Socioscopio

 

Un Socioscopio
Socioscopio - Roberto Casanova

A los efectos de ayudar a la comprensión cabal del Socialismo del siglo XXI (en adelante, SSXXI), así como a la sistematización del programa democrático que en forma difusa comparte la mayoría de los venezolanos, la organización civil Liderazgo y Visión viene adelantando el proyecto Socioscopio.
El término Socioscopio sugiere, simplemente, la idea de un instrumento para observar la sociedad. No afirmamos que exista una interpretación verdadera de nuestro entorno social, interpretación que algún instrumento conceptual podría identificar. Sostenemos, por el contrario, que existen diversas concepciones de la sociedad que, en algunos casos, constituyen otros tantos programas políticos. Luego, el Socioscopio no ha sido concebido para el estudio de la sociedad como tal sino para sistematizar las concepciones sobre ella[1]. De esta manera queremos contribuir a promover la reflexión ciudadana en torno a los programas políticos que hoy se enfrentan en nuestro país.

Una manera de pensar un programa político es diferenciándolo en cinco grandes componentes. El primer componente es el que llamaremos Visión y se refiere al conjunto de convicciones y valores a partir del cual se interpreta la historia y se imagina el futuro de una sociedad. El segundo componente se refiere a la concepción del Sistema Económico y a las acciones orientadas a su transformación. El tercero, a la interpretación del Estado (entendido como conjunto de instituciones y como administración pública) y a los cambios que éste debería experimentar. El cuarto, a la comprensión de lo que, en términos generales, denominaremos la Estructura Social y a los procesos que deberían impulsarse en ella. El quinto y último componente es el relativo a la manera de pensar la Política como sistema pero también como quehacer colectivo.

En síntesis:
Subsistemas Socioscopio - Roberto Casanova

No son éstos, por supuesto, los únicos componentes diferenciables dentro de un programa político. En nuestra opinión, sin embargo, esos cinco componentes permiten, conjuntamente, una adecuada comprensión del modelo de sociedad que un programa político intenta materializar y de la manera en que pretende lograrlo. Con base en este esquema hemos intentado caracterizar al SSXXI en el marco del proyecto Socioscopio. Algo similar hacemos actualmente con respecto al nuevo programa democrático.

Una advertencia previa resulta conveniente. No afirmamos que el SSXXI estaba en la mente de quienes accedieron al poder en 1998 – y, en particular, en la del Presidente Chávez – en la forma sistemática en que aquí lo describiremos. Ese programa político viene a ser, más bien, el resultado de un largo y confuso proceso de búsqueda práctica y conceptual. En ese proceso ocurrió que, en algún momento de los últimos años, la influencia de algunos autores y de algunos sectores terminó sesgando definitivamente las ideas de la élite dominante hacia cierta concepción de lo que debía ser el SSXXI, concepción que hoy tiene expresión concreta en diversos documentos oficiales[2].

El Programa de las Cinco “C”

Durante algún tiempo, el SSXXI fue un término flexible que permitía atribuirle múltiples significados[3]. Hoy, luego de conocidos el Primer Plan Socialista de la Nación, la propuesta de reforma de la Constitución y el conjunto de Decretos-Leyes recientemente aprobado, es posible precisar el significado y alcance que tiene el SSXXI para quienes ejercen actualmente el poder. Desde luego, aún se escuchan voces que argumentan a favor de otras interpretaciones del SSXXI, interpretaciones que, en ocasiones, resultan interesantes y dignas de ser públicamente debatidas[4]. Lo cierto, sin embargo, es que la concepción del SSXXI que hoy domina es la que el Presidente Chávez impulsa decididamente y que se expresa con claridad en los documentos oficiales e instrumentos jurídicos antes mencionados. Esta concepción es la que aquí estudiaremos.

Una primera mirada de conjunto al SSXXI, a través del esquema conceptual presentado antes, permite su caracterización a partir de cinco principios. Con respecto a la visión, el SSXXI se inspira, fundamentalmente, en el Comunismo pues asume la tesis marxista según la cual la lucha de clases es el “motor” de la historia de la historia y hace propia la utopía comunista de la igualdad en las condiciones materiales de vida. En materia económica, este programa político persigue el Cercamiento de la propiedad privada de los medios de producción y del sistema de libertades económicas, para hacerlos desaparecer progresivamente y sustituirlos por la propiedad estatal o colectiva de esos medios, por un sistema de intercambio supuestamente alternativo y por la planificación centralizada. En cuanto a la estructura social, el SSXXI propone la Colectivización, es decir, la organización de la vida social con base en Consejos, Comunas y otras entidades similares, en las cuales los intereses particulares quedan supeditados a la voluntad colectiva y al Estado. Con respecto a éste último, la estrategia consiste en la Centralización en el Poder Ejecutivo Nacional de la dinámica política, económica, social, territorial, cultural y militar del país; todos los otros poderes, incluido el nuevo poder comunal que resulte del proceso de colectivización, deberán subordinarse a aquel Poder, supuesta vanguardia de la revolución. Por último, en materia política, el SSXXI asume la inevitabilidad del Conflicto y de la lucha de clases tanto en el plano nacional como en el internacional; lucha que habrá de discurrir por cauces relativamente pacíficos mientras ello sea posible pero que podrá tornarse violenta si las circunstancias así lo determinan.

En resumen:

Con respecto a este programa político es importante que los demócratas no incurramos en dos errores. El primero, subestimarlo al pensar que se trata de un conjunto inconexo de ideas. El SSXXI es un programa coherente si se parte de sus propias premisas. En efecto, si se asume, por ejemplo, que el sistema capitalista es un sistema clasista y de explotación o que las personas pueden ser de alguna manera transformadas para que pasen a privilegiar lo colectivo por encima de lo individual, entonces, la necesidad y la posibilidad de una revolución para crear un orden social de armonía y de justicia pueden ser razonablemente defendida. El asunto está, desde luego, en la validez de las premisas. Si éstas resultan falsas, el armazón doctrinario del SSXXI no puede mantenerse. Así, el SSXXI debe ser tomado en serio y enfrentado en el plano teórico. En especial, deben considerarse las bases de su comprensión de la sociedad y del hombre.

El segundo error que podemos cometer en relación con el SSXXI es sobreestimarlo e imaginar que es un programa viable. Tanto por la fragilidad de sus bases conceptuales y de su propuesta de sociedad como por los procesos que desencadena, el SSXXI ha empezado a generar problemas de todo orden: escasez e inflación en lo económico; burocracia y corrupción en lo estatal; discriminación y conflicto en lo político; desconfianza y resentimiento en lo social. Tales problemas son, en la práctica, los mismos que enfrentaron los socialismos reales del siglo XX. Y aunque los promotores del SSXXI argumenten, como era de esperar, que tales problemas son creados por sus enemigos de clase, la verdad es que ellos son consecuencia inevitable del intento de implantar un programa político desmesurado y voluntarista. El SSXXI ha tenido la capacidad de destruir un orden social pero no ha podido ni podrá construir uno nuevo y sostenible. El SSXXI está condenado a ser otro fallido experimento social a gran escala, como lo fueron las experiencias socialistas del siglo XX. Los costos que la sociedad ha pagado y habrá de pagar por la terca radicalidad de ese programa serán muy altos si los moderados – tanto chavistas como opositores – no logran converger en el terreno común de los valores y principios democráticos y darle forma a un programa político alternativo.


[1] Desde luego, las concepciones sobre la sociedad son un componente fundamental de la propia sociedad. Luego, estas concepciones – o, como las venimos llamando, programas políticos – vienen a ser expresión del proceso mediante el cual la sociedad se piensa a sí misma.
[2] Además de numerosas leyes dictadas en años recientes, tres documentos resultan esenciales para entender al SSXXI. Éstos son: 1) el Proyecto Nacional “Simón Bolívar”, Primer Plan Socialista 2007-2013; 2) la propuesta de Reforma Constitucional; 3) el conjunto de Decretos-Leyes aprobados el 31 de julio de 2008, en el marco de una Ley Habilitante.
[3] Era lo que algunos estudiosos llamarían un “significante vacío”, un término “hueco” que puede ser “llenado” con diferentes significados. Un ejemplo clásico de significante vacío es el término “pueblo”. Véase al respecto a Laclau, Ernesto (2004).
[4] Diversos autores han elaborado teóricamente sobre el SSXXI como un modelo no estatizante ni militarista, profundamente democrático y defensor de las libertades. A título de ejemplo podemos citar a Javier Biardeau: “A los “marxismos del nuevo siglo”, les espera la tarea de repensar las articulaciones entre Democracia radical y Nuevo Socialismo, explorar modelos viables y factibles, con plena expansión de los espacios de libertad, sin explotaciones, discriminaciones ni exclusiones… Este mismo autor reconoce que estos planteamientos no parecieran reflejar la realidad del proyecto que Chávez adelanta en Venezuela. “…No podría asegurar que esto esté en sintonía con la estrategia y táctica política del momento nacional-desarrollista de la revolución bolivariana, con su estilo cesarista de dirección”.