió.

Fuente: El Nuevo Herald

Desafíos de la oposición democrática

RicardoCombellasEn un sistema democrático la oposición es fundamental. Expresa el pluralismo político y social, significa el activismo de las libertades políticas, es la necesaria alternativa del poder establecido, y por ende tiene una inmensa responsabilidad en la orientación del debate político y el impulso a la deliberación. Ella debe someterse permanentemente a la crítica y la autocrítica, respetar y aupar la discusión en su seno, y nunca marginar las posiciones minoritarias que legítimamente en ella, y también en sus márgenes,  se desenvuelven. Vayan estas reflexiones como un estímulo al debate sobre el sentido, actualidad y futuro de la oposición democrática en Venezuela.

Lo primero que hay que subrayar es una verdad de Perogrullo, elemental pero no por ello menos fundamental, y se trata de la distinción entre oposición democrática y oposición antidemocrática. Por supuesto que estas reflexiones van dirigidas a la oposición democrática, es decir la oposición respetuosa de la legalidad y legitimidad constitucional. Como se repite con frecuencia: todo dentro de la Constitución, nada fuera de la Constitución. El tema de los golpistas y conspiradores, tema al que soy profunda y deliberadamente ajeno, no forma parte de estas consideraciones.

La democracia moderna tiene como uno de sus atributos  ser electoral. Pero ¡ojo! en lo electoral no se agota la democracia; esta trasciende la lucha electoral. En Venezuela no existe, sino solo formalmente, una democracia electoral. Predomina un “autoritarismo electoral”, pues el régimen utiliza todo tipo de mecanismos, institucionalizados y no institucionalizados, para garantizar sus victorias electorales. Uno de los grandes desafíos de la oposición democrática venezolana está en que su organización institucional más relevante, la MUD, es electoral, es más, es fundamentalmente electoralista, se agota en lo electoral. No puede ser de otro modo. Se trata de una organización de partidos, únicamente de partidos, y tal como nos lo recuerda Max Weber, “toda lucha entre partidos persigue no solo un fin objetivo, sino también y ante todo el control sobre la distribución de los cargos”. Se critica a la conducción del régimen por ser ducha en lo táctico por frágil en lo estratégico. Habría que preguntarse si ese handicap no pesa como una fuerte losa, tanto o más dentro de la oposición.

Las formas de lucha política legitimadas por la Constitución no se agotan en la lucha electoral. El amplio universo de la desobediencia civil y de la resistencia activa y pasiva, y sus múltiples y creativas manifestaciones, tienen cobijo dentro de la Constitución. Por supuesto que ello implica estrategia y creatividad, y algo imprescindible que tendemos a olvidar, talante moral, convicciones firmes, “incorruptibilidad”, todo ello ajeno al oportunismo y al oscuro regateo de los cargos y las prebendas. Además, la desobediencia civil no la puede conducir una alianza de partidos, sino una alianza de la sociedad civil, donde los partidos son solo una parte junto a los movimientos sociales y sus expresiones organizativas.

Uno de los problemas más protuberantes de la oposición venezolana es, al unísono la anemia ideológica junto a la carencia de claros objetivos estratégicos. Estoy consciente que no es un tema fácil de desenredar. En la MUD concurre la derecha y la izquierda, a diferencia de la tan mencionada oposición chilena a la dictadura de Pinochet, que en su momento se nucleó fuertemente en el centro. En la MUD convive la derecha neoliberal junto al socialismo democrático. Armar una estrategia de este “pasticho ideológico” es una tarea ardua complicada. El “centro” de la MUD no es sólido, y su tendencia actual, seamos realistas, es la de escorarse hacia la derecha, y no cualquier derecha sino la derecha neoliberal.

Por último, el tema del liderazgo. No hay que rigidizar los liderazgos. No existen liderazgos imprescindibles, lo cual no significa que el liderazgo no sea necesario. No debe temerse la crítica ni la autocrítica en esta materia. Creo un error de la MUD la tendencia a mineralizar el liderazgo, hoy reunido en torno a la figura de Capriles, el cual ha cometido últimamente crasos errores, que no cabe comentar por lo menos en este artículo. Pasada la experiencia de las elecciones presidenciales, el debate del liderazgo debe abrirse sin ninguna clase de complejos. Vale aquí recordar la época de oro de Acción Democrática con un líder de los quilates de Rómulo Betancourt, que día a día, con su talento y don organizativo, se ganaba el liderazgo de su partido, jaqueado permanentemente por formidable rivales dentro de su propia organización. Si esto vale para una organización partidista, tiene más pertinencia para una organización pluripartidista como la citada MUD.

Crítica y autocrítica, ¡que florezcan cien flores!, es lo que se clama y exige de la oposición democrática en esta difícil hora de la patria.

ricardojcombellas@gmail.com

Una cacerola llevó a Carlos Parra del balcón a la comisaría

CacerolazosLaGrita

Caracas, 20 de mayo, 2013.- El “gobierno de calle” de Nicolás Maduro llegó este fin de semana al estado Táchira, específicamente en La Grita, y como se ha hecho costumbre en muchos de los lugares que ha visitado en su mes de mandato, las cacerolas también lo acompañaron. A pesar de que tocar ollas es una manifestación pacífica, en esta oportunidad dejó el saldo de tres detenidos bajo cargos desconocidos.

Carlos Parra, su hermana Karla Parra y Beltrán Benítez fueron apresados por funcionarios de la Policía del Táchira.

Carlos Parra, de 19 años de edad y quien es dirigente juvenil de Primero Justicia, contó que aproximadamente al mediodía del sábado llegó el presidente Maduro a La Grita. De acuerdo con su relato, estaba acompañado por una multitud de cerca de 115 personas, entre los que se encontraban los escoltas del primer mandatario nacional.

Ya con Maduro en el lugar comenzaron a sonar las cacerolas, en el caso de Parra desde el balcón de su casa que se encuentra a escasos 15 metros del punto en el cual se realizó el acto.

Mientras se producía el cacerolazo, el dirigente de Primero Justicia comentó que personas de la multitud que acompañaba a Maduro comenzaron a arrojar objetos como piedras a su residencia. Según señaló, quienes encabezaban las agresiones son líderes políticos del municipio.

En ese momento no se produjo la detención. Minutos después de que culminó el acto se acercaron dos funcionarios de la Policía del Táchira, junto a dos efectivos de la Fuerza Armada y es allí cuando fue llevado a la comandancia de la policía en La Grita. “No fui esposado, ni hubo agresiones, ni nada. Ellos (los policías) entraron a mi casa, aunque no debieron hacerlo porque no tenían orden de captura, pero todo lo hicieron sin violencia”, dijo Parra.

La explicación para llevárselo de su casa, a él y su hermana Karla, fue “para hablar unas cositas”.

Desde La Grita fueron trasladados a la sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin) en La Fría. “Los funcionarios del Sebin dijeron que nos llevaron por unas averiguaciones, para verificar nuestro expediente que hasta ayer estaba intachable, hasta que nos detuvieron por cacerolear en el balcón de mi casa”, explicó.

El único argumento que se dio a la familia Parra es que se trataba, al parecer, de órdenes de Casa Militar, de “altos mandos”, dijo. La liberación se produjo, de acuerdo a las palabras del detenido, por malos procedimientos al apresarlos.

Por otra parte, Leonardo Sánchez Cárdenas, estudiante de Comunicación Social de la ULA fue también detenido en horas de la noche del sábado pasado mientras tomaba fotografías de las afueras del Sebin para mostrar el ambiente a esa hora de la noche puesto que habían al menos unas 40 personas aguardando por la liberación de los hermanos Parra y Benítez.

Funcionarios del Sebin lo interrogaron sobre el destino de las imágenes. El joven estudiante manifestó haber recibido un buen trato y explicó que eran para una nota periodística.

Al parecer, dentro de ese cuerpo se hallaba detenido un irregular y los funcionarios creían que Sánchez Cárdenas hacía trabajo de contra inteligencia a favor de un grupo paramilitar.

Fuente: El Universal.

En Venezuela está naciendo una rebelión democrática

fernandomires2Con la sensibilidad que tienen los grandes escritores, algunas veces los analistas, y casi nunca los políticos, al escribir un artículo bajo el título “La larga muerte del chavismo”, detectó Mario Vargas Llosa el momento por el cual atraviesa Venezuela. Como sucede con las bestias, aduce Vargas Llosa, la agonía de un régimen se caracteriza por agresiones furiosas. Son las que precisamente ha venido mostrando Nicolás Maduro desde que asumió su impugnada presidencia.

En cualquier país cuando un gobierno es elegido con magra mayoría, éste busca asegurar su estabilidad abriéndose al dialogo. Pero el gobierno de Maduro no es normal. La propia autodefinición del régimen como revolucionario lleva al presidente ungido a concebir la política como una suerte de “estado de excepción en permanencia”. Gobernar, en ese marco, es secundario: lo principal es la conquista o por lo menos, la conservación del poder. Pero aún así. Si como demócrata Maduro ha mostrado deficiencias, como revolucionario es simplemente una catástrofe.

Todos los grandes revolucionarios antes de lanzar una ofensiva, acumulan fuerzas, conquistan a la mayoría, aseguran su legitimidad, y solo después, asaltan el poder. Así ocurrió con Lenin (“un paso atrás dos pasos adelante”) Mao y el mismo Castro.

Maduro en cambio, con destacamentos políticos diezmados, sin legitimación y sobre todo, sin ideas, ha lanzado una ofensiva final intentando realizar con la fuerza lo que no pudo alcanzar con votos. Razón de más para pensar que lo que está buscando no es una revolución sino algo distinto. Digámoslo abiertamente: todo parece indicar que Maduro se encamina a crear condiciones para un lento golpe de Estado cuyo objetivo es asegurar su permanencia y la de su grupo en el poder. Esa es la razón por la cual el gobierno de Maduro da muestras de prematura descomposición. Nació descompuesto y por lo mismo utiliza un lenguaje descompuesto.

No me refiero a la incongruencia sintáxica, ni a la mitomanía necrológica, ni siquiera a la indecencia verbal heredada del presidente que murió. Es que el hombre no habla, simplemente vocifera. Y por si fuera poco, mintiendo y mintiendo da muestras de incontenible pánico. Todos los días alguien lo quiere asesinar, ve complots hasta debajo de su cama y por supuesto, nunca entrega prueba de nada. ¿Paranoia? ¿O hay detrás un cálculo orientado a destruir la vida política y reemplazarla por una sociedad en estado de sitio? Hay indicios.

Diosdado, “hermano menor” de Maduro, ya intentó al menos destruir a la Asamblea Nacional, es decir, dar un golpe de Estado dentro del Estado.

Muy cuartelero será Cabello, pero seguramente sabe que impedir hablar a la oposición en un parlamento es lo mismo que impedir a los fieles rezar en una iglesia. Y pese a ser un dechado de la antipolítica, Cabello también debe saber que el parlamento no es el lugar para que los salvajes den curso libre a sus instintos.

Del mismo modo, muy demagogo será Maduro, pero cuando llama al “parlamento de calle” debe saber que desde los romanos, en toda nación civilizada la calle ha sido el lugar del tránsito, del mercado, de las demostraciones y del paseo, pero no del parlamento que es el lugar donde nacen las leyes. También debe saber, al arrastrar a los militares a las calles bajo pretexto de combatir la delincuencia, que sólo en los países que han sufrido golpes de Estado las calles se llenan de militares asumiendo tareas que deben ser asignadas a la policía.

La verdad, si uno analiza lo que sucede en la Venezuela de Maduro, lo ocurrido en la Honduras de Zelaya y en el Paraguay de Lugo, fueron tímidos “golpecitos”. La gran diferencia es que mientras en estos dos últimos casos el parlamento terminó “golpeando” al gobierno, en el caso Maduro, el gobierno comenzó “golpeando” al parlamento.

En el contexto mencionado Vargas Llosa piensa que el chavismo ha llegado a su momento terminal. Cierto o no, hay que coincidir en que el chavismo, como toda unidad orgánica, está sujeto a un proceso de desarrollo que avanza desde su nacimiento a su fin. Ahora, en el curso de ese proceso, el chavismo ha recorrido ya por lo menos tres fases. Así, podemos hablar del chavismo como movimiento social, del chavismo como ejercicio autocrático de gobierno y del chavismo como Estado.

De acuerdo a la primera fase, Chávez llegó al gobierno como líder de un enorme movimiento social con fuerte presencia de sectores subalternos no representados simbólicamente es las esferas del poder.

En su segunda fase, convertido el chavismo en gobierno, tuvo lugar vía misiones y concejos comunales una estatización paulatina del movimiento social originario. Preocupación central de Chávez fue mantener vivo el vínculo entre la instancia movimientista con la estatal. El mismo Chávez actuaba como líder social y como representación del Estado al mismo tiempo. Bajo esas condiciones su figura adquirió una autonomía casi absoluta.
Mas todavía. Si Chávez frente a la nación actuaba como autócrata, al interior del chavismo fue un dictador. La palabra de Chávez, por más disparatada que hubiera sido era, quizás todavía es, para el PSUV, la Ley. Chávez estaba según sus seguidores no en contra sino por sobre la Ley.

En una tercera fase, y en el marco determinado por la anomalía política descrita, los seguidores inmediatos del líder lograron constituir una cúpula desde la cual tejieron una larga relación de poderes verticalizados, todos convergentes con la cima estatal donde actuaba el caudillo. Nació así una suerte de “nomenklatura” a la venezolana, oligarquía estatal que se prolongó hasta en los rincones más lejanos del territorio.

El poder del chavismo llegó así a ser social, económico, político y militar. Social, porque mantenía atadas al Estado las organizaciones sociales creadas por el propio régimen. Económico, porque mediante el control de la renta petrolera el gobierno se convirtió en el capitalista más poderoso de la nación. Política, porque en su forma de Estado, el chavismo secuestró a todos los poderes públicos. Y militar, porque Chávez mediante prebendas y presiones, logró convertir a las fuerzas armadas en una instancia pretoriana ligada a su persona y no a la Constitución. Y bien, todo ese orden, como si fuera un sistema solar, giraba en torno a un sol. El sol era Chávez.

Después de la muerte de Chávez, para proseguir con el símil, los diversos planetas continuaron existiendo, pero sin eje de rotación.

Esa es la razón por la cual Maduro al no ser un líder social tiene serios problemas para ejercer como autócrata político, o si se quiere, es un autócrata sin fuerza social. De ahí su descontrol, su desesperación, su aparente locura.

Ya en las elecciones del 14.04 quedó demostrado que el capital político acumulado por Chávez al ser monopólico no era traspasable.

Después de pocos días de gobierno, Maduro no se encuentra ni se encontrará en condiciones de recuperar el poder social perdido. Como autócrata nunca será un mediador entre movimiento social y Estado como fue Chávez. Por consiguiente, no es errado suponer que el carácter represivo del chavismo crecerá en la misma proporción en que decrece su carácter movimientista. De este modo -es lo que captó la fina intuición de Vargas Llosa- el destino de Maduro está sellado. No pasará a la historia ni como revolucionario ni como líder. Todo lo contrario, a Maduro le está reservado el rol de sepulturero del chavismo. Si será, además, el primer dictador post-chavista, nadie lo puede saber, ni siquiera el mismo.

No obstante, y a pesar de todo, una buena noticia ha llegado a Venezuela. La muerte del chavismo no arrastrará consigo a la nación, ni tampoco surgirá un estado de descomposición social y política (lo que los expertos llaman “anomia”) Pues, paralelamente al descenso del chavismo, asciende en Venezuela una alternativa que trasciende a la oposición y a su propio líder, Capriles. Me refiero a la emergencia de una rebelión política, constitucionalista, pacífica, social y nacional a la vez.

La rebelión democrática de Venezuela comenzó a tomar forma durante el proceso electoral que culminó con la precaria y dudosa victoria de Maduro. Porque justo en los momentos que siguieron a los masivos funerales, cuando nadie daba un centavo por la oposición, cuando todas las encuestas daban por ganador absoluto al “hijo de su padre”, Capriles, en uno de esos momentos épicos de sintonía y conexión que milagrean a través de la historia, se convirtió no sólo en candidato sino en impulsor de un tsunami democrático y popular.

Junto con el muy cuestionado triunfo del candidato chavista, ha nacido un movimiento social en su magnitud muy similar al que llevó a Chávez al poder. Ese movimiento, electoral en sus orígenes, ha pasado a transformarse después de la negativa del CNE a destapar el fraude y de las agresiones cometidas por el gobierno en contra de opositores, en una ola de indignación que recorre a la nación entera. Todos los signos lo indican: ha nacido en Venezuela una rebelión democrática.

Sin embargo, a diferencia de las grandes rebeliones históricas que ponen en juego el orden institucional de una nación, la que ha nacido en Venezuela plantea la defensa de las instituciones públicas avasalladas desde el Estado. Es por eso que el que dirige Capriles es un movimiento, antes que nada, constitucionalista.
La disidencia y la oposición venezolana no exige, como el chavismo, un nuevo orden mundial. Exige sí que se respete el orden político nacional. Ese es el motivo por el cual la MUD y Capriles, a despecho de unos pocos exaltados, han exigido a los suyos el más irrestricto respeto a las vías constitucionales y legales.

¿Cuál es el sentido de que Capriles recurra al CNE y después al Tribunal Superior de Justicia si todo el mundo sabe que ambas son instituciones controladas por el chavismo? Esa, esa es precisamente la razón. Al exigir Capriles al CNE que realice auditorías correctas, la oposición no desconoce, por el contrario, reconoce a la institución. El CNE en cambio, al seguir orden de gobierno y negar las auditorías, se desconoce a sí mismo como instancia constitucional. Lo mismo puede ocurrir al TSJ a cuyos magistrados Capriles les tiende la mano, brindándoles incluso la oportunidad para que de una vez por todas se reivindiquen frente a la nación. Los jueces podrán aceptar esa mano o no. Pero si no lo hacen, Capriles tendrá a su lado no sólo la legitimidad, sino, además, la legalidad. Y a una rebelión mayoritaria, legítima y legal a la vez, nunca la ha parado nadie.
Precisamente el carácter constitucionalista de la rebelión democrática indica por qué Capriles y la MUD han renunciado enfáticamente al ejercicio de la violencia.

Ellos saben que en un clima de violencia, un gobierno como el de Maduro, apoyado en la legitimidad de las armas pero no en las armas de la legitimidad, sólo puede obtener ventajas. Quizás eso explica la incontenible violencia verbal y fáctica que caracteriza a Maduro y a Cabello. Por lo demás, todo el país lo sabe: no es la oposición la que anda golpeando en las puertas de los cuarteles, sino el mismo gobierno.

La rebelión democrática venezolana, al haber elegido la vía de la no violencia, no es un caso aislado. Por el contrario, se inscribe en una tradición de rebeliones triunfantes realizadas por medios pacíficos desde fines del siglo XX hasta nuestros días.

Las rebeliones que pusieron fin al comunismo soviético en la URSS y Europa del Este, con la excepción de Rumania, tuvieron todas un carácter pacífico. Las rebeliones antidictatoriales que tuvieron lugar en Argentina, en Chile y en el Uruguay, fueron, como hoy ocurre con la venezolana, pacíficas y constitucionalistas. Incluso las dos rebeliones más exitosas de la “primavera árabe”, la tunecina y la egipcia, fueron gestadas en el marco de una oposición predominantemente pacífica. Gadafi en Libia convirtió, en cambio, la rebelión pacífica en guerra civil; y la perdió. Assad hizo lo mismo en Siria y también, tarde o temprano, la perderá.

La violencia es el recurso de los que no tienen o han perdido el poder político. Quien tiene el poder escribió Hannah Arendt, no precisa de la violencia. El poder político a la vez, contiene otros tres poderes. El de la mayoría, el de la legitimidad y el de la legalidad. Esos tres poderes ya se encuentran en las manos de la oposición venezolana. Chávez, preciso es decirlo, no dejó ningún testamento.

Adelaida, la hija del Che, no sé si tiene otro mérito, declaró que el venezolano es un pueblo ignorante, aún no preparado cultural y políticamente para asumir el inmenso legado de Chávez. Al leer tamaño disparate no pude sino recordar al gran Bertold Brecht.

Cuando la dictadura comunista de la RDA, después de los luctuosos sucesos que dejó detrás de sí la rebelión popular del 17 de junio de 1953, distribuyó volantes en los que se decía que el gobierno había perdido la confianza en el pueblo, Brecht entonces escribió “¿no sería en ese caso más conveniente que el gobierno disolviera al pueblo y eligiera a otro?”

Raúl, Nicolás y Diosdado van a tener también que buscarse otro pueblo. El venezolano les salió muy bravo, demasiado arrecho.

Analistas advierten deterioro de democracia en Venezuela

VENEZUELA-OPOSITION-PROTEST

Caracas, 11 de mayo, 2013.- Tras la última de las 18 elecciones en Venezuela en 15 años, la democracia no prospera sino que se deteriora, se militariza y se dirige hacia formas autoritarias de gobierno, opinan analistas antes de cumplirse un mes de que Nicolás Maduro fue elegido presidente.Venezuela “vive una crisis política y el Estado trata de superarla con más autoritarismo y más represión, aun cuando selectiva”, señalo a IPS la historiadora Margarita López Maya, directiva del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales.

“No se crea una situación de dictadura, como las clásicas conocidas en la región (latinoamericana), sino que paulatinamente disminuye la democracia”, agregó López Maya, también profesora titular en el Centro de Estudios del Desarrollo de la Universidad Central de Venezuela.

El tema de la calidad democrática resurgió apenas Maduro asumió el cargo para cumplir el sexenio 2013-2019 para el cual había sido reelegido en octubre Hugo Chávez, quien gobernó el país desde 1999 y hasta su muerte, víctima de un cáncer, el 5 de marzo.

Su contendor, Henrique Capriles, líder de la heterogénea oposición, pidió una auditoría integral de los comicios, pero el poder electoral decidió realizarla en forma limitada, después de ratificar que Maduro obtuvo 50,61 por ciento de los votos válidos y Capriles 49,12 por ciento.

La Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) recomendó el 18 de abril, un día antes de la juramentación de Maduro, realizar esa auditoría para zanjar la controversia.

Capriles introdujo el 2 de este mes un recurso de impugnación total de las elecciones y cinco días después otro de impugnación parcial ante el Tribunal Supremo de Justicia, cuya admisión deberá decidir ese órgano en los próximos días.

Durante esta segunda semana de mayo, dirigentes del gobierno, comenzando por el presidente Maduro, y de la oposición viajaron por América del Sur para exponer sus contrapuestos puntos de vista sobre la crisis política.

El presidente de la unicameral Asamblea Nacional legislativa, Diosdado Cabello, un militar retirado, rehusó conceder derecho de palabra a los diputados de oposición si no declaraban a viva voz que reconocían a Maduro, y destituyó a los opositores que dirigían comisiones de trabajo parlamentario.

En una sesión, desde la bancada oficialista se arrojó un micrófono que rompió la cara del diputado opositor William Dávila, el 23 de Abril. Siete días después, los diputados opositores tocaron pitos y cornetas en el hemiciclo de sesiones para acallar la voz de los oficialistas en protesta por negárseles el derecho de palabra.

Desplegaron además una pancarta que rezaba “Golpe al Parlamento”, lo que devino en señal para que algunos diputados oficialistas se abalanzaran sobre los opositores y en la gresca resultaron 11 legisladores lesionados, incluidos dos con rotura de huesos de la cara, María Corina Machado y Julio Borges, de la bancada opositora.

Una situación así, recordó Elías Pino, de la Academia de la Historia, no se vivía desde un cruento asalto al Congreso por seguidores del presidente José Tadeo Monagas en 1848.

Cabello había declarado días antes que el presidente Chávez “era como el muro de contención de las locuras que a veces se nos ocurrían” en el gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), que encabeza tras la desaparición de su líder histórico.

Entretanto, fue arrestado el general retirado Antonio Rivero, quien se pasó a la oposición después de servir en el gobiernos de Chávez como director de Protección Civil.

A Rivero se le acusa de “asociación para delinquir”, bajo los parámetros de una ley antiterrorista sancionada hace un año, después que un vídeo lo mostró dando instrucciones a jóvenes que protestaban en calles de Caracas tras anunciarse el triunfo de Maduro.

En varias ciudades del interior hubo grandes manifestaciones, algunas severamente reprimidas por la policía y la militarizada Guardia Nacional, con saldo de varios heridos y decenas de detenidos. Al menos dos sedes partidarias, una del PSUV y otra de la opositora Acción Democrática, fueron incendiadas.

En paralelo, el gobierno denunció que militantes opositores atacaron en varios estados del país centros de salud de “misiones” atendidas por médicos cubanos y que 10 partidarios del PSUV perecieron baleados en el marco de esos ataques, la semana posterior a los comicios. La Fiscalía General investiga esas muertes.

Maduro declaró “héroes de la patria” a los adherentes fallecidos durante las protestas opositoras y el canciller Elías Jaua opinó que “la burguesía atacó misiones emblemáticas y descargó su odio contra el pueblo”.

El gobierno y dirigentes oficialistas acusaron a Capriles como instigador de los desmanes, y la ministra de Servicios Penitenciarios, Iris Varela, dijo que ya tiene lista la celda para el excandidato, y también que los parlamentarios opositores “se merecían esos coñazos (puñetazos)”.

“Es gravísimo que las cabezas de los poderes públicos manejen ese lenguaje, tengan esa conducta y que Maduro no los desautorice. Las relaciones entre Estado y sociedad reguladas por la civilidad, es decir, por el reconocimiento, el respeto al otro, el diálogo para construir consensos, viven su crepúsculo”, opinó López Maya.

La analista agregó que “la democracia venezolana se muere entre el autoritarismo militarista, que está cristalizando, y la anarquía. Que tal régimen sea de izquierda o de derecha da igual, es un retroceso político lamentable”.

Maduro “ha demostrado, en el poco tiempo de gestión que lleva hasta ahora, una vocación autoritaria”, dijo a IPS el coordinador de la organización no gubernamental humanitaria Provea, Marino Alvarado.

Provea, al denunciar la represión de las manifestaciones postelectorales, fue acusada por Jaua y el ministro de Información, Ernesto Villegas, de ser “retaguardia del fascismo”.

Otra característica del presente venezolano es el intenso uso de los términos “fascismo” y “fascista”, que oficialistas y opositores atribuyen a la otra acera de la lucha política.

El Foro por la Vida, una coalición de organizaciones humanitarias, reclamó la conducta de los poderes públicos, condenó la violencia en el parlamento, pidió cesar la represión y demandó que se abran espacios de diálogo y respeto entre los luchadores políticos.

Alvarado también observó “una merma en los derechos políticos de la ciudadanía cuando se cercenan los derechos de representación y palabra de diputados electos por el pueblo”.

Adicionalmente expresó preocupación por “una militarización creciente de la sociedad y del Estado, continuada por Maduro con la colocación de más oficiales en cargos de naturaleza civil y su orden de sacar militares a vigilar y patrullar zonas urbanas”.

Con el fin de enfrentar un desbordamiento de la actividad criminal, que dejó tan solo en Caracas 498 muertes en abril, el lunes 13 unidades de la Fuerza Armada se sumarán a las policías civiles en el patrullaje de varios sectores de la capital.

Provea destacó “el potencial riesgo para los derechos humanos” de la iniciativa, pues en los últimos 15 años en distintos hechos 315 civiles perecieron por la acción de efectivos militares.

Fuente: La Patilla

Revisemos el pasado y el presente para proyectar futuro

FelipeEliasMujicaLas realidades que se han vivido en Latinoamérica dejan claro que tras las divisiones y siembras de odio en nuestras sociedades, nos cuesta mucho cerrar las heridas que dejan los regímenes dictatoriales, autocráticos y totalitarios.

Cuando el gobierno de Maduro criminaliza la protesta de los estudiantes de Barquisimeto, presuntamente torturados cuando fueron procesados ante los secuestrados órganos judiciales, nos recuerda el atropello de la dictadura cívico-militar en Argentina contra los jóvenes de educación media en la ciudad de La Plata. Ese caso en especial terminó con el terrible saldo de secuestros y asesinatos en la llamada “Noche de los Lápices”. Nunca más queremos vivir eso en nuestras naciones.

El caso de la detención arbitraria del general Rivero y la golpiza que recibieron los diputados de oposición en la sede de la Asamblea Nacional, nos hace revivir episodios del ayer de Chile y Argentina, entre otras naciones donde se promovió la persecución de dirigentes políticos inicialmente, luego vinieron detenciones, torturas y finalmente desaparecidos ¿A dónde llegaremos en Venezuela?

No podemos negar que en el país la polarización y el odio es extremo, la situación actual nos puede llevar a transitar caminos de terror. El oficialismo exacerba la división, un juego en el que los únicos perdedores somos los venezolanos. Nunca más se puede permitir que los regímenes se crean dueños de la vida y de la muerte.

En Venezuela estamos obligados a detener esa ruta. Aún los argentinos padecen escenarios irreconciliables, luego de vivir una terrible dictadura de juntas militares encabezadas por el comandante del ejército Jorge Videla. En Chile, la integración y conciliación entre las víctimas y victimarios de la dictadura de Augusto Pinochet, marcha a paso de morrocoy, muchos chilenos llevan su calvario con dignidad para hacer viable a su patria.

Tanto Videla (aún vivo) como Pinochet han sido desacreditados y juzgados por múltiples crímenes, ellos dirigieron una lucha fratricida y condujeron a sus pueblos a sufrir terribles vejaciones. Hoy esas sociedades quisieran escuchar que le pidan perdón al pueblo. Sabemos que ese gesto no existirá. A pesar de esos temas pendientes, argentinos y chilenos han ido alejando el sentimiento de venganza por el beneficio nacional.

Esas realidades históricas nos tienen que llevar a todos los venezolanos a fortalecer nuestras convicciones democráticas, a pesar de los conflictos, a pesar de las posiciones encontradas, todos tenemos que unir esfuerzos para producir los consensos necesarios que produzcan la reconciliación en Venezuela.

En la patria de Bolívar cabemos todos, no debe haber lugar para el odio, tampoco para la revancha. Juntos tenemos que construir un país donde nos reconozcamos y podamos convivir ¡Sí podemos dirimir nuestras diferencias en democracia! Abandonemos la cultura del balazo y proyectemos las bondades de la diversidad y la cultura de los derechos humanos.

@FelipeMujica

130 países creen que no hay democracia en Venezuela

ComunidaddelasDemocracias

Caracas, 6 de mayo, 2013.- Los representantes de 130 cancillerías de países considerados democráticos se dieron cita la semana pasada en Mongolia, en la Cumbre de la Comunidad de las Democracias. Venezuela fue incluida en el pequeño grupo de 16 naciones que no fueron invitadas por no reunir los estándares mínimos para ser consideradas como poseedores de un sistema democrático.

La ausencia de Venezuela no impidió que sí estuviera un venezolano: Carlos Ponce es directivo de la referida Comunidad y explicó: “A diferencia de la OEA y Naciones Unidas, la Comunidad de Democracias tiene unos requisitos para entrar. Tiene que ser un país con elecciones libres, que se respeten los derechos humanos, que garantice la libertad de prensa y de asociación, que el estado de derecho se respete. Tiene que tener algunas condiciones básicas para ser parte de esta especie de club de naciones democráticas. A este solo pueden pertenecer las cancillerías, y tiene un componente de sociedad civil, yo estoy dentro de ese componente”.

Indica Ponce que aparte de las 130 naciones consideradas democráticas se extendió también la invitación a 30 más cuya situación se considera que puede mejorar.

En Latinoamérica, solo Cuba, Venezuela y Nicaragua no fueron invitadas a la Cumbre, también destacan en este grupo Irán, Myanmar y Egipto.

Explica que el grupo tiene un Secretariado y un Comité Directivo permanente, además hace una reunión de cancilleres cada dos años, donde los ministros discuten las crisis en el mundo, y se ponen de acuerdo en las estrategias de acción. Es a ese Comité Directivo al que el corresponde la evaluación de los países para decidir la invitación.

El abogado recuerda que Venezuela dejó de ser invitada desde 2007, año del cierre de Radio Caracas Televisión (RCTV), pero que en 2013, Mongolia propuso que se revisara el caso venezolano después de las elecciones presidenciales, para considerar la invitación al foro. “Pero, cuando hubo los resultados electorales que se dieron y ocurrió una reacción bastante intolerante del nuevo Gobierno y se violentaron los principios democráticos se acordó que no se iba a invitar”, explicó.
“Lo que están diciendo los gobiernos es que este nuevo Gobierno que arrancó tras los comicios del 14 de abril (presidido por Nicolás Maduro) tampoco puede considerarse democrático”, aseveró.

Todo se sabe.- Carlos Ponce señala que en el mundo se sabe lo que está pasando en Venezuela.

“Cuando están en un lugar donde no tienen la presión diplomática de Venezuela, los países son más libres para expresarse abiertamente sobre lo que ocurre en el país”, indicó el representante de la Comunidad de las Democracias.

Añadió que “hay unos gobiernos que se aprovechan de la chequera petrolera y por eso dan el aval (al Gobierno venezolano), pero es entre comillas, porque cuando están a nivel internacional ninguno defiende a Venezuela, a menos que lo presionen para hacerlo”.

Señaló que en estos momentos, ninguna organización en el plano internacional apoya lo que está pasando en Venezuela, “incluso los principales intelectuales de izquierda en el ámbito internacional dicen que lo que está pasando en el país no tiene nada que ver con lo que es la izquierda”, dijo.

Sobre las acciones de la oposición para denunciar lo que acontece en el país, el abogado Carlos Ponce cree que a la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) le falta mayor planificación a la hora de trazar la estrategia internacional.

Dijo que en las reuniones multilaterales es común ver a personas provenientes de Libia o Egipto. “Este lobby internacional permanente ha faltado”, destaca.

Por otra parte, cree que esa forma de actuar del Gobierno venezolano ante la comunidad internacional “como matón de barrio, presionando a los gobiernos u ofreciendo intercambio de cargos a nivel internacional”, ya no le está dando tantos resultados.

“Venezuela se ha acostumbrado a abusar y eso ha generado un cambio en la percepción de los gobiernos, yo lo he visto”, aseguró el miembro de la directiva de la Comunidad de las Democracias.

Fuente: El Universal / rtheis@eluniversal.com

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