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La superación de la dictadura económica

Dictadura economica ¿Es o no dictadura? Los venezolanos vamos aprendiendo que una dictadura no es siempre el producto de la toma violenta del poder. Hemos visto cómo un gobierno electo se puede hacer progresivamente dictatorial. Estamos comprendiendo, además, que esta segunda modalidad resulta más perniciosa que la primera pues se presta a dudas diversas. Para muchos es evidente que la represión, la persecución y la prisión por razones políticas, unidas a la ausencia de separación de poderes y a la hegemonía comunicacional, definen al régimen como una dictadura. Otros, sin embargo, continúan hablando de un gobierno con cierto sesgo autoritario, pero legitimado periódicamente mediante elecciones. Mi argumento es que el régimen optó por el camino dictatorial hace varios años, al asumir al socialismo del siglo 21 como su programa político.

El socialismo es intrínsecamente dictatorial. El socialismo del siglo 21 es una nueva forma de comunismo. Lo dijo el propio Fidel hace algunos años. Y cualquiera que lea el “Plan de la Patria” podrá corroborarlo. Este socialismo asume la lucha de clases como premisa para interpretar la dinámica social e impulsar su transformación. Comparte, además, la idea de que la única forma de superar esa lucha es haciendo menguar la propiedad privada. En el “Libro Rojo” del PSUV, por ejemplo, en medio de retórica marxista se dice: “la propiedad privada de los medios de producción determina en cualquier sociedad las relaciones de trabajo, las relaciones humanas y todos los aspectos de la vida, negando los objetivos de una sociedad humanista, solidaria, socialista”. Por ello, el acoso a la supuesta clase propietaria es uno de los aspectos fundamentales del proyecto político revolucionario. También lo es el control integral del proceso económico. Tales pretensiones significan, desde luego, violar las libertades económicas y generar numerosas resistencias entre los afectados por las políticas socialistas. Es por ello que el socialismo tiene que ser una dictadura económica. Esto es algo que fue previsto por el pensamiento marxista, que abogaba por la “dictadura del proletariado” como fórmula para manejar la conflictiva transición hacia el comunismo. De hecho, en el citado Libro Rojo se habla de concentrar el poder “… como forma de superar la concepción liberal burguesa de la separación formal de poderes”.

La debacle del socialismo profundiza la dictadura. El socialismo, entendido como transición hacia el comunismo, destruye los incentivos para la inversión y el emprendimiento. Lo cual se ha traducido invariablemente en pobreza, escasez y racionamiento. El socialismo ha creado también Estados burocráticos, ineficientes y corruptos, cuyo sostenimiento ha resultado finalmente imposible. Varios regímenes socialistas, enfrentados a problemas fiscales insuperables, han acudido incluso al financiamiento mediante la creación de dinero, generando graves episodios inflacionarios. Tal cúmulo de problemas ha provocado el natural descontento social, enfrentado por las dictaduras socialistas mediante variadas estrategias represivas. Y ya no solo contra los supuestos burgueses explotadores del pueblo, sino contra el pueblo mismo.

Un mercado competitivo es democracia económica. Frente al socialismo del siglo 21 no ha cobrado fuerza aún una visión alternativa. Muchos pensamos que, en realidad, solo una economía de mercado es compatible con la libertad de las personas y, por tanto, con el despliegue de su capacidad creadora y su espíritu de emprendimiento. Aclaro, sin embargo, que no toda economía de mercado logra eso. No lo hacen economías de mercado de tipo oligárquico (en las que el poder económico se concentra en pocos grupos sociales) o de tipo monopólico. Sí lo ha hecho la llamada economía social de mercado, caracterizada por la existencia de instituciones que no solo garantizan los derechos económicos y evitan la conducta depredadora, sino que promueven la competencia entre los agentes económicos. En una economía así una empresa solo alcanza el éxito si logra satisfacer las necesidades de los consumidores. La economía social de mercado es, pues, democracia económica. Su fin último es que el crecimiento de la productividad, resultado de una economía competitiva y pujante, nos beneficie a todos como consumidores, elevando nuestra calidad de vida. Y esa es una de las razones, para quien se lo pregunte, del uso del adjetivo “social” junto al término “mercado”.

Roberto Casanova
@roca023

Democracia y dictadura incompletas

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Caracas, 12 de agosto, 2013.- El régimen establecido por el chavismo en Venezuela no es una dictadura como muchos lo han catalogado, pero tampoco es una democracia como sus líderes en Caracas quieren hacer ver. Se trata en cambio del más fiel ejemplo que tiene América Latina del “ Autoritarismo Competitivo”, un modelo hibrido con altas dosis de tiranía pero con un rostro electoral.

Y es que la academia tiene una definición para este tipo gobierno. Los profesores estadounidenses Steven Levitsky y Lucan Way en el 2010 publicaron un libro sobre el tema, analizando la aparición de nuevos regimenes que violan los principios democráticos más básicos pero que se legitiman con la realización de elecciones, aunque generalmente en condiciones tan desiguales que es altamente improbable que la oposición pueda ganar.

Es un fenómeno que cobró mucha fuerza en el final de la Guerra Fría, con más de 35 países en los que ha hecho aparición, incluyendo naciones que van desde Azerbaiján hasta Zimbawe, y que en América Latina tiene su mejor representación en Venezuela, dijo Levitsky en una entrevista.

“Yo diría que Venezuela es el caso más ilustrativo de lo que es este tipo de regímenes y que los casos de Bolivia, Ecuador, y Nicaragua también entran en esta clasificación, pero son menos duros, manteniéndose más cerca de la raya de diferenciación”, dijo Levitsky

Pese a que la oposición venezolana cantó fraude en las pasadas elecciones presidenciales de abril, el profesor de Harvard aún no considera que la nación sudamericana terminó de entrar en la casilla destinada para las dictaduras.

“Venezuela sigue siendo un régimen de autoritarismo competitivo. Hubo una elección bien peleada. A la gente se le olvida lo que son las dictaduras. Una dictadura es lo que había en la Unión Soviética bajo Stalin. Una dictadura es lo que se instauró en Cuba, particularmente en los sesenta y los setenta. Una dictadura es Mao en China”, sostuvo.

“Lo que tenemos en Venezuela es un régimen electoral, un régimen donde hay una oposición que todavía está en la calle, y no en la cárcel; donde aún hay medios que critican al gobierno, y que hay sobre todo una oposición que compite, no en condiciones justas, pero que compite por el poder. Yo diría que sigue siendo un ejemplo clarísimo de lo que es el Autoritarismo Competitivo”, explicó.

No obstante, el régimen chavista no puede ser catalogado como democrático.

En el libro, Autoritarismo Competitivo: Regimenes Híbridos Después de la Guerra Fría, Levitsky junto con Way argumentaron que este tipo ordenamiento político no puede ser interpretado como una democracia imperfecta o en transición sino como un régimen no democrático con sus propias características.

En esencia, se tratan de regímenes donde existen instituciones democráticamente formales que permiten elecciones, pero donde los gobiernos electos violan las reglas de juego con tanta frecuencia que incumple con los estándares mínimos convencionales para la democracia.

En América Latina, el surgimiento de estos regímenes ha estado arraigado en el populismo en países con instituciones democráticas débiles, dijo Levitsky.

Es por ello que países como Ecuador y Bolivia son tierra fértil para este tipo de movimiento, como lo era Venezuela a finales de la IV República, cuando los partidos políticos entraron en crisis.

Este fenómeno no es totalmente nuevo en la región, ni está reservado para los países que se han sumado a la corriente del Socialismo del Siglo XXI. Estuvo presente por décadas en México, durante el gobierno del Partido Revolucionario Institucional (PRI), y bajo Alberto Fujimori en los años noventa, comentó el profesor.

Pero ahora reaparece en la región con nueva cara, repotenciado por el auge de las materias primas.

“Los gobiernos tienen mucha más plata. Las condiciones económicas en general están mejores y los gobiernos tienen demasiados recursos”, comentó Levitsky.

“Eso ha estabilizado los regimenes. Que un gobierno pudiera durar diez años en Ecuador era algo impensable hace 20 años”, dijo.

Pero los recursos solo logran mantener a estos regímenes con vida artificialmente. Su incapacidad de resolver los problemas de la sociedad significa que su permanencia en el poder tiene fecha de expiración.

“Estos regímenes en realidad son débiles y se sostienen con los recursos que van directamente al estado, con la exportación de minerales y del petróleo. Eso estabiliza el régimen, le da recursos para cortar medios, para debilitar a la oposición. Pero cuando se le acaban los recursos, es allí que comienzan los problemas”, dijo.

Para evitarlos en el futuro, los países deben fortalecer sus instituciones democráticas y el electorado debe abstenerse de favorecer a los outsiders, candidatos que se presentan con una plataforma antisistema, normalmente sin el respaldo de partidos políticos tradicionales, con la promesa de emprender grandes transformaciones.

Ese camino, advirtió Levitsky, muchas veces conduce al autoritarismo.

Pero la responsabilidad también recae sobre los partidos políticos, los cuales deben entender que la incapacidad de brindar respuesta a los problemas del país con el tiempo se transforman en peligrosos riesgos para todo el sistema.

“Cuando los servicios básicos, empezando con seguridad, no funcionan un gobierno tras otro gobierno, tras otro gobierno, la gente termina convencida que todos los partidos son iguales, que todos los políticos son corruptos y terminan por estar mucho más dispuestos a votar por un outsider”, advirtió.

Fuente: El Nuevo Herald