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Hablemos de inflación y mercado

roberto-casanova Hace días conversaba con un amigo -demócrata cabal y, por tanto, opositor- sobre la llamada Ley de Precios Justos. Me preguntó si no pensaba yo que los márgenes de ganancia en Venezuela eran excesivos. Que, a su juicio, muchos empresarios venden los productos a precios muy superiores a los que les costó producirlos o importarlos. Que esa era la causa de la inflación. Concluía confesándome, preocupado, que no encontraba cómo oponerse a esa ley socialista.

Mi primera respuesta consistió en devolverle otra andanada de preguntas. ¿Y por qué sólo hay inflación en Venezuela (y en un par de países más)? ¿Es que acaso se concentraron aquí todos los especuladores? ¿Tiene sentido que un empresario eleve los precios de sus productos hasta que nadie se los compre? ¿Acaso es lo mismo obtener una ganancia de, digamos 10%, en una economía estable, a obtenerla en una de las economías de mayor riesgo del planeta? ¿Habrá o no una relación entre el alza de todos los precios y el aumento en la cantidad de dinero que circula en la economía? ¿Y no está ocurriendo que la cantidad de dinero crece desmesuradamente porque el Banco Central está financiando al gobierno? ¿Acaso no sabe que ningún país que haya superado la inflación lo ha logrado controlando precios y persiguiendo a empresarios, sino manejando responsablemente su política económica y promoviendo la competencia?

Mi amigo quedó algo aturdido con este interrogatorio.

Este intercambio de preguntas refleja uno de los problemas más importantes que enfrentamos hoy. No contamos con un conjunto mínimo de acuerdos que nos permita salir de la crisis en la que nos ha hundido el socialismo y construir una economía próspera y productiva. Una tarea política ineludible es promover un debate amplio y serio al respecto.

En ese debate yo defenderé a la economía social de mercado como la mejor opción. Esta doctrina -que, a pesar de lo que su nombre sugiere, es más que una propuesta económica- ha demostrado su capacidad para hacer que el progreso económico y la productividad creciente redunden en provecho del consumidor; es decir, del pueblo.

Algunos de los principios que defiende esta doctrina tienen relevancia para nosotros:

1) El precio refleja la valoración que hacen los consumidores de un producto. Es esta valoración lo que hace que estemos dispuestos a pagar los costos en los que se incurrió en la producción de lo que deseamos. Si un producto es muy valorado su precio será alto, independientemente de los costos para producirlo.

2) La función empresarial cumple la tarea de coordinar el proceso económico. La función empresarial (que no es lo mismo que el llamado sector empresarial) la cumple cualquiera que, ante oportunidades de mercado asociadas a cambios en las valoraciones de los consumidores, en la tecnología o en otras cosas, genera productos para obtener alguna ganancia. Ese proceso creador supone articular recursos productivos de diversa naturaleza y competir con otros proveedores. La ganancia es el ingreso que se logra por desempeñar exitosamente esta función de coordinación, realizando un cálculo acertado sobre los precios de productos e insumos.

3) La mejor forma de favorecer al consumidor es mediante la competencia entre empresarios. Una economía basada en la libertad y la competencia logra compatibilizar el interés individual y el interés general, en una forma no igualada por ningún otro tipo de economía. La razón es que, cuando hay competencia, el empresario sólo puede lograr su propio éxito en la medida en que sirve al consumidor. Y ello le impulsa a ser más productivo y a disminuir sus costos y sus precios.

4) La inflación es un fenómeno monetario. La inflación está siempre asociada al crecimiento sostenido de la cantidad de dinero, crecimiento que excede significativamente al de la producción de bienes y servicios. Una de las razones de ese desequilibrio es el uso de los bancos centrales para financiar los déficit gubernamentales. El principal culpable de la inflación venezolana es el Directorio del BCV, el cual viola el artículo 320 de la Constitución, que dice: “En el ejercicio de sus funciones el Banco Central de Venezuela no estará subordinado a directivas del Poder Ejecutivo y no podrá convalidar o financiar políticas fiscales deficitarias”.

Espero que mi amigo halle aquí algunos elementos útiles para continuar nuestro debate particular sobre el tema. Y que algunos políticos se animen a promoverlo en todos los espacios que tengan a su alcance.

Roberto Casanova
@roca023

La inflación reprimida nazi y el milagro alemán

Los tiempos del dominio nazi sobre Alemania fueron tiempos de desmesura, represión y miedo. La política económica reflejó claramente esos rasgos, sobre todo en los años finales de ese régimen totalitario. Algunos textos de Wilhelm Röpke sintetizan con claridad lo sucedido. Vale la pena citarlos in extenso.

Desde 1933, el nacionalsocialismo alemán ha demostrado que un Gobierno dispuesto a todo es capaz de convertir una inflación abierta en inflación reprimida manteniendo la presión de la inflación sobre precios, salarios, tipos de cambios y cotizaciones de valores mediante una economía coercitiva que lo abarque todo (control de divisas, racionamiento, inmovilización de precios y de salarios, regulación del consumo, fiscalización del capital y de las inversiones…). (…) Pero cuanto más aumenta la inflación tanto más se acentúa la presión, que se trata de compensar mediante la economía coercitiva. Y tanto más amplia y desconsiderada ha de ser también la economía coercitiva para poder detener la creciente presión de la inflación…”[1]

Se trataba de un Gobierno que, urgido de recursos para financiar un enorme y creciente gasto público, promovió una inflación que luego “prohibió”, mediante un sistema de economía de guerra cada vez más estricto. Continúa Röpke:

“A medida que el efecto inflacionista de dinero hace subir precios, costes y tipos de cambio, el cada vez más amplio y elaborado aparato de la economía coercitiva intenta contrarrestar esta subida mediante medidas policíacas. La inflación reprimida se convierte así en un sistema de valores coactivos ficticios, que suele estar inseparablemente unido al usual sistema económico del colectivismo (…) La distorsión de todas las relaciones de valores, la coexistencia de mercados `oficiales´ y `negros´ y el antagonismo entre quienes rigen el mercado y el Estado, que lucha desesperadamente por conservar su autoridad, conducen al fin a una situación caótica, en la que falta prácticamente toda clase de orden (…) El camino de la inflación reprimida termina, pues, en el caos y la paralización”[2].

Luego de la derrota bélica de Alemania no existía consenso, en materia de política económica, acerca de la estrategia para superar el pesado legado del régimen nazi. En esas circunstancias, algunos pensadores (como Alfred Müller ArmackWilhelm Röpke y Walter Eucken, entre otrosy varios políticos (como Konrad Adenauer y, en particular, Ludwig Erhard), promotores de lo que venían llamando como “economía social de mercado”, supieron aprovechar las posiciones que ocupaban para, a partir de 1948, impulsar un programa de reformas económicas.

El problema central a enfrentar era, dicho en breve, una mezcla de inflación y colectivismo. La reforma tuvo dos componentes. Por un lado, crear disciplina en materia monetaria y fiscal. Por el otro, la eliminación del “…aparato de represión (precios máximos, racionamiento y los demás elementos de la economía coactiva), volviendo a la libertad de los mercados…”[3]. En el marco de este segundo componente, se prestó especial atención a promover un ambiente de efectiva competencia, limitando cualquier tendencia a la concentración económica y al surgimiento de monopolios. De este modo, “del caos y del marasmo de la economía planificada inflacionista surgieron las dos columnas de un auténtico orden económico: la fuerza directora e impulsora que radica en los precios libres y la estabilidad del valor del dinero”[4].

La reforma contó con detractores desde su comienzo, incluidos, por cierto, los funcionarios estadounidenses que ejercían la autoridad en determinados ámbitos en la Alemania ocupada. PeroErhard y otros impulsores de la economía social de mercado mantuvieron la confianza en lo que hacían y se dedicaron a convencer a sus compatriotas, con sentido pedagógico y habilidad política, sobre la conveniencia de las medidas adoptadas. Al cabo de pocos años los resultados obtenidos en materia de crecimiento y bienestar fueron tan favorables que el período fue calificado por algunos como el del “milagro alemán”.

Varios autores, sin embargo, sin desmerecer esta notable experiencia, han sostenido que, en realidad, no hubo nada milagroso en lo que ese país logró. Afirman, en tal sentido, que los resultados alcanzados eran los que debían esperarse si eran ejecutadas, con la prudencia necesaria, políticas liberadoras del emprendimiento económico. El propio Erhard afirmó que “Lo que se ha llevado a cabo en Alemania… es todo lo contrario a un milagro. Es tan sólo la consecuencia del esfuerzo honrado de todo un pueblo que, siguiendo principios liberales, ha conquistado la posibilidad de volver a emplear iniciativas humanas, humanas energías”[5].

Es correcto, pues, considerar que la economía social de mercado es, básicamente, economía de sentido común. Tal vez lo que resulte impresionante sea que, luego de largos años de dominio totalitario y en un entorno mundial de creciente estatismo, Alemania Federal hubiese mostrado semejante sindéresis. Esta reforma “…de elección en elección, fue ampliando la base política de la economía de mercado, al principio muy escasa, llegando por último a obligar a los socialistas a admitirla y borrar poco a poco de sus programas los dogmas típicos socialistas de la planificación económica y de la socialización”[6].

La gran lección de la economía social de mercado para la historia ha sido que cambios económicos y sociales profundos y favorables pueden ser logrados si se piensa y actúa con sensatez.

Roberto Casanova
@roca023

Publicado originalmente en Prodavinci
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[1] Röpke, Wilhelm (2007).

[2] Ibíd.

[3] Ibíd.

[4] Ibíd.

[5] Erhard (1989).

[6] Ibíd.

Venezuela: cómo vivir con la inflación por las nubes

Inflación

Caracas, 5 de agosto, 2013 (BBC Mundo).- Sólo el 36,4% de Siria y el 40,8% de Irán superaban en marzo el 24,2% la inflación anualizada de Venezuela, según las últimas cifras disponibles del Fondo Monetario Internacional que permiten hacer una comparación global del índice de precios.

De hecho, al revisar las estadísticas del FMI, Venezuela está codo con codo con el 22% anual de Bielorrusia, país que fue el “campeón mundial” de la inflación en 2012 (con casi 60%).

Tanto Irán y Siria, como también Bielorrusia son estrechos aliados políticos de Venezuela fuera de América Latina. Pero la nación sudamericana es la única de este grupo que no está en medio de una guerra civil o sometida a sanciones económicas por parte de Naciones Unidas o la Unión Europea.

Al contrario, Venezuela tiene las reservas probadas de petróleo más grandes del mundo (bajo control del Estado), y al país ingresan cada año unos US$85.000 millones por concepto de exportaciones de crudo.

No obstante, la familia común venezolana padece la escasez recurrente de bienes básicos y además tiene que hacer malabarismos y apretarse el cinturón para no sucumbir ante una cesta de la compra que cada vez supone un golpe más duro para el bolsillo.

Apretándose el cinturón.- “Hace un año en mercado gastaba 2.500 bolívares (US$396, al cambio oficial), ahora no bajo de 4.000 (US$634) y sólo con lo necesario. Ya no compro chucherías (dulces), nada de helados o chocolates”, le contó a BBC Mundo Josefina, ama de casa jubilada residente en un barrio acomodado del este de Caracas.

Es decir, esta jubilada, que describe la situación que vive el país como “crítica”, ha sobrellevado la inflación a base de evitar gastar en lo no esencial.

“Para la limpieza, por ejemplo, antes compraba productos específicos para baldosas, poceta (inodoro)… Ahora me tengo que aguantar con uno genérico para el baño”, agregó.

Por su parte, Fabiola, empleada de hogar residente en el peligroso y depauperado barrio de Petare, casualmente también comenta que al hacer mercado hace un año gastaba 2.500 bolívares y ahora 4.000, aunque en su caso es para una familia de tres.

Al igual que Josefina, Fabiola se las arregla renunciando a cosas, aunque más básicas. “Antes compraba casi de todo, hasta carne, ahora de carne nada, echo de menos la carne, pero es que está todo muy caro”, le dijo a BBC Mundo.

“El pescado ya me tengo que ir cohibiendo. Gracias a que el pollo tiene el precio regulado (lo puedo comprar), aunque es difícil conseguirlo”, agregó.

Fabiola dejó de acudir a la red estatal Mercal, atractiva por sus precios subvencionados, pero que normalmente se caracteriza por enormes filas de compradores, lo que obliga al consumidor a llegar al filo de la madrugada para conseguir puesto que tenga probabilidades de comprar el producto.

“Hay gente que amanece en la puerta del Mercal. Hay que estar allí desde las cuatro de la mañana para alcanzar a comprar algo y la verdad es que no vale la pena arriesgar la vida saliendo a esa hora por Petare”, dijo.

40%.- Cuando se revisan las cifras oficiales del Banco Central de Venezuela (BCV) se aprecia que la inflación anualizada -según los últimos datos disponibles- se acerca a 40%.

Nada más en la primera mitad del año, el índice de precios subió 25%, lo que ya supera el costo de la vida anualizado que estimaba en marzo el FMI.

Sólo en el rubro de alimentos y bebidas no alcohólicas, en lo que va de año, los precios han subido más de un 31%.

Por poner un ejemplo concreto, el huevo –alimento de alto consumo que no está sometido a precios regulados– hace un año se decía que se había “disparado” a los 40 bolívares (US$6,3) por un cartón de 30 unidades.

El ascenso del producto, por lo visto, no ha hecho más que acelerarse y con ese dinero, en la actualidad, sólo se puede adquirir una docena.

Eso, entre otras cosas, porque es un producto que no está en la lista de los sometidos a control de precios del gobierno, como lo están el pollo, la leche o el pan, entre otros.

Estos continúan a precios asequibles para los venezolanos, el problema es que son los afectados por la escasez, desaparecen recurrentemente de las estanterías.

El presidente Nicolás Maduro habló recientemente de un “sobrecalentamiento del consumo” para explicar la inflación en Venezuela.

“Lo vamos a corregir, a resolver con más producción. También estamos trayendo algunos productos”, dijo el presidente en un acto público en junio. Según el Instituto Nacional de Estadística, Venezuela importa el 30% de los alimentos que consume.

El objetivo declarado por el ministro de Finanzas, Nelson Merentes, es reducir la inflación a valores de un solo dígito en 2014. El ministro afirmó la semana pasada que incluso prevé que, al tiempo que se acelere el crecimiento, se ralentice la subida de precios.

“La inflación, no es que se va a reducir su monto global, pero sí se va a desacelerar con respecto al primer semestre. Es decir, que parece que no vamos hacia esa vía que plantean algunos analistas”, dijo aludiendo a quienes hablan ya de “estanflación”, inflación con estancamiento.

“La mayor del mundo en 2013″.- Sin embargo, no son pocos los analistas poco optimistas. Uno de ellos es el economista Jesús Casique, director de la consultora Capital Market Finance, quien prevé una aceleración de la subida de precios para los últimos meses del año.

“El último trimestre va a repuntar. Tenemos que tomar en cuenta el próximo incremento salarial y que el último trimestre las empresas pagan bonos y aguinaldos, lo que tiene impacto en la demanda y los precios”, le dijo Casique a BBC Mundo.

El analista explica la altísima inflación del país por las políticas del gobierno de incrementar la cantidad de dinero en circulación y el alto nivel de gasto público, el “desorden monetario y el desorden fiscal”, afirma.

“La liquidez monetaria ha crecido un 64% de julio 2012 a julio 2013, y así es imposible controlar la inflación”, le dijo Casique a BBC Mundo.

Además, señaló que en su presupuesto el gobierno estima sus ingresos sobre la base de un precio del barril de petróleo que equivale a la mitad del valor del barril de crudo en el mercado.

“El diferencial son recursos extraordinarios que maneja el Ejecutivo a su libre discrecionalidad, lo que impulsa el gasto y hace que el presupuesto ejecutado resulte en hasta un 40% más que el inicial”, agregó.

Tampoco olvida otros elementos, como la devaluación de febrero de un 46,5%, las tres tandas de aumentos de los salarios decretados por el gobierno, así como la baja productividad que aqueja al país.

Para Casique, la inflación cerrará 2013 entre un 46% y 48%.

“El FMI habla de 27%, pero esa previsión es de abril. Ya es inviable, sólo en el primer trimestre la inflación acumulada es de un 25%. La de Venezuela será la mayor inflación del mundo en 2013″.

 

Un dato mucho más preocupante que la inflación

GerverTorres3Los bancos centrales se han vuelto cada vez más relevantes para el buen desempeño económico de los países. Tanto es así que hasta gobiernos de grandes potencias buscan los mejores candidatos para que los dirijan, incluso fuera de sus fronteras nacionales.

Inglaterra, tierra de legendarios economistas, decidió ofrecerle la presidencia de su banco central a Mark Carney, quien la asumirá luego que termine su periodo como máxima autoridad monetaria de Canadá, su país de origen. Carney es un profesional de larga y brillante trayectoria profesional por lo que goza de gran prestigio en los círculos académicos y financieros internacionales.

En Estados Unidos se discute hoy sobre el sucesor de Ben Bernanke, cuyo segundo periodo al frente de la Reserva Federal termina en pocos meses.  Bernanke ha hecho  uso de sus investigaciones y profundo conocimiento sobre la gran depresión de los años treinta,  para enfrentar las tormentas financieras recientes. Ahora, para elegir su sucesor se considera entre otras opciones,  la de nombrar en el cargo al actual presidente del Banco Central de Israel. Se trata de otro extraordinario economista;  Stan  Fischer, quien entre otras posiciones, se desempeñó como  Vicepresidente del Fondo Monetario Internacional y fue también el  tutor de Bernanke en su tesis doctoral en economía (summa cum laudem) en el  Instituto Tecnológico de Massachusetts. Fisher, por cierto, nació en África y se hizo ciudadano estadounidense en los años setenta.

Por su parte, en Venezuela,  nuestro Banco Central acaba de producir dos noticias. Una se refiere a la tasa de inflación del mes de abril. Esa tasa de 4,3% casi nos garantiza que para este año continuaremos siendo la economía más inflacionaria del mundo. La segunda noticia se refiere a la designación de su nuevo presidente. Se trata de Edmée Betancourt. Sabíamos poco de ella, por lo que decidimos apelar a  Google. Allí encontramos que es ingeniero industrial y que fue ministra de comercio y presidente de Bandes, durante el actual régimen. Nelson Bocaranda dice que “es parte del grupo ideológico de Giordani y se la acusa de manejar con poca transparencia el Banco de Desarrollo Económico y Social así como viajar con sus familiares en las misiones asignadas”.

Entre las dos noticias que han salido del Banco Central hay una estrecha relación. Cuando se lee una de las declaraciones que ha dado la nueva presidente del Banco Central se entiende esa relación: “El control de precios va a continuar; ha sido positivo y en beneficio de la población”.  Tal vez a Edmee Betancourt no le ha llamado la atención que la economía con más controles en America Latina, Venezuela,  es también y por mucho,  la de mayor inflación.

gerver@liderazgoyvision.org / @gervertorres