Llevo días sin escribir, no tengo ganas de escribir. Al menos no, en el único rubro que elegí para este blog. Pensé en diversificarme, pero mejor lo hago aquí aunque rompa momentáneamente mi línea de ensayo.
Llevo días asistiendo en silencio a todas las letras que ha desatado el cierre de RCTV. Días en los que muchos bits se han dedicado para declararse a favor o en contra de una medida que en nada depende de nuestro parecer. Extensas transcripciones de leyes que respaldan la decisión del Estado venezolano. Extendidas discusiones sobre la falta de un fallo de la justicia venezolana contra aquellos a quienes se supone culpables, responsables de que esta decisión haya sido tomada.
Nada nuevo hay que aportar sobre esta coyuntura. No solo porque ya todo lo que podía decirse se ha dicho, sino que amén de un responsable ejercicio de opinión, esta comunidad no tiene más qué aportar a una decisión que fue tomada y será ejecutada. Sólo me inspira estas líneas la obstinación ante el cinismo.
Leí toda la explicación sobre la concesión del espacio radioeléctrico en varios blogs y una pregunta me acoquina: ¿se puede centrar la discusión en el plano legal, en un período gubernamental con muestras de debilidad institucional tan severas como a las que hemos asistido?
Tres botones de muestra: Quien hoy ejerce el cargo de Fiscal General de la República, fue Vicepresidente del poder ejecutivo. Quien hoy ejerce el cargo de Vicepresidente del poder ejecutivo, fue Presidente del Consejo Nacional Electoral. Quien hoy ejerce el cargo de Canciller de la República, fue Presidente de la Asamblea Nacional.
¿Puede defenderse el carácter institucional en una gestión que ha demostrado consecuentemente que la separación de poderes no es una característica de su sistema de gobierno? A menos que en la reforma constitucional se indique explícitamente que la separación de poderes deja de ser una característica de este nuevo sistema, toda vez que puede ser endilgada a un sistema liberal-burgués.
¿Podemos afirmar en Venezuela que ningún hombre está por encima de la Ley? Es mejor asumir que no es éste tampoco un rasgo de este sistema político en construcción. Nuestro Presidente sí lo está. Más botones: lo está cada vez que habla del erario público como si fuese su cuenta bancaria personal; lo está cuando demanda de nuestra FFAA la afirmación irrestricta, a todo pulmón, del mismo eslogan que impulsa la gestación de un partido socialista unido y único: patria, socialismo o muerte. Lo está cuando cualquier resistencia a sus mandatos te sumerge de inmediato en la mácula de ser por defecto: contrarrevolucionario, pro imperialista, golpista, etc. Lo está cuando lejos de entenderse como nuestro servidor, se asume como nuestro patrón.
No es congruente defenderse tras el argumento de las leyes ¡Carajo no! Eso es cinismo.
Te tiento con verbo, te callo con ley
Prefiero a quien se goza esta coyuntura recapitulando todos los desaciertos de la línea editorial del canal de Bárcenas. Con esos sí me siento tranquila, porque hay consistencia en su exposición. La exposición del vencedor, del que tiene poder, del que por fin le cobra a otro lo que supone se le debía. Es un juego de poderes, en el que el 4to. poder no puede estar por encima del fin último: la revolución.
La movilización a favor RCTV no tiene que ver con los contenidos del canal, con su calidad o la contribución que haya hecho al imaginario colectivo de los venezolanos. Es ridículo sujetarse a este plano. Antes bien responde al ejercicio necesario de una oposición que no tiene vertederos -partidos políticos- con los cuales ejercer presión, expresar su desacuerdo ante decisiones del mandato presidencial. Ojo que digo del mandato presidencial que no del Estado. El asunto dejó de ser competencia del Estado en el mismo momento que el Presidente, atacando con asertividad las emociones, transformó la decisión en un asunto personal, al afirmar con la vehemencia que lo caracteriza que era su providencia no renovar la concesión y gustase a quien gustase, se ejecutaba y se acabó.
Es la nuestra una oposición reactiva, huérfana, hija directa de tantos años de discurso anti político, que terminó cobrando su factura en la ilegitimidad de hacer de la cosa pública una carrera, un norte y una responsabilidad generacional. Y reaccionamos de igual forma, salvo que, a favor del Presidente, a él le ampara en la afrenta un marco jurídico que ciertamente corresponde al Estado venezolano. He ahí la trampa. Te tiento con verbo y te callo con ley. El Estado soy yo.
Que sí y que no
No es la calidad el argumento de la no renovación de la concesión, porque de ser cierto, además de las complejidades metodológicas para evaluar el gusto –la estética como elección- podríamos especular el cierre de todos los canales nacionales. La calidad de la televisión entró en miseria hace rato, desde el mismo momento que a nuestros creativos productores se les ocurrió que el imperio de la chabacanería, era lo que realmente divertía al pueblo.
Tampoco lo es el ejercicio legal porque a estas alturas del partido es complicado hasta para el más ingenuo separar: el Estado, del Gobierno, de la FFAA, éstas de la revolución y de colofón, separar todas estas entidades y/o entelequias, del Presidente y sus decisiones. ¿No ha hecho el Presidente sus mejores esfuerzos verbales y ejecutivos para convencernos de que él es el arquitecto de la matriz, el alfa y el omega, que lo es todo porque él es el pueblo y viceversa? ¿No son muchos los venezolanos que ante su palabra solo aplauden sin el menor ejercicio crítico porque él es el que es?