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Antes de que la “medida administrativa” contra RCTV se concretara y se convirtiera en contundente evidencia de las aspiraciones de cierto personaje —hasta ayer más o menos difusas para buena parte de la población venezolana— el jefe de gobierno-estado-partido único había señalado que el segundo motor de la revolución —la Reforma Constitucional— podía esperar hasta el 2008. ¡Caramba! ¿Aun cuando la temática había sido colocada en la agenda pública por el mismo actor, apenas meses antes, mediante enérgica y urgentísima creación de la comisión presidencial respectiva?

Ya a estas alturas que duda cabe que el “pistoneo” mostrado en abril por dicho motor ha devenido en considerable avería que —de no ser atendida con brevedad y pericia— podría trastocar en vulgar fundición de máquina. A mí también me ha sucedido que en raudo viaje a donde creía que la iba a pasar de lujo, fallara el perol. Pero ojo, ni de lejos sugería que ello estaba contemplado y que dada la situación, acamparía de lo más sabroso a orilla de carretera.

Lo cierto es que a la iniciativa presidencial el pueblo le percibió el tufillo autoritario y ahora pareciera que le hiede a pretensión totalitaria. Y es que la forma y extensión que adquirió la movilización estudiantil posterior al 27 de mayo —y que amenaza por mantenerse un tiempito más— fue una especie de jamaqueo o alarma colectiva en tal dirección. Acontecimientos estos que comenzaron por un tema, en cierto modo de derecho privado, como lo de RCTV, y que ya van por el hecho absolutamente público y político de la reconciliación nacional; transitando por cuestiones algo abstractas como la defensa de la democracia, la libertad de expresión y los derechos civiles, pero también pisando en asuntos más terrenales como la autonomía universitaria y un largo etcétera que con el tiempo de seguro se incorporarán al rosario.

El saldo es que la variedad y la asertividad de demandas hasta hoy formuladas por el movimiento estudiantil, además de legitimar la permanencia y expansión de sus acciones en tiempo y espacio, han dado pie a que los “hijos de gobierno” y su taita —harto confundidos— le ataquen en cuanto debate se halla efectuado con el “san benito” del proyecto de país que ellos proponen. Indiscutiblemente esta línea de confrontación obedece a un planteamiento estratégico de jerarquía superior, puesto que ni los propios estudiantes pro gobierno han formulado proyecto de país alguno, sino que llegaron al mundo político con el mandado hecho, con su arepita ideológica bajo el brazo: un arcaico proyecto de sociedad elaborado por y para el siglo XIX.

Sin embargo, lo significativo, lo central y también lo contraproducente de la oficialista postura es algo que —por ignorancia y consecuente falta de uso— los jóvenes gobierneros han dejado olvidado en el fondo de sus legendarios mapires. Y esto nos conduce a la respuesta que en algún momento verbalizarán los estudiantes libertarios. Una que está en absoluta concordancia con lo que hasta ahora se ha demostrado en sus pacíficas y muy legales acciones. Con ello producirán aporreo y considerables magulladuras a un régimen que, paradójicamente, incubó la criatura que les hará frente.

Me refiero a que los jóvenes disidentes también vinieron al mundo con su arepota política bajo el brazo. Su pasado es el presente y ello les hace acreedores de un específico proyecto de país, no precisamente para bautizarlo ante el gobierno y su juvenil representación, sino para defenderlo de ellos toda vez que el mismo, aunque inobservado y bajo fuerte amenaza, sigue aun vigente. Pues si: el proyecto de país que los jóvenes están defendiendo no es otro que el está plasmado en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, aprobada en elección universal y por aplastante mayoría de los votos válidos en diciembre de 1999. La mismita que hasta no hace mucho alguien divulgó machaconamente, la calificó con extraordinaria vehemencia como “la mejor del mundo”, y que para más señas —creemos que en su luna de miel con ella— cariñosamente le llamara “La Bicha”.

Ahora bien, para que quede claro que ese es el proyecto de país puesto en juego, permítanme citar ínfima parte de su articulado —no hace falta buscar mucho tan sólo abra el librito azul, cierre los ojos y apunte con el dedo para que tropiece con importantes artículos flagrantemente ignorados— y así ilustrar lo que hoy los muchachos —y mañana la población en pleno— saldrán a defender:

“Art. 187: Corresponde a la Asamblea Nacional:…3. Ejercer las funciones de control sobre el Gobierno y la Administración Pública Nacional…”

“Art. 201: Los diputados o diputadas son representantes del pueblo y de los Estados en su conjunto, no sujetos o sujetas a mandatos ni instrucciones, sino solo a su conciencia. Su voto en la Asamblea Nacional es personal.” Vale decir una representación que vigile y legisle con autonomía. Ojo con grotescas leyes habilitantes que enajenen su sagrada independencia.

“Art 102: …La educación es un servicio público y está fundamentada en el respeto a todas las corrientes de pensamiento, con la finalidad de desarrollar el potencial creativo de cada ser humano y el pleno ejercicio de su personalidad en una sociedad democrática…” Ojo con una educación en valores socialistas o con exclusividades de cualquier otra naturaleza.

“Art. 16:…La división político territorial será regulada por ley orgánica que garantice la autonomía municipal y la descentralización políticoadministrativa. Dicha ley podrá disponer la creación de territorios federales en determinadas áreas de los Estados, cuya vigencia queda supeditada a la realización de un referendo aprobatorio en la entidad respectiva…” La “geometría del poder” está definida en la nación atendiendo a características y dinámicas sociopolíticas de profundas raigambres culturales y condicionantes históricos, su modificación está sujeta a consulta popular. Ojo con la promulgación de territorios socialistas sin la discusión y aprobación del pueblo.

“Art. 230: El período presidencial es de seis años. El Presidente o Presidenta de la República puede ser reelegido o reelegida, de inmediato y por una sola vez, para un nuevo período presidencial.” Zamuro no cuida carne. En criollo este es el sustento del concepto de alternatividad en una verdadera democracia. Ojo con el planteamiento de una presidencia eterna, tanto para esta vida como para la otra.

¿No les parece que estos motores están como pasando aceite?

fbenites@liderazgoyvision.org

 

Llevo días sin escribir, no tengo ganas de escribir. Al menos no, en el único rubro que elegí para este blog. Pensé en diversificarme, pero mejor lo hago aquí aunque rompa momentáneamente mi línea de ensayo.

Llevo días asistiendo en silencio a todas las letras que ha desatado el cierre de RCTV. Días en los que muchos bits se han dedicado para declararse a favor o en contra de una medida que en nada depende de nuestro parecer. Extensas transcripciones de leyes que respaldan la decisión del Estado venezolano. Extendidas discusiones sobre la falta de un fallo de la justicia venezolana contra aquellos a quienes se supone culpables, responsables de que esta decisión haya sido tomada.
Nada nuevo hay que aportar sobre esta coyuntura. No solo porque ya todo lo que podía decirse se ha dicho, sino que amén de un responsable ejercicio de opinión, esta comunidad no tiene más qué aportar a una decisión que fue tomada y será ejecutada. Sólo me inspira estas líneas la obstinación ante el cinismo.

Leí toda la explicación sobre la concesión del espacio radioeléctrico en varios blogs y una pregunta me acoquina: ¿se puede centrar la discusión en el plano legal, en un período gubernamental con muestras de debilidad institucional tan severas como a las que hemos asistido?
Tres botones de muestra: Quien hoy ejerce el cargo de Fiscal General de la República, fue Vicepresidente del poder ejecutivo. Quien hoy ejerce el cargo de Vicepresidente del poder ejecutivo, fue Presidente del Consejo Nacional Electoral. Quien hoy ejerce el cargo de Canciller de la República, fue Presidente de la Asamblea Nacional.
¿Puede defenderse el carácter institucional en una gestión que ha demostrado consecuentemente que la separación de poderes no es una característica de su sistema de gobierno? A menos que en la reforma constitucional se indique explícitamente que la separación de poderes deja de ser una característica de este nuevo sistema, toda vez que puede ser endilgada a un sistema liberal-burgués.
¿Podemos afirmar en Venezuela que ningún hombre está por encima de la Ley? Es mejor asumir que no es éste tampoco un rasgo de este sistema político en construcción. Nuestro Presidente sí lo está. Más botones: lo está cada vez que habla del erario público como si fuese su cuenta bancaria personal; lo está cuando demanda de nuestra FFAA la afirmación irrestricta, a todo pulmón, del mismo eslogan que impulsa la gestación de un partido socialista unido y único: patria, socialismo o muerte. Lo está cuando cualquier resistencia a sus mandatos te sumerge de inmediato en la mácula de ser por defecto: contrarrevolucionario, pro imperialista, golpista, etc. Lo está cuando lejos de entenderse como nuestro servidor, se asume como nuestro patrón.
No es congruente defenderse tras el argumento de las leyes ¡Carajo no! Eso es cinismo.

Te tiento con verbo, te callo con ley

Prefiero a quien se goza esta coyuntura recapitulando todos los desaciertos de la línea editorial del canal de Bárcenas. Con esos sí me siento tranquila, porque hay consistencia en su exposición. La exposición del vencedor, del que tiene poder, del que por fin le cobra a otro lo que supone se le debía. Es un juego de poderes, en el que el 4to. poder no puede estar por encima del fin último: la revolución.
La movilización a favor RCTV no tiene que ver con los contenidos del canal, con su calidad o la contribución que haya hecho al imaginario colectivo de los venezolanos. Es ridículo sujetarse a este plano. Antes bien responde al ejercicio necesario de una oposición que no tiene vertederos -partidos políticos- con los cuales ejercer presión, expresar su desacuerdo ante decisiones del mandato presidencial. Ojo que digo del mandato presidencial que no del Estado. El asunto dejó de ser competencia del Estado en el mismo momento que el Presidente, atacando con asertividad las emociones, transformó la decisión en un asunto personal, al afirmar con la vehemencia que lo caracteriza que era su providencia no renovar la concesión y gustase a quien gustase, se ejecutaba y se acabó.
Es la nuestra una oposición reactiva, huérfana, hija directa de tantos años de discurso anti político, que terminó cobrando su factura en la ilegitimidad de hacer de la cosa pública una carrera, un norte y una responsabilidad generacional. Y reaccionamos de igual forma, salvo que, a favor del Presidente, a él le ampara en la afrenta un marco jurídico que ciertamente corresponde al Estado venezolano. He ahí la trampa. Te tiento con verbo y te callo con ley. El Estado soy yo.

Que sí y que no

No es la calidad el argumento de la no renovación de la concesión, porque de ser cierto, además de las complejidades metodológicas para evaluar el gusto –la estética como elección- podríamos especular el cierre de todos los canales nacionales. La calidad de la televisión entró en miseria hace rato, desde el mismo momento que a nuestros creativos productores se les ocurrió que el imperio de la chabacanería, era lo que realmente divertía al pueblo.
Tampoco lo es el ejercicio legal porque a estas alturas del partido es complicado hasta para el más ingenuo separar: el Estado, del Gobierno, de la FFAA, éstas de la revolución y de colofón, separar todas estas entidades y/o entelequias, del Presidente y sus decisiones. ¿No ha hecho el Presidente sus mejores esfuerzos verbales y ejecutivos para convencernos de que él es el arquitecto de la matriz, el alfa y el omega, que lo es todo porque él es el pueblo y viceversa? ¿No son muchos los venezolanos que ante su palabra solo aplauden sin el menor ejercicio crítico porque él es el que es?